lunes, 27 de marzo de 2017

Sueño de Marie-Antoinette, Reina de Francia






Durante el tórrido mediodía del martes quince de julio de 1783 en el Palacio de Versalles, mientras estaba sumida en su siesta, Marie-Antoinette Reina de Francia, tuvo un sueño. Soñó que se encontraba en las entrañas del inmenso palacio y avanzaba por un pasadizo secreto que se estrechaba más y más hasta aprisionar su cuerpo con una resina pegajosa. Cuando le sobrevino el ahogo, repentinamente se encontró en una salita octogonal que le era familiar. Como de costumbre levantó la cortina de seda y avanzó por el pasillo. Pero quedó paralizada: el pasillo terminaba en el negro abrazo atrapante de un insondable acantilado. Volvió a la salita donde encontró otros seis pasillos. Descubrió que uno a uno la conducían hasta aquel temible lugar. Obstinada, resolvió seguir por el último que aún no había recorrido. Y desembocó en una gigantesca galería con espejos que iban desde el piso hasta el techo. De pronto, la superficie espejada fue atravesada por una procesión de doradas estatuas femeninas en tamaño natural que avanzaba hacia ella. Cada estatua portaba un alto candelabro con velas encendidas que se multiplicaban al infinito al reflejarse sobre los cristales. Intentó reponerse concentrando su mirada en un espejito de mano, pero solamente vio borrosas imágenes.
Sólo yo puedo saber cómo salir de aquí —se dijo Maríe-Antoinette— pero no lo recuerdo.
Se había sentado sobre un escalón de mármol. Al rato se aburrió. Estaba inquieta. El día anterior había discutido con su amiga íntima, Gabrielle de Polignac, porque se le había ocurrido decirle:
—Supongamos que somos príncipes y princesas.
Gabrielle, a quien le gustaba la precisión, arguyó que tal cosa era imposible porque ellas no eran más que dos. Finalmente Antoinette se había visto obligada a decir:
—Bueno, entonces tú puedes ser uno y yo seré todos los demás.
Levantándose con firmeza, apartó sus recuerdos. Se plantó ante uno de los grandes espejos para corregir el lunar junto a su boca e intensificar el colorete en sus mejillas. Pero en el mismo momento en que el cristal se empañaba y una nube de niebla la envolvía, pasó a su lado un Conejo Blanco que vestía librea roja adornada con galones azules. Iba tan presuroso que se le cayó el par de guantes blancos que llevaba en la mano.
—Un paje de la Casa de “Monsieur”, mi cuñado —pensó Antoinette.
—¡No me detengas! —exclamó el Conejo ante un gesto de ella— eres una niña tonta y te cortarán la cabeza.
—¡Que el jurado considere su veredicto! —ordenó un hombrecito con la cara parecida a la de un ratón aun cuando revelara cierto aire aristocrático. Se destacaba su vestimenta: chaqueta de nanquín rayado verde claro, una enorme cravate plisada, calzas blancas y zapatos de hebilla de plata. Le llamaban el Incorruptible.
—¡No, no! La sentencia primero, el veredicto después —gritó una mujer desdentada parecida a una Furia que tejía y tejía con lana roja como sangre.
—¡Absurdo y sin sentido! ¡Esa idea de tener primero la sentencia...! —dijo Antoinette en voz alta.
—¡Contén tu lengua! —bramó la Furia poniéndose púrpura sin dejar de tejer.
—¡No quiero! —replicó Antoinette.
—¡Que le corten la cabeza! —gritó a más no poder la mujer enrojecida de furia. Y siguió tejiendo aprisa sus lanas rojo sangre.
Nadie se movió.
Mirándolos atentamente, Antoinette preguntó en tono socarrón: —¿Quién les teme? —y afirmó— ¡No son otra cosa que las imágenes de un libro!
Al instante elevándose por los aires el libro se deshojó. Cientos y cientos de hojas caían y caían y flotaban a su alrededor. Por miedo a quedar sepultada bajo la montaña de papel,  lanzó un gritito y súbitamente, dándose un golpe en el trasero, se encontró sentada sobre el piso de su alcoba. Una hoja, una sola hoja del libro se agitaba ante su rostro. Detrás, asomó el azul acerado de los hermosos ojos que tan bien conocía.
¡Siempre te he llevado en mi corazón! ¡El más amado de los hombres! —exclamó con un suspiro.
Él no le respondió; no entendió o tal vez quedó petrificado por la emoción y el olor a primavera del vaporoso vestido de muselina blanca. El silencio puro de la armónica salita octogonal, donde fluía la energía, multiplicó el murmullo de la muselina cayendo. Lo blanco cayendo suavemente sobre la madera taraceada. Ella, la Reina de Francia, acababa de revelarle al bello conde sueco Axel de Fersen el último secreto guardado: su desnudez.
Allí, en la méridienne.
Sobre la méridienne. ¹


Entre ramitas de rosal y corazones traspasados por flechas, la luz de las velas de la gran lámpara de cristales reverberaba en los espejos, los que al develar el perfil de aquellos cuerpos bellísimos, unificados, inseparables, balbuceaban:

 ... se codician, se presienten, se fascinan... ²  

      Y los cuerpos devinieron magníficos al entregarse al juego de reflejos y sonidos. Jadeo de vocales: vocales del amor entre el suave frufrú de la seda, del cobertor, de los almohadones. .. Crujido de maderas.
      El espejo central y los laterales ya copian la danza en espiral de los cuerpos: el pelo de ella—el rostro de él—-el pelo de él—el rostro de ella...  Las sombras se duplican. Sus siluetas se multiplican. Y las sombras, las siluetas, los reflejos que los rodean imitándolos ...

... se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen... ²    

Finalmente, el conde Fersen la nombra: vän, syster, hustru, kärlek  [amiga, hermana, esposa, amor].
Anochece en Palacio. En la penumbra de la méridienne se entreabre cierta corola de ascuas. Y en el ardor del verano el rocío fecunda a la Rosa de Versalles.


      Marie-Antoinette se despierta. Sobrepasada la hora de la siesta ve a Madame Campan dormitando todavía en la silla con el libro abierto sobre el regazo. La Reina de Francia se lleva la mano al vientre, tiembla. Está sola en su lecho, a medio vestir.
      La música del reloj le indica que faltan tres horas aún para la cita con el conde Fersen, el héroe de Yorkstown recién llegado de la guerra por la independencia de los estados americanos.

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¹ Méridienne: se refiere al Gabinete de la Meridiana, saloncito octogonal que debe su nombre al descanso que tomaba allí la reina al mediodía. Además, alude a la otomana rodeada por espejos y cortinados ubicada en el aposento.

² Poema 12  de Oliverio Girondo, poeta argentino (1891-1967). Del libro “Espantapájaros (al alcance de todos)”, Buenos Aires, Losada, 1997.

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CRISTINA BERBARI – Segunda versión del relato publicado en el libro “Las abejas de Venus”  (Dunken, Buenos Aires, Argentina. 
© 2014 Cristina Berbari. ISBN 978-987-02-7395-0.




sábado, 18 de marzo de 2017

Navegando a contracorriente...

Piero De Vicari  en "Poemanía", San Nicolás de los Arroyos, Provincia de Buenos Aires , publicó el siguiente trabajo de Cristina Berbari

Navegando a contracorriente...



























¡Ah, la poesía! La indefinible, la indefinida. La que no se enseña en colegios ni en universidades, ni se muestra “en los estrados de marfil”. La que se hace en libertad porque no estamos coaccionados a ejercerla. La que se hace con amor como concebir un hijo, con dolor como parir un hijo. La que se amasa de trozos de vida, porque el poema “es el resto o residuo” de hechos vividos, íntima, intensamente vívidos.
¡Ah, la poesía! Semejante al momento de morir, porque como acto intransferible debemos sortearlo irremisiblemente solos.
¡Ah, poesía! Esa misteriosa mezcla de relámpago y sudor.
No puedo hablar de lo que sucederá con la poesía en el futuro, sólo puedo referirme al aquí y al ahora.
Ante el tiempo de globalización que nos toca vivir, a medida que el hombre va perdiendo el sentido de nacionalidad, de regionalismo y como consecuencia se lo arrastra poco a poco a perder la propia identidad, me atrevería a decir que, para la mayoría del público, la poesía no sirve.
En una sociedad donde los valores se degradan día a día; donde la vida e incluso la muerte de los seres se convierte en show mediático; en este mundo de autómatas ( lo que supera a la terrible sociedad de masas), no peco de escéptica al afirmar: la poesía no sirve. (¡Ay Lautréamont! ¿la poesía debe ser hecha por todos?)
Tal vez mi “visión del tercer milenio” se presenta como apocalíptica. En un poema digo: Se ha quebrado la esfera de cristal.// Bajo la luz solar / Amor descubre / serpientes tibias y hombres / de piedra y musgo.
Porque enfrentamos una época en la que el hombre no sólo va perdiendo la calidad y la cualidad de la lengua, convirtiéndola en mero balbuceo desintegrado, degradado, sino lo que alarma es que el corazón del hombre actual se petrifica. Entonces ¿sirve la poesía?
Qué lejos estamos de aquellos tiempos en la antigua China, cuando los magistrados para acceder a su cargo debían ser poetas...
Sin embargo, creo que la poesía, —y es el poeta el que comanda el timón— sigue navegando a contracorriente, avanza por su camino en las catacumbas, se acurruca sobre la mesa de un bar y, en voz baja, casi al oído, nos habla del ser original.
Si recorremos a vuelo de pájaro la historia de la humanidad notamos que en los tiempos de miseria se alza con más potencia la voz del poeta.
Hölderlin preguntaba en una de sus elegías: Y ¿para qué poetas en tiempos aciagos? —para responder— Pero son. dices tú, como los sacerdotes sagrados del Dios del vino / que erraban de tierra en tierra, en la noche sagrada.
Y afirma Heidegger, en su estudio acerca de la obra del poeta alemán, que sobre todo en épocas de penuria es función del poeta mantenerse en pie en la nada de esa noche.
No olvidemos que durante la Gran Guerra se eleva la voz viva del soldado italiano Giuseppe Ungaretti, desde las trincheras, en el frente del Carso. O esos poemas, casi como últimos suspiros, enviados a su editor desde un hospital en Cracovia por el joven de 27 años, un atormentado Georg Track.
Más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, el gran poeta francés René Char escribe en el maquis, en plena resistencia contra la ocupación nazi, su diario “Hojas de Hipnos” donde poesía y verdad son sinónimos.
Y la transparencia fulgurante de la palabra de Paul Eluard alumbra con su poema “Libertad”.
Desde la cárcel canta Miguel Hernández, y Robert Desnos dice en silencio su amor desde un campo de concentración, y tantos, tantos otros poetas.
En este milenio ha cambiado el paradigma. Ahora “el fantasma” está dentro de casa, conviviendo con nosotros hora tras hora, asomándose desde un televisor, una radio, un video, una computadora. Instrumentos preciosos, sí, pero manejados en ciertos casos por mentes inescrupulosas, desde donde se agrede al ser humano y la poesía no existe.
Ya en 1962, en el ensayo “Poesía y sociedad”, el crítico francés Georges Mounin analiza esta crisis. Mediante la relación de la poesía con el público, la escuela, los editores y las técnicas de propaganda de masas, examina la responsabilidad que le atañe a poetas y críticos, a la política y a la historia. Y concluye: “no hay varita mágica capaz de resolver esta crisis. ¿Qué hacer?. La poesía es valor y no ilusión de valor... la poesía es indispensable... En este momento desfavorable nos queda saber qué se hace cuando se le es fiel: se es la gota de agua de una corriente casi ignorada, casi subterránea, cuyo destino es volver a surgir a plena luz en otro siglo.”
Pero ¿quién puede afirmar lo que sucederá mañana?
Tal vez sólo se trata de “la dicha de escribir” el poema. Pero hoy siento como imperiosa necesidad ser esa gota de agua, aunque desconocida, inadvertida, anónima.
En esta hora cuando tambalea el planeta, tambalea la humanidad y por consiguiente el lenguaje, quiero hacer mías las palabras del poeta catalán Miguel Martí i Pol cuando dice que la poesía sirve “para recuperar el gusto por el silencio en un mundo desquiciado y ruidoso, para sentir el gusto por la palabra en un mundo terriblemente mediatizado; para restituir el gusto por la intimidad en un mundo incierto; y para reafirmar el gusto por la libre reflexión en un mundo de pensamiento único.”
Así sea.


lunes, 3 de agosto de 2015

Tamaño Oficio 29 - Homenaje a Lucila Févola




PRESENTACIÓN
TAMAÑO OFICIO    Revista de Literatura  Año 29 Nro. 38, Buenos Aires, 2014

Revista Homenaje a Lucila Févola




Palabras de María Adela Renard

Número especialísimo, este que presentamos. Condensa dos legados: la revista en sí concebida como fruto de lo que se hace y la fundante palabra de Lucila, diversificada en poesía, ensayo, teatro. En cuanto a lo primero, esto es, el fruto de lo que se hace la edición ha sido idea de sus discípulos, que la honran con sus nombres propios y con sus creaciones literarias. Vuelven a poner de manifiesto la fecundidad del legado recibido, esta vez mediante aportes que perfilan los múltiples y diversos valores –concretos-  que caracterizan la trayectoria importante, dinámica y enérgica. Cabe destacar en ella una vocación asumida como fundamental objetivo de vida, desarrollada estoicamente durante las últimas décadas del siglo pasado hasta su partida el 22 de mayo de 2013.
La solidez ética, reconocida y –ponderada- altura intelectual sellaron su travesía de vida y la ubican sin duda alguna entre los escritores argentinos de primer nivel. Lejos, y ajena –claro está- de promociones e intereses creados. Eficiencia, rigor para consigo misma, respeto y capacidad de admiración son cualidades constituyentes de su personalidad. Así como la creación y la enseñanza fueron en Lucila Févola fervores irrenunciables, siempre sobre un trasfondo de reflexiones o cuestionamientos.
En efecto, el Consejo de Redacción recuerda en Homenaje, breve texto de introducción, algo expresado por Lucila al festejarse el décimo aniversario de Tamaño Oficio, revista que “nunca fue un fin en sí mismo, un objetivo, sino un medio. Un medio más para aprender, para practicar ese aprendizaje, un medio más para hacer. Tampoco fue un proyecto a largo plazo. (…) No nos proyectamos al futuro. Hoy es hoy y aquí estamos…”
El Consejo de Redacción resalta “la obstinada alegría y la correspondiente responsabilidad de seguir inspirados por su hacer, y cuidar que éste pueda seguir construyendo.”
Dejamos a los presentes la lectura de la Selección de textos de Lucila Févola, hecha con acertado criterio por Carlos Vanadía. Reencontrarán en ella o descubrirán, según sea el caso, valores genuinos de esta obra impar, vanguardista y de notable originalidad. Los elegidos son: “Arte Poética”, “Parpadeo”, “Mujer que desova” y “Tango de Ginger”.

Recorriendo el material especialmente preparado por los discípulos-colaboradores, responsables de esta realidad nueva, rara avis en nuestro medio, decido remitirme a su aspecto testimonial. Compondré entonces un collage de conceptos que configuran el perfil espiritual e intelectual de Lucila. Cada uno de ustedes, revista en mano, podrá conocer en totalidad.


En “Oscura entre las aguas”, Osvaldo Spoltore expone sobre la poética de Lucila Févola. La define “honda y luminosa. Nacida de la voluntad de abismarse en el misterio, a la espera del fulgor, cediendo el ego para que aparezcan las formas nuevas. Poesía erguida para cumplir un destino, en el decir de su muy admirado poeta, Horacio Castillo: poesía necesaria para que se revele el ser.” Spoltore la observa “siempre en vela, siempre alerta, de día, de noche, de año en año” (…) presa “de exigencia extraordinaria que la sumía en una contemplación permanente del universo, como campo sagrado donde hundir indagaciones científicas, metafísicas y místicas, las cuales se esforzó (…) no de comunicarlas a manera de simples informes, sino de recrearlas en sus textos que hacen lo que dicen, según la pauta de Huidobro: “Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!/ Hacedla florecer en el poema” (Arte Poética, Vicente Huidobro).
Spoltore recuerda palabras de la autora referidas a indagaciones sobre meta-poesía, a la busca de “la pregunta que somos”. Lucila afirma “Porque la meta está al principio. Por ello, en el Tiempo todo está vuelto hacia atrás, no hacia el comienzo sino hacia el origen. Los textos de ficción son una confirmación más. Argumentos explícitos, implícitos: el lector hondo llega más allá del argumento. Procura la unidad de todo texto, de todo libro, esa unidad que, por supuesto, excede lo temático. Leer es ser leído.”
Spoltore vincula, hacia el final de su artículo, este hacer con la pregunta que somos en unidad sujeto-objeto planteada con respuesta desde el origen que remite al silencio “Inmenso, lo que calla”, asumido por Lucila, quien –dice- refulge entre “amor,/terror,/furor/ en una vida dedicada a comulgar con la luz y la oscuridad, en su servicio pleno para revelar y ser la anunciación.”


Lila Pérez Ferretti traza “Cartografías del texto literario” tomando como acápite lo siguiente:”Por mi parte creo haberles dejado impresa una angustia irrenunciable, la de la auto-exigencia; también la convicción de que el poema jamás será hallazgo, sino sólo una búsqueda, pues por humana paradoja, el artista que crea que halló, se convertirá instantáneamente en un ser finito.” (Lucila Févola)
Considera a Lucila maestra en el arte de la transmisión oral de su pensamiento literario, original propuesta presente en textos escritos y publicados en Tamaño Oficio durante más de treinta años. Cita, entre otros, los siguientes: “Pasión y muerte de S. Leguizamón. Vida y Resurrección del pueblo”, “La metáfora como reflexión”, “Emilio Zolezzi hacedor”, “Escritor y cultura”, “Héctor Tizón: La literatura como exorcismo”, “Violencia de la Poesía”, “Apertura de lo Real en el cuento”.
La exégesis de Lila Pérez Ferretti  hilvana con detenimiento y claridad conceptos que argumentan la teoría literaria y metafísica de la autora, articulándola en tres sectores: De la experiencia de lo real, Del vacío creador y Más allá de la realidad posible, precedidos por una introducción. Fundamenta la elección de los textos incluidos desde su propósito de mostrar tanto el pensamiento como el estilo del trabajo de Lucila. Reivindica la afirmación vertida cuando presentó Hágase (último libro publicado): “su escritura nos convoca como lectores imperativamente . hágase, mandato, orden, imperio de la palabra, , en su esencia de acción; pero también, orden de cumplimiento, poder de la palabra creadora, poder de la palabra, fecunda y fecundante.”. Concluye advirtiendo  que Lucila “señala, en cada vuelta de la espiral dialéctica de su reflexión, que nunca pasamos por el mismo punto de indagación sin una diferencia de perspectiva, sin una diferencia de la marca que nos deja el recorrido. Insistente intensidad, intensa insistencia  que nos lee y nos interpela en su dimensión ética.”


Julio Aranda comienza destacando la originalidad  al abordar “Intertextualidad en la obra de Lucila Févola”, puesto que tal recurso define su creación. Los textos de autores muy específicos que ella toma como referentes (ya  sea para inspiración, epígrafes, por ejemplo) dialogan, interactúan o bien enfrentan su propio pensamiento. Lo suyo es una búsqueda de integración total a través de escrituras disímiles que amalgaman poesía, ciencia, religión, filosofía, historia y teatro con su propia visión  de un universo integrado, dice Aranda.
Más adelante puntualiza algunos aspectos que llama vertebrales en esta escritura: cumplimiento de un destino contra todo tiempo, espacio o “distracción” que arquetipos sociales y culturales imponen sobre nuestras conductas; aceptar lo que es, aún no comprendiéndolo racionalmente, aspecto que remite a lo sagrado y a una integración total con todos los elementos que nos componen e interactúan siempre sobre nosotros: la premisa de no ubicar las preguntas fuera de nosotros ya que las respuestas están en nuestro interior. Somos el todo y la parte, agua y fuego, camino y pie, todo a un mismo tiempo (definido este como simultáneo).
En suma, Aranda hace presente que la obra de Lucila Févola es fundacional, más allá de no haber sido reconocida cabalmente por la crítica, no haberse advertido en esta propuesta “un compendio de voces; un canto coral que alerta sobre la escritura y su toma de conciencia, nos obliga a no dar nada por sentado en esta búsqueda infinita dentro de nosotros. Concluye: “Rescatar su palabra es encontrar los hilos de la rica y compleja historia que nos forma como lectores, junto a todos los nombres precedidos y más allá de toda muerte. Un eterno regreso. Un “escribir escribiéndose”, como Lucila asegura.


Elena Cohen Imach y Juan Pablo Salinas tuvieron a cargo la entrevista a Alejandrina Devescovi, amiga entrañable de Lucila Févola. Alejandrina fue durante tres décadas, directora de la Editorial Botella al Mar además de artista plástica. Fue elegida con el fin de obtener una imagen desde una visión diferente, lo cual queda cumplido a través de sus respuestas. Ambas frecuentaban instituciones como la Sociedad Argentina de Escritores, Gente de Letras, Fundación El Libro, además de tener contactos con revistas especializadas. Alejandrina rescata el ejercicio del talento unido al de la ética en todos los ámbitos a que perteneció, la ruptura con el lenguaje tradicional de la poesía, personalidad muy firme, rigor ante el trabajo sin pausas ni concesiones, soledad y entereza frente al sufrimiento, sobre todo luego de la muerte de José Bravo.


En la sección Libros (1), Lina Caffarello comenta Vela desvela, poesía Febra, Buenos Aires, 2003. “Los textos –dice- abarcan una red no exenta de cierta dimensión de interioridad”, que hacen palpable una de las convicciones enunciadas a menudo por Lucila: “Ser libres es estar permanentemente abiertos, a salvo de nuestras propias trampas, de nuestros miedos inmovilizadores, ya que el universo es un fluir constante y cambiante.” Entre otros conceptos de su minucioso análisis Caffarello  menciona la presencia del “movimiento que mueve, la dinámica que a modo de usina aporta más creación a la creación”,  apuntando a la permanente integración del universo todo. Más adelante y en relación con Roberto Juarroz, hace presente la meditación y “la asistencia al universo creando realidad” y propiciando mayor calidad de conciencia. Finalmente, destaca la intensidad e intelectualidad de la poeta, su dialéctica heurística y subyacente profundidad.


Amelia Lapeyriere reseña Oscuro entre las aguas, poesía, Febra Editores, Buenos Aires, 2002. Subraya la brecha abierta por Lucila, siempre dirigida hacia el diálogo con sus textos, advirtiendo que estamos ante un libro de señales. Búsqueda alerte e incesante, indagación permanente que parte de la fe en la existencia. Repara en las huellas testimoniales de su mundo vivido y sentido: creación, acción, sueños y en la devoción profesada hacia la escritura que la consume y se prolonga en otros. Se detiene en el poema “Esta red, este anillo”:
“Madre,/ seres míos, oscuros, luminosos, quiero cruzar. Ayúdenme de nuevo. Maestros de esta vida, desde la muerte, ayúdenme.// La tierra nos reunió. También el sur, tejido en el naufragio. Aquí todo se cumple. Y yo dejo palabras que me tejen.”


Pasando a la sección Libros (2), en primer término Héctor Miguel Ängeli deja agudas impresiones acerca de Lechuza de campanario, poesía, Botella al Mar, Buenos Aires, 1995. Lo describe como “extraño, un libro con clima, con sostenido clima” y “con un peso específico muy singular.” Confiesa que su lectura y relectura lo envolvieron en una ceremonia, que se afianza –dice- “cuando Lucila llega al tango.” Libro rico en ritmos y contra-ritmos, repeticiones, juego de palabras y juegos expresivos “donde las ironías –afirma- rozan el sarcasmo. La autora se muestra “apasionada y distante”, como la gran figura de una misteriosa celebración.


Cristina Berbari titula Modus vivendi: “Esa inmensa piedad” al comentario del libro de poesía publicado en Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, 2009. Nombre acertado, afirma, por cuanto la expresión Modus vivendi significa modo de vivir, e implica además “un arreglo, ajuste o transacción entre dos partes”, pacto que remite a una cita de Roberto Juarroz. “Se trata de la superación de esas divisiones del ego, del simple subjetivismo, no como cálculo más o menos idealista, sino como experiencia.”
Berbari puntualiza el cuestionamiento de la autora. “No nací para el vuelo”, advirtiéndonos que no resigna el vivir  pero se propone reconocerse en el otro para desconocerse. Cita a Lucila, “Nací para ese salto, relámpago, fuego, fulgor que todo lo contiene.” Salto con sentido de experiencia, pasar del adormecimiento del yo a un despertar en el amanecer de la acción. La poeta nos invita  a dar ese “salto”.
Considera que Modus vivendi es un libro integrador, puesto que coincide con Horacio en la Unidad del Arte.
Como en el caso de las reseñas anteriores citadas, resulta imposible detallar aquí la riqueza del detalle que la exégesis de Cristina Berbari consigna al demostrar la vida en plenitud engarzada en la palabra de Lucila.


Por último, en “Un texto no es un gato y viceversa”, José Bravo prologa con la maestría que lo caracterizaba, gato entre habitaciones, cuentos, publicado en Febra Ediciones, Buenos Aires, 2004. Se va deteniendo en el “aparente, mínimo argumento” de la obra en la que “una escritora decide escribir un cuento”. Reitera el pedido de atención al lector hacia “el tema que se impone, el desarrollo de su propia estructura, que aparece ya armada.” Bravo advierte el movimiento de “escribir-desescribir” como el de “escribirse-desescribirse”. Subraya que “un cuento tiene ‘su realidad’, pues lo que llamamos ‘la realidad’ admite la ficción”, y que texto remite a tejido, textura.
Muestra la interactuación de significaciones, música, símbolos, juegos de palabras, imagen, teoría del cuento y presunción del Universo, sosteniendo, tramando y probando “el paralelismo de los fenómenos literarios con los más patéticos aspectos de la vida”, su pertenencia al tiempo, lo cual constituye el aspecto más audaz del pensamiento desarrollado en este libro.


Conclusión: número especialísimo el presentado, que ponemos encarecida- mente a vuestra disposición. Honra a Lucila Févola, a su aporte impar a nuestras letras y cada discípulo se honra a sí mismo como hacedor.
Reciban todos y cada uno mis más cálidas y sinceras felicitaciones.


                              María Adela Renard


Buenos Aires, 11 de noviembre de 2014




sábado, 19 de julio de 2014

Nota sobre las Abejas de Venus en el diario El Eco de Tandil

Edición impresa del diario "EL Eco de Tandil" del sábado 19 de julio de 2014




19.07.2014 | Interés GeneralVOLVER

“Las abejas de Venus” recibió elogiosa crítica 

y comentarios

“Las abejas de Venus” Relatos y poemas de Cristina Berbari y Marta Rotonda 
editado este año por Dunken ha sido muy bien comentada y recibida por la crítica 
y los lectores.
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En esta oportunidad, transcribimos los comentarios de Kelly Gavinoser: “Sin ninguna duda, en “Las abejas de Venus” Cristina Berbari ha ficcionalizado -en predominante prosa y en breves versos- con la exquisitez de sus ardorosas imágenes en acción (imaginación) y su suntuosidad léxico-estética, personas/personajes que asentaron sus reales en escalones “altos” que podríamos llamar de la prosapia histórica que abarca ilustrísimos “nobles”, ilustrísimas “plumas” y  fabulosas “no personas” como Venus y su engendro mítico-simbólico Cupido. También, sin ninguna duda, Marta Rotonda, muy especial y espacial meta-poeta, nada menos que en totales versos, ha rezumado cada relato con tal poeticidad, que nos ha colocado (a nosotros, desprevenidos lectores) en el tiempo ritmo dominante in situ, muchas, pero muchas veces.
Desfilan espacios y tiempos distantes, muy distantes de estos nuestros hoy aquí y hay un leit motiv, un eje tan eterno como lo humano, mejor decir, como lo que se llama vida, pero vida humana, y el “leit motiv”es el amor (¿sinónimo de “vida”?) pero amor mundano en todas sus formas y sentidos. ¿Herencia del mitológico, manifiesto en su símbolo mítico Cupido?
Desarrollo discursivo-narrativo-descriptivo-poético en la escritura de Cristina.
Concisión, (a manera de) guion estético-rítmico, síntesis temática argumental expresiva, ceñida y libre, atada y desatada en las réplicas poéticas de Marta.
Lo supuestamente discursivo, biográfico-íntimo-intimista, se cruza y entrecruza con el discurso lírico. Y este terreno privado -vida de adentros- es propio, muy propio, de intrincados intríngulis acentuados en sociedades “de arriba” cultoras de ocios, amigas y amantes de especiales placeres, causales y/o consecuentes del “spleen” (“esplín”, hoy aquí y así), de des/encantos y des/afectos.
Un libro para curiosos de ayeres, realistas e irreales, sucedidos e imaginarios, pleno de relaciones intertextuales, un juego tras juego en el que una sucesión de hipertertextos -más hipertextos de hipertextos- anuncian ya desde los paratextos título del libro e ilustración de tapa su universo interno y provocan más de un interrogante lector: ¿la mitología es trasposición figurada de lo histórico o lo histórico es apariencia objetiva de lo mitológico?
Tal el planteo ficcional de este discurso narrativo-poético que se llama a sí mismo “Las abejas de Venus”, porque -y pero…- en el decurso/transcurso textual (y así lo formalizan las deliciosas autoras en la tapa), la abeja de Venus es plural”.

lunes, 5 de mayo de 2014

Feria Internacional del libro de Buenos Aires 2014










El libro "Las abejas de Venus", relatos y poemas de Cristina Berbari y Marta Rotonda ya está disponible en el stand 823, Pabellón Verde, de Editorial Dunken.



Las autoras firmarán ejemplares el lunes 12 de mayo de 2014 a las 17:00 horas.








Bajo la atenta mirada de Venus, Cristina Berbari despliega inestimables relatos acerca de los amores de ciertos personajes históricos, expresándose a través de estructuras asombrosas y diversas, estrechamente ligadas a lo que cada historia manifiesta en sí misma. “Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal”, puntualizó Nietzsche, y los textos aquí reunidos así lo demuestran.

Marta Rotonda, con franca agudeza, secunda estos relatos desde la lírica: Loco como el loco amor enamorado, dice en un poema. O bien, hasta el día de su final en el cadalso, escribe…/ y escribe cartas  a su amado en su destino incierto, señala en otro. Se atreve a confrontar: Si esclavo del amor, / hallaste  gozo / en  tu propia esclavitud… Y más allá sostiene: Reclamos del inconsciente en la espuma del sueño.

Lo cierto es que en este libro el amor va transitando, sin tapujos, a lo largo de distintas manifestaciones y protagonistas. Se revelan amores incestuosos, amores desesperados, amores que suceden a otro amor… Se perfila el amor intrépido, el amor lésbico, el amor homosexual, el amor platónico, el amor fiel, el amor egocéntrico, el amor que diviniza, el amor traicionero, el amor incondicional… Y, por supuesto, no falta el amor con desamor.

Indudablemente los textos que conforman este libro, LAS ABEJAS DE VENUS,  expuestos de una manera inteligente, exhaustiva e integradora por Cristina Berbari y Marta Rotonda, nos llevarán a meditar acerca de las realidades del amor, con sus  controversias y sus intensidades, pues tal como afirmara Alfred de Vigny, “El amor es una fuente inagotable de reflexiones: profundas como la eternidad, altas como el cielo y grandiosas  como el universo.”  

                                        Lina Caffarello                                                                            



lunes, 31 de marzo de 2014

Fuegos en fuga - Reseñas

Tamaño Oficio Nº 37

Tamaño Oficio - Revista de literatura
Año 28 Nº 37, Buenos Aires, noviembre de 2013, página 43
  

FUEGOS EN FUGA

Por Cristina Berbari, Lina Caffarello, Mirta Cevasco, Marta Rotonda, Antología poética, Editorial Dunken, Buenos Aires, 2013

“Fuegos en fuga”, como dice Manuel Ruano: “...guarda en su interior la vertiente de cuatro voces femeninas de la poesía argentina...”.

Pero lo interesante de la antología, no es la condición de género de las participantes, sino que cumple de un modo preciso y sutil con el deber de toda poesía: es esencialmente vital.

El poema “El espejo”, advierte en la voz de Cristina Berbari: No te detengas. / No dsnudes tu frente de pájaros azules / en la mentira del espejo. No quieras estar ante una puerta / abierta hacia la nada.

En su conjunto, el libro contiene poemas con una bella música, cuidados ritmos y variadas e interesantes estructuras, entre las que se destaca la poesía en prosa de Cristina Berbari.

Inteligentes y apasionados tejidos en red componen la obra, que fue realizada como dice Lina Caffarello en “No, no hables”: Con dedos de araña, de pianista, / de lengua, dientes, fuego, miel... / escríbelo, / escríbelo.

Cada uno de los poemas alumbra las vivencias, las inquietudes artísticas y las visiones del mundo, de cuatro poéticas profundas, en sus sentidos últimos. Mirta Cevasco, por ejemplo, reflexiona con agudeza en “Conquistador”: Yo he perseverado / los cinco siglos de memorias y de espera. / Aleja ya la hipocresía de la espada de aullidos colorados, / se ha cerrado tu círculo voraz (...)
Las llamas de las cuatro poetas iluminan refinados territorios interiores de sensualidad, misterio, música, magia, ternura y fantasía. Una fuga ardiente que atraviesa el libro, encendiéndolo delicadamente, verso a verso, hacia un todo de luz.

Marta Rotonda se pregunta en su poema “Sumerge en el agua sus cabellos”: ¿De qué fuerza será / mímesis la ola / que acorrala a la costa / y la persigue / y la devora? Y nos señala, desde los fuegos que arden en el interior de cada una, las fugas de esas fuerzas lanzadas en busca de un decir que crea presencias.

Pero, como en toda buena poesía, esas fuerzas deberán retornar, volver al origen.

La paradoja es sólo aparente: “Fuegos en fuga” es, al fin de cuentas, un lugar de reunión e integración. Allí se congregan con rigurosidad, los universos, las palabras creadoras y las experiencias vitales de estas cuatro atrapantes poetas.


                                                                       Juan Pablo Salinas

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Revista “La Avispa”  58  Mar del Plata - página 102


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Realización: “DELAPALABRA” Grupos de Estudio y Creación Literaria
Página WEB: www.delapalabra.com.ar
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Reseñas

FUEGOS EN FUGA
Berbari/ Caffarello/ Cevasco/ Rotonda/
Buenos Aires, Ed. Dunken, 2013

En marzo de 2013, editorial Dunken publica FUEGOS EN FUGA. Cuatro mujeres poetas de distintas ciudades argentinas, se sumergen desde ópticas conceptuales vívidas, en la poesía como una representación acabada del pensamiento.
Cristina Berbari con su visión de la historia, trae antiguos gritos venidos a primer plano, en prosa y poesía. Sobre Camila O’Gorman a quien describe con su apasionado torrente de juventud lanzado contra viejas beatas, intuye la envidia de Rosas por no poder ser él y no el cura, el amante prohibido. En tanto ella siguió camino hacia el mantel tendido del altar, el libro de Ovidio descansa en la falda de alguien que celebra la conversión de Rimbaud y la pianista Schumann contempla a sus siete hijos como si fueran las notas de la escala musical. El amor es el soporte de estas historias dignas de leerse, por ser tratadas con la brevedad de los tiempos alegóricos de la poeta.
Acerca de Lina Caffarello, se podría decir que en sus poemas asoma cierta revancha de su niñez. Adagios y andantes configuran su fantasía de trinos, arpegios y silencios. Habitan historias detrás de cada historia, en tanto flota y sufre la urgencia de aprisionar fantasmas. Seguramente tiene en la poesía, un baúl lleno de gente. Vale la pena levantar la tapa y encontrar sus huellas.
La escritora Mirta Cevasco se nutre de la naturaleza desde un horizonte que abandona la costa hasta el verdín de las rocas. Vibra el cincel en la escultura de sus poesías, se refleja en los trinos digitales de Heredera, en medio de bodas entre el viento y el cielo de vino derramado. Pinta cuadros con sus versos existencialistas mientras los frutos amasan perfumes. Da gusto disfrutar de su lectura, transmiten aire fresco.
Marta Rotonda arranca con Sibelius, en sinfonías donde los instrumentos se oyen a través del poético pentagrama que los toca. Luego como en un museo, ve el esplendor de la belleza en Renoir, quien despereza la luz sobre nenúfares y estanques. Escribe con arte sobre el arte, algo mutante y permanente y desde los silencios, descansa en el milagro de la siesta, como si fuera un sentimiento doblado en cuatro… en el fondo del alma.
No debe perderse este disfrute al leer cada poema.
“FUEGOS EN FUGA” produce placer y ganas de meterse en sus historias unidas por la poiesis, sensible modo de transmitir sensaciones.

Olga Bertinetti

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Alhucema (Granada, España)



ALHUCEMA  Revista Internacional de Teatro y Literatura Nº 29 Julio a diciembre de 2013 Cuarta época, de Granada, España, dirigida por Emilio Ballesteros publicó un fragmento del prólogo del escritor Manuel Ruano que encabeza el libro FUEGOS EN FUGA, (páginas 211 y 212).

  “[...] Esta aventura lírica emprendida por Cristina Berbari, Lina Caffarello, Mirta Cevasco y Marta Rotonda, es el resultado de cuatro experiencias literarias que se involucran en el acontecimiento histórico, la fantasía onírica, los paisajes orientales, y la ritualización del texto. En esta vertiente se introduce la vocación lírica en un diagrama de expectación que va desde el extremo confesional y la pasión amorosa, donde las palabras son entelequias, fosforescencias sagradas para volverse en la escritura fantasmas del ser o trama de luz que se hace estrella o canto brotado del ensueño. Trayectorias diversas, digo, en el terreno de la poesía, donde convergen en un área común: el sortilegio sensual y hasta erótico. Poemas como Eloísa, viuda, de Cristina Berbari (Ya no aquellas tardes,/ el libro de Ovidio olvidado en tu falda mientras/ ardorosamente se cruzaban las miradas amantes) contienen un alto sensualismo, igual que otros poemas de esta autora como “Camille”, poesía en prosa que se destaca en su carácter crítico. Otro rasgo de sensualidad y magia hay en los poemas de Lina Caffarello. Textos que despiertan un ritmo sostenido e interior que comienzan en “Como Andy Warhol” y concluyen con “Rondó de París”, en un tono entre descriptivo y confesional. No obstante resaltan los versos de “Quasi una fantasía”, donde existe una resonancia cuya sensualidad parece convocar al acto amoroso cuando dice: Ven, libérate./ Ya sabes cuál es mi tesitura,/ concéntrate en scherzos y tocatas./ Yo produciré vibratos/ y tú te mecerás con esos tempos. En cuanto a Mirta Cevasco, hay un cauce existencial en sus versos, cuando expresa “En la memoria del sol”: El tiempo de las voces/ recorre abandonos en la noche/ alguien duerme en el andén de Tribunales/ luces duras astillaron la plegaria/ en la memoria del sol, y denota, también, una preocupación histórica un tanto de corte surreal en un poema como “Conquistador” y en otros como “Heredera” o “La tarde del asombro”. Por otra parte, un aire con sinuosidades de corte metafísico y de un temperamento extremadamente lírico asoma en los versos de Marta Rotonda en “Acerca de la sinfonía Nº 1 de Sibelius”: ¿Se despereza el bosque o es que se duerme?/ Alguna viola pinta el malva azul del frío./ Y de nuevo el silencio simulando misterios.”


Índice de la revista: www.revistaalhucema.com :

LIBROS: p. 197
Autores reseñados:
Ricardo Menéndez Salmón, Miladis Hernández Acosta, Julio
Cortázar, Recaredo Veredas, Álvaro García, Juan Ruiz de Torres,
Cristina Berbari, Lina Caffarello, Mirta Cervasco, Marta Rotonda
Autores de las reseñas:
Cristina Consuegra, José Raúl Fraguela, Pedro García Cueto,
F. Morales Lomas, Jesús Riosalido, Manuel Ruano