miércoles, 7 de diciembre de 2011

Presentación del poemario "Modus vivendi" de Lucila Févola

En la foto: Alejandrina Devescovi, directora de la editorial Botella al Mar,
la Prof. Norma Pérez Martín, Lucila Févola y Cristina Berbari


Presentación del poemario MODUS VIVENDI de Lucila Févola en Biblioteca Nacional, Sala Juan L. Ortiz, 4 de noviembre 2009.

Por Cristina Berbari

“ESA INMENSA PIEDAD”: LA PALABRA POÉTICA

La locución latina “Modus Vivendi”, que etimológicamente significa modo de vivir, es el título que con acierto ha dado Lucila Févola a este nuevo poemario que hoy nos convoca, y que desde la cubierta señala una línea de dirección. Digo “con acierto”, porque Modus vivendi implica también un “arreglo, ajuste o transacción entre dos partes.”
El poema que da el nombre al libro, explica este acuerdo mediante una cita de Roberto Juarroz : Se trata de la superación de esas divisiones del ego, del simple subjetivismo, no como cálculo más o menos idealista, sino como experiencia.”
La autora se cuestiona: No nací para el vuelo, pero no se resigna a ese dejarse caer donde se olvida el vivir, donde se olvida el morir, es decir, al mero hecho de que la vida es por la vida. Y por el acuerdo que se propone consigo misma, es decir, reconocerse en lo otro para desconocerse, exclama casi al borde del grito: Nací para ese salto, relámpago, fulgor que todo lo contiene, confirmando la cita de Juarroz.
Salto como experiencia, cambio súbito; pasar del adormecimiento del yo a un despertar en el amanecer de la acción, es decir, a “realizarse por obra de la acción”. Y la poeta nos invita a este “salto”, incluyendo a todos con el uso de la primera personal del plural.

Dice Dámaso Alonso que para encarar la exégesis de la obra poética, es necesario un afortunado salto, una intuición, —y agrega— toda intuición es acto de amor, y constituye la única manera de entrar al recinto. Lo confirma Alfonso Reyes. Y según Octavio Paz: “el goce poético no se da sin vencer ciertas dificultades, análogas a las de la creación.”
Entonces como lectores ¿damos el “salto” verdaderamente, o acaso no logramos más que un acercamiento, una traducción a nuestro propio lenguaje?. Sin embargo la autora espera de nosotros algo más: una toma de conciencia, que nuestro espíritu reconozca sus atributos esenciales, y nos abramos ante el texto para aprehender esa visión del mundo que nos propone (que puede ser distinta a la nuestra). Espera de nosotros un acto de comunicación, de entrega. O, tal vez, ¿un salto de conciencia?

Creo que esta obra, de alto contenido lírico-metafísico, es una clara advertencia sobre el destino de la humanidad en estos “tiempos de penuria”, y, ya que somos palabra, una advertencia sobre el destino de la palabra. La Poesía, que anida en el corazón del lenguaje, es decir, en el corazón humano, en el corazón de Lucila, es “una permanente interrogación sobre la existencia, una exploración del mundo y el intento obstinado de comprenderlo, una manera de reflexionar desde la acción”. Experiencia de escritura viva, de lectura viva, nos da y nos reclama la autora. Por lo tanto, experiencia de vida. Y como nada mejor que predicar con el ejemplo, confluyen en Févola el íntegro ser humano y la artista proteica, UNIFICANDO vida y obra.

“Modus vivendi”, libro integrador por excelencia, —El mundo, el texto, dice un verso de “A libro abierto”— tal vez el mejor poemario de su obra, confirma, como lo quería Horacio en su Ars poetica, la Unidad en el arte. Si una palabra bastara para definirlo, sería: UNIDAD. Unidad como experimentación y como experiencia, tanto en el fundamento y el fondo como en la originalidad de las formas, enlazando todo el poemario como una gran red o bien como un tapiz que “Luz-hila” teje y desteje en la oscilante paradoja de trama y urdimbre.
Desde el arte de tapa —representado por el acrílico “Antares” (nombre de una estrella de la constelación de Escorpión) de la pintora y poeta Hilda Mans— la plástica se UNE a lo literario.
También el vuelo lírico se UNE, al re-unirlas, a diversas disciplinas: filosofía, metafísica, teología, lógica, historia y doctrinas o filosofías orientales.
Y aun más. En versos de su poemario anterior “¡Ah, de la Casa!”, la autora se plantea como propósito el siguiente esquema: contar / teatralizar / poetizar // intercalar / Mirada de Reunir. En “Modus Vivendi” lo lleva a la práctica en su máxima expresión: drama, ensayo, novela, cuento, sermón, oración, se recrean al ser poetizados. Y aquella expresión de deseo se concreta, dando UNIDAD a los géneros literarios y creando otros.

Son varios los asuntos que investiga y profundiza la autora, entre ellos:
• El tiempo, como un presente perpetuo: lo sucesivo simultáneo para ahondar, dice.
• Y la realidad en su apertura más radical. Nunca te duermas de este lado del lenguaje / Nunca te duermas de este lado del mundo, pide la poeta en “Bordes”. ¿Vas a pensar solamente en lo pensable / y desde allí afirmar / y desde allí negar? pregunta su “costado luminoso”.
“Si las puertas de la percepción estuvieran limpias, cada cosa aparecería al hombre como es, infinita”, nos sigue diciendo Blake. Porque la ultimidad radical alude a la comprensión del ser último de las cosas, sin que por ello tal ultimidad esté “más allá de ellas, ni tampoco sea una construcción hipotética carente de raigambre real”. Según Paz “el testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este mundo, el mundo otro que es este mundo.”

Creo que el poema “ESTADOS DE CONCIENCIA” es el nudo del libro y la llave que nos abre al análisis de las dos vertientes que son una constante en toda la obra de Févola: la complementariedad de los opuestos y la búsqueda de la palabra original.
El núcleo del poema nos da este esquema fundamental:
Vibración
Presencia / Ausencia
Vida / Muerte
Universo . . . . . . . . .
Palabra / Silencio
Ahora / Nunca
Siempre

Vibración - Siempre. En la famosa carta dirigida a su traductor polaco, Rilke dice: “la afirmación de la vida y de la muerte, no hacen más que una. (...) La verdadera cara de la vida se extiende sobre los dos dominios, la sangre de la circulación pasa por los dos: no hay Más acá, ni Más allá, sólo la gran Unidad.”
Precisamente en su libro dedicado al poeta praguense, explica Mandrioni: “todas las oscilaciones antitéticas que entretejen constitutivamente nuestro existir se fundan en esta oscilación [metafísica] básica: el ser y el no ser”. Encendido-apagado, memoria-olvido, inhala-exhala, creado-increado, —como enumera Févola— “son posibilidades que oscilan siempre sobre el mismo eje, la identidad del mismo sujeto portador de ambas cualidades opuestas. Pero, — interroga Mandrioni— ¿cuál es la naturaleza de este vibrar fundamental, del par metafísico por excelencia? —y responde—: No se trata de la absorción de uno de los términos de la antítesis en el otro, ni de una imprescindible opción entre uno de ellos (opción que sostenía Kierkegaard), ni de la reconciliación de los dos en un tercero (a la manera del procedimiento dialéctico hegeliano). “El reino total respira por ambas bocas: la de la vida y la de la muerte”, afirmaba Rilke y lo sostiene Févola. Presencia-ausencia, ahora-nunca forman la totalidad del existir. Vibración - Siempre. “La palabra poética por la admisión simultánea reconcilia ambas dimensiones de la existencia, “por eso, a la tensión ontológica del ser y no ser, corresponden en el plano de la poética (...) la unión de la voz que celebra y de la voz que se lamenta”, componiendo la figura total. Ambas se UNEN en la voz de este poemario.
“Tanta lucha para aprender cuando lo único que hay que hacer es recordar” dice un proverbio antiguo desde el mencionado poema “Estados de Conciencia”. Memoria de no ser / y ser / el Uno, revela la poeta. ¡Nada menos que la hipóstasis original!
Según Raúl Gustavo Aguirre: “la poesía quiere volver a ser, como en los tiempos más remotos, un lenguaje original, una voz que surge, sola, del Silencio inicial del universo para decir ella también qué es el hombre, qué puede saber y qué debe hacer”, es decir, responder a las preguntas kantianas.
Según Heidegger la Poesía es “la fundación del ser por la palabra.”
Según los indelebles versos de Févola: Sagrada la palabra en su silencio, / puesta en nosotros como una renovada forma de fundar // Esa inmensa piedad. / Esa inmensa piedad. / Esa inmensa piedad.

En un verso de “A la Oración del pescador”, leemos: (...) palabra capaz de respirar, música de encontrar el agua, agua que es sin ser y vela.
Personalmente siento la poética de Lucila Févola —ella misma, pez en su escritura oceánica— como el poderoso océano con sus fuerzas secretas, que en el canto de cada ola —en cada texto, en cada poema, en cada verso—se crea y se re-crea, renovándose, pero cuyo canto profundo y su silencio es lo que más atrae, aquello que nos lava y nos sustenta: Agua pura. Oficio puro. Acto puro. / Agua viva .

Sabemos que Lucila se inició en el teatro y que el drama encarna en su poética. Shakespeare, Ionesco, Giraudoux, y sus personajes que exhalan tal universalidad que nos sentimos representados: ya, en su ambición, su traición o su culpa; ya, en su incomunicación o su conformismo, ya, en el bellísimo sentimiento del amor. Creo que al rescatarlos “Modus Vivendi” ubica al lector-espectador enfrente de un escenario y en escena, puesto que a la vez se representa y es representado. Experiencia de escritura viva, de lectura viva, reitero.

En “Calla y canta”, último texto del libro, emerge, a la manera del drama griego, el canto del Coro: esa especie de personaje colectivo que, en oposición al diálogo, expresa los sentimientos y los pensamientos generales, revive las reflexiones de la autora y, tal vez, vuelve (o devuelve) más puras las palabras de la tribu ¿no es así, Mallarmé?.
Como lo hicieran Góngora y otros poetas españoles, Févola emplea el “método diseminativo-recolectivo”, o bien la “autointertextualidad”. Palabras, versos, o fragmentos de los veintiún poemas del libro son trasladados al nuevo texto o pieza, en el sentido estricto de pieza teatral, pues se divide en dos actos: el primero de cinco escenas; el segundo, de dos. La suma nos da siete: “integridad”, “totalidad”. Estas voces golpean la memoria del lector al evocar lecturas anteriores y reiteran ideas y obsesiones. A ellas se UNEN las altas voces: Girri, Juarroz, Biagioni, Zolezzi y Kalil Gibran. Mediante el Coro, se logra la UNIDAD de todo el poemario completando el tejido del tapiz.

¡A escena!, llama la autora. Y yo les pregunto ¿se atreven a dar el salto? ¿a destejer y volver a tejer trama y urdimbre? Únanse a esta experiencia de escritura viva mediante una lectura viva... La pieza está por comenzar, por ser representada. Pero al caer el telón la pieza no finaliza y, en un continuo sin fin, en un eterno presente, recomenzará cuando la voz nos llame a todos ¡A escena!. Así acontece el incesante flujo de la vida.

Puro ejercicio de vivir.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Carta a una joven poeta

Carta I

Buenos Aires, 8 de abril de 2005
Querida amiga, joven poeta:

___________________Me interesan tus inquietudes y trataré de responderlas dentro de mis posibilidades, aunque me pregunte como lo hiciera el italiano Palazzeschi: Son forse un poeta?
La literatura epistolar da testimonio del pensamiento de muchos verdaderos poetas, donde, con voz auténtica, ya que se trata de una escritura confidencial, exponen claramente sus ideas. Por ejemplo, la correspondencia de Hölderlin a su amada Diotima, la que Stéphane Mallarmé escribe a sus amigos, colegas y personalidades, y la extraordinaria “Carta del Vidente” que el muchacho de la fría mirada azul, Arthur Rimbaud, envía a su profesor Paul Démeny en 1871, sentando las bases de la poesía moderna. Más cercana a nuestro tiempo, la serie de las diez Cartas que Rainer María Rilke escribe al joven poeta que lo consulta, o las que Dylan Thomas dirige a su amiga Pamela y a su editora Margarita Caetani. Por eso, amiga poeta, te sugiero que estas líneas no te detengan largamente, y acudas a los grandes nombres. Porque, sostengo, la gran aliada del escritor es la lectura.

¿Se puede definir la poesía? Rotundamente, no. Porque es imposible explicar su esencia con palabras; como no se puede explicar qué es el amor, qué es Dios. Pero hay innumerables “apreciaciones” que responden a la pregunta qué es la poesía, y hasta podría afirmar que hay tantas como poetas existen. Y escucho las altas voces: La poesía es la religión natural del hombre / la gloria de la lengua / el poder mágico que consuela de la vida / una aventura hacia lo absoluto / este temblar por nada / un lugar donde todo sucede / un llamado en la noche. La poesía es hacer pensar en lo impensable / es de todas las aguas claras la que menos se demora en los reflejos de sus puentes / un faisán que desaparece en el matorral. Es la alquimia del verbo / la única tarea espiritual / un extraño asunto personal / una evasión de la personalidad. Para otros: un modo de vivir feliz / el camino de la libertad / ¡La Luz! La Luz en una dimensión que nosotros no conocemos todavía. Alguien afirma que, como entelequia, la poesía no existe, al menos no fuera del poema.

Personalmente, me refiero a ella como ser vivo / que nos devora y crea / al mismo tiempo. Y la siento como esa misteriosa mezcla de relámpago y sudor que se manifiesta mediante el poema.
¿Por qué relámpago? Ante cierto destello la mente vibra, el cuerpo tiembla, el oído oye y el labio pronuncia lo inefable. Porque, tal vez, como bellamente lo dice Octavio Paz: los ojos hablan, las palabras miran, las miradas piensan. Tal vez, por ese desajuste de todos los sentidos del que habla Rimbaud.

Destello. Vislumbre apenas. Señal. Parpadeo de lo absoluto. “Algo”, que no es mágico ya que surge de nosotros mismos, se nos da, se nos entrega. Instantánea, en un cerrar y abrir de ojos, la voz se repliega sobre si. Atraparse atrapando estos destellos es la tarea del poeta. Y es esencial la humildad y la inocencia del niño ante el asombro, es decir, ante la palabra nueva: la que nos elige / la elegida, la recién llegada.
A esta primera etapa de inspiración —y no totalmente separadas una de otra— le sigue la del sudor, es decir, la etapa del trabajo, oficio o artesanía, o como quiera denominarse. Por lo tanto, en la creación del poema se cumplen dos momentos: el de la inspiración y el del trabajo. Creo, en este caso, que el orden de los factores, sí altera el producto.

¿Soy yo quien escribe o el poema me escribe? Ante un terreno tan inestable como lo es el de la poesía, me dejo decir. Me quito las máscaras cuando vislumbro su llegada. Me desnudo; dejo que me habite, porque sé que me posee y me fecunda. El profesor Ángel Battistessa dice: “Para Rilke... crear es, ante todo, crearse. De ahí que, para crear cabalmente algo, todo el ser del artista tenga que participar, y desde sus raíces, en el acto mismo de la creación, hacerse a él”.
La gran poeta norteamericana Emily Dickinson también ha vivido el acercamiento a la poesía como una experiencia corporal: “Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Ésta es la única manera que tengo de saberlo. ¿Hay alguna otra?”

En mi experiencia personal, no espero la llegada del verso ante un escritorio, ni me preparo como un escolar ante el pupitre. Le permito y le agradezco que me asalte en cualquier lugar o momento: en un viaje en subte, caminando por la calle y, a menudo, en la duermevela.
Sencillamente, estoy alerta. Como enseña el Kybalion: “cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos de sabiduría.” Pero reitero, no se trata de una operación mágica, a pesar de toda la magia que la rodea.

Joven poeta, recuerda que la poesía se aprehende. Por eso creo que no se aprende en colegios ni en universidades; si bien no descarto la ayuda que ofrece el taller o el contacto con colegas, especialmente en la segunda etapa de la creación.

Recuerda que el poema se hace en libertad, porque no estamos coaccionados a escribirlo. Se hace con amor, como concebir un hijo. Con dolor, como parir un hijo. El poema se hace de trozos de vida, porque “es el resto o residuo” de hechos vividos, que retornan intensamente vívidos. El momento de la creación es similar al momento de morir, porque, como acto intransferible, tenemos que enfrentarlo indiscutiblemente solos.

Constructor de torres, el poeta cuenta con un frágil material para levantarlas. Bien lo dice un poema: Apenas / la palabra. Esta palabra carenciada sirve para comunicarnos, pero no alcanza a transmitir todo aquello que nos moviliza, en especial, sentimientos, sensaciones, experiencias, recuerdos. Por eso tantas veces se repite, aun en el habla cotidiana, aquello de “me quedé sin palabras”. Dificultad que se multiplica en el decir poético.

Ningún otro título tan elocuente como Inania verba, para ese poema donde el brasileño Olavo Bilac se pregunta: ¿Quién el molde hallará para expresarlo todo? / ¿Ay! ¡quién ha de decir las ansias infinitas / Del sueño? ¿el cielo que huye a la mano que se alza? // ¿Y la ira muda? ¿el asco mudo? ¿el desespero mudo? / ¿Las palabras de fe que nunca fueron dichas? / ¡¿La confesión de amor que muere en la garganta?!

Y no olvidemos mencionar el silencio, tan vivo como la palabra. Ese silencio que habla, fulgiendo, ya en entrelíneas, ya rodeando al poema, o desde el mismo poema.

¿Por qué y para quién escribo el poema? Ante todo para mi misma. Y apunta Borges: por la dicha de decirlo. La otra parte, el lector, lo completa, y hasta lo recrea. Y el poema se transforma o se renueva, y hasta me atrevo a decir “se traduce”, bajo la mirada de cada uno de sus lectores.

Cuando el joven Franz Kappus le pide opinión a Rilke acerca de sus versos, éste le responde: “Nada es tan ineficaz como abordar una obra de arte con las palabras de la crítica: de ello siempre resultan equívocos más o menos felices.” Nadie puede aconsejar ni ayudar, sino cada poeta debe volverse sobre si mismo. Y subraya: “Una obra de arte es buena cuando ha sido creada necesariamente”. Considero que el poema es creado solamente ante una imperiosa necesidad personal. De hecho Rimbaud escribió toda su obra siendo muy joven (apenas diecinueve años) y luego abandonó la poesía para siempre, y se hizo un comerciante.

Si alguien es llamado a devenir artista —afirma Rilke— debe tomar sobre sí esa suerte y llevarla, con su pesadumbre y su grandeza, sin preguntar jamás por la recompensa que pudiera llegar de fuera. “Ser artista es: no calcular y no contar; madurar como el árbol, que no apura sus savias y que está, confiado, entre las tormentas de primavera, sin la angustia de que no puede llegar un verano más. Llega, sin embargo. Pero, solamente llega para los que tienen paciencia y viven despreocupados y tranquilos como si ante ellos se extendiera la eternidad.”
En cuanto a todo lo demás —agrega— es preciso que la vida acontezca. “La vida tiene razón en todos los casos... El arte mismo no es más que una manera de vivir.”

Poeta: espero que estas líneas se completen y enriquezcan con tu lectura, y mis modestas palabras te ayuden a transitar el camino. No olvides que esta difícil búsqueda, debes realizarla sola, absolutamente sola, y ser fiel, absolutamente fiel contigo misma.

Cuéntame desde ya como tu esperanzada lectora.
Cristina Berbari

P. D. : Transcribo un poema del galés Dylan Thomas (en la versión española de Raúl Gustavo Aguirre). Con seguridad te diga más de lo que yo he podido expresar. Se trata de un arte poética que da, en exquisita síntesis, una “imagen de la Poesía” y del trabajo del poeta.

En mi oficio o torvo arte
que ejerzo en la noche tranquila
cuando sólo rabia la luna
y los amantes yacen
con todo su dolor en sus brazos,
yo trabajo en la luz que canta
no por ambición o pan
o por la ostentación y el comercio de encantos
en los estrados de marfil
sino por la simple paga
de su más secreto corazón.

No para el orgulloso que se aísla
escribo desde la rabiosa luna
sobre estas páginas revueltas
ni para el engolado muerto
con sus ruiseñores y salmos
sino para los amantes, sus brazos
ceñidos al dolor de los siglos,
que no pagan con loas ni dinero
ni se preocupan de mi oficio o arte.

jueves, 27 de octubre de 2011

Apollinaire en el poema de Horacio Salas








“APOLLINAIRE EN PÈRE LACHAISE”

Cuánto habrá llovido desde entonces
y todo por culpa de una gripe / las mujeres
que lo amaron ya todas están muertas de muerte natural
y él por la gripe española / de cualquier forma
no hubiera llegado al fin de siglo
con sus desbordes torrenciales
y sus incendios que pueden fotografiarse por satélite
y sin embargo
los poemas se quedaron
con la venda en la frente y el uniforme azul
No conviene acumular las horas en silencio
es preciso sacar a caminar a los poemas antes
de que un golpe de aire se lleve a los poetas
caso contrario sólo queda un retrato
puras monografías / puros estudios críticos
hubiera preferido la piel / el trazo de un ombligo
las pupilas
el olor del café de la mañana
y su tibieza.

Horacio Salas
De su poemario “Dar de nuevo”, Buenos Aires, Nuevohacer, 2003, p. 31

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Apollinaire en el poema de Horacio Salas


por Cristina Berbari

París, 13 de noviembre de 1918. Cementerio de Père Lachaise.
Dos días después del armisticio, mientras en las calles celebran el fin de la Gran Guerra, es inhumado Guillaume Apollinaire. El poeta, de treinta y ocho años, ha muerto el día nueve a las 17 horas. Una más entre las víctimas de gripe española que asola a esa ciudad y al mundo. Un poema concreto, uno de sus caligramas en forma de corazón, sirve como epitafio sobre su tumba: “Mon cœur pareil à une flamme renversée”. En la cabecera se yergue —¿fálico?— un monolito donde se han grabado el nombre y las dos fechas:
Guillaume Apollinaire de Kostrowitzky. 26 –agosto- 1880. 9 –noviembre-1918.
* * *

A fines del siglo XX, el poeta argentino Horacio Salas dice: Cuánto habrá llovido desde entonces / […] las mujeres / que lo amaron ya todas están muertas de muerte natural

Maril Dubois (Mareye), hija de un cafetero, que Guillaume conoce en 1899 al pasar el verano con su medio hermano en la aldea valona de Stavelot, en Bélgica.
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Linda Molina, de diecisiete años, hermana de un compañero, a la que conoce en 1901, y se esfuerza por conquistar, sin éxito.
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Annie Playden, joven inglesa, gobernanta en lo de la Vizcondesa de Milhau, en Alemania. Entre 1901 y 1902 Guillaume es preceptor en la misma casa; se enamora de ella, que constantemente lo rechaza. Al finalizar el contrato la sigue a Londres, le propone casamiento, pero nuevamente es rechazado, aunque siguen manteniendo correspondencia por algún tiempo. Pero en 1905 Annie, para huir de Kostro ( como entonces lo llaman), se marcha a América.
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Marie Laurencin (París, 31 de octubre 1883- 8 de junio de 1956)) pintora y grabadora. Sus primeros versos los publicó con el seudónimo de Louise Lalanne. Expone por primera vez en 1907 en el Salón de los Independientes. Ese año, Picasso la presente a Apollinaire, quien escibe sobre el arte de Laurencia: "danza como Salomé entre el (arte) de Picasso, nuevo Bautista que lava las artes en un bautismo de luz, y el de Rousseau, Herodes sentimental, anciano suntuoso y pueril, a quien el amor llevó hasta los confines del intelectualismo". La joven frecuenta el Bateau-lavoir, cuna del cubismo, aunque sin someterse a ese movimiento. Esto se aprecia en las amplias composiciones en que pinta la figura de Apollinaire junto a sus amigos, con cierta moderación y una estilización de los cuerpos y rostros que será su modalidad futura. Con Apollinaire mantiene una relación tan apasionada como tumultuosa que durará hasta 1912. Ambos quedarán "retratados" por el aduanero Rousseau en "un cuadro muy verde": "La Musa inspirando al poeta" de 1909 (segunda versión).
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Louise de Coligny (nacida Genoveva-Margarita-María Luisa de Pillot de Coligny-Châtillon) a la que llama Lou. En diciembre de 1914, Guillaume se enamora de ella pero es rechazado. Al enrolarse como voluntario para la guerra se reúnen en Nimes. En enero de 1915 ella regresa a Niza, abandonándolo. Tanto insiste en verla que el 27 y 28 se encuentran por última vez en Marsella. Louise, descendiente de la noble familia de “Coligny”, había nacido el 30 de julio de 1881 y muere en 1963. Es una de las primeras aviadoras. El dibujante André Rouveyre la describe como “espiritual, desenvuelta, frívola, impetuosa, pueril, sensible, huidiza y nerviosa”. Apollinaire dice que es elegante e intrigante, “traviesa y lánguida a la vez” con sus “grandes y bellos ojos de cierva”. Le dedica Sombras de mi amor y Poemas a Lou que se publicarán en 1947 y 1955, respectivamente. Y Cartas a Lou, en 1969.
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Madeleine Pagès, joven francesa residente en Orán (Argelia) a quien Guillaume conoce en un tren el 2 de enero de 1915 en el viaje de Niza a Marsella. El epistolario de sus relaciones está aprovisionado por las fotos que Madeleine le envía al poeta. El mismo Apollinaire se convierte en fotógrafo de Madeleine en su poema Fotografía (octubre 13 de 1915), de imagen simbolista curiosamente velada. Pero la versión definitiva publicada en Caligramas en 1918, finalizado el romance, es completamente distinta en la estructura y más cubista que simbolista en su espíritu: Tu sonrisa me atrae como Me atraería una florFotografía tú eres el hongo oscuroDe la selva Que es su belleza Los blancos ahí están Claro de lunaEn un jardín pacífico Lleno de aguas vivas y de jardineros endiablados Fotografía tú eres el humo del ardorQue es su bellezaY hay en tiFotografíaLánguidos tonos Donde se oyeUna melopea Fotografía tú eres la sombra Del Sol Que es su belleza.
Apollinaire la pide en matrimonio. Pero al año siguiente, el 17 de marzo de 1916, es herido en la sien derecha por un estallido de obús. Es operado. En mayo le telegrafía a su novia que la trepanación había sido un éxito. Pero luego renuncia a su proyecto de matrimonio. Las cartas a Madeleine reunidas en Suena como el recuerdo se han de publicar recién en 1952. En 2005 aparece una edición revisada y aumentada.
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Jeanne-Yves Blanc, joven poetisa de Montpellier. En agosto de 1915 hay un intercambio de cartas entre ellos. Le dedica un poema La marraine de guerre ( a Y. B.)
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Jacqueline Kolb (1891-1967), a la que llama Ruby, es la linda pelirroja del último poema de Caligramas. El 2 de mayo de 1918 se casa con la rusa, siendo los testigos Picasso y Vollard. El poema dice:

Heme aquí ante todos un hombre de buen sentido
Que conoce la vida y de la muerte lo que un ser vivo puede conocer
Que ha experimentado los dolores y las alegrías del amor
Que supo a veces imponer sus ideas
Que conoce muchos lenguajes
Que no ha viajado poco
Que ha visto la guerra en la Artillería y en la Infantería
Herido en la cabeza trepanado bajo el cloroformo
Que perdió sus mejores amigos en la espantosa lucha
Sé de lo antiguo y de lo nuevo tanto como un solo hombre puede saber de ambos
Y sin inquietarme hoy por esta guerra
Entre nosotros y para nosotros amigos míos
Juzgo esta larga querella entre la tradición y la invención
Entre el Orden y la Aventura
Vosotros cuya boca está hecha a imagen de la de Dios
Boca que es el orden mismo
Sed indulgentes cuando nos comparéis
Con aquellos que fueron la perfección del orden
Nosotros que buscamos por todas partes la aventura [...]
Aquí llega el verano la violenta estación
Y mi juventud murió como la primavera
Oh sol es el tiempo de la Razón ardiente
Y yo espero
Para seguirla siempre la forma noble y dulce
Que toma para que a ella solamente la ame
Ella llega y me atrae como a un hierro el imán
Tiene el aspecto encantador
De una adorable pelirroja
Sus cabellos son de oro que diría
Un bello relámpago que dura
O esas llamas que se pavonean
En las rosas té que se marchita
Pero reíd reíd de mí
Hombres de todas partes sobre todo los de aquí
Porque hay tantas cosas que no me atrevo a deciros
Tantas cosas que no me dejaríais decir
Tened piedad de mí.

Y reflexiona el poeta Horacio Salas: ya todas están muertas de muerte natural /y él por la gripe española
También conocida como Epidemia de gripe de 1918, la Gran pandemia de gripe, La Pesadilla, La Gran gripe, La Cucaracha y La madre patria, fue una pandemia de inusitada gravedad, causada por un brote de Influenzavirus A del subtipo H1N1 que mató entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo en 1918 y 1919. Se cree que ha sido una de las más letales pandemias en la historia de la humanidad. Muchas de sus víctimas fueron adultos y jóvenes saludables, a diferencia de otras epidemias de gripe que afectan a niños, ancianos o personas debilitadas. La enfermedad se observó por primera vez en Fort Riley, Kansas, Estados Unidos el 11 de marzo de 1918. Un investigador asegura que la enfermedad apareció en el Condado de Haskell, Kansas en enero de 1918. Los aliados de la Primera Guerra Mundial la llamaron Gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto del mundo, ya que España se mantuvo neutral en la guerra y por tanto no censuró la información sobre la enfermedad. Los científicos han empleado muestras de tejido de víctimas congeladas para reproducir el virus para su estudio. Una de las conclusiones de la investigación fue que el virus mata a causa de una tormenta de citocinas, lo que explica su naturaleza extremadamente grave y el perfil de edad de las víctimas.
La gripe A (H1N1) surgida actualmente, es una pandemia causada por una variante del Influenzavirus A de origen porcino (subtipo H1N1), reconocido oficialmente por la Organización Mundial de la Salud como Virus H1N1/09 pandémico. Esta nueva cepa viral es conocida como gripe porcina (nombre dado inicialmente), gripe norteamericana (propuesto por la Organización Mundial de la Salud Animal) y nueva gripè (propuesto por la Unión Europea), nombres que han sido objeto de diversas controversias. El 30 de abril de 2009 la OMS decide denominarla gripe A (H1N1). A comienzos de marzo de 2009, esta gripe afectó al 60% de los residentes de La Gloria, Veracruz, México. Ciudad localizada cerca de una granja de cerdos que cría anualmente alrededor de un millón de animales. El propietario declara que no se han encontrado signos clínicos o síntomas de presencia de la gripe porcina en los animales ni en sus empleados, y que la compañía administra rutinariamente la vacuna contra el Influenzavirus a su piara, además de la realización de los análisis mensuales de rutina. El 21 de abril, los centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EEUU dan la voz de alarma a los medios acerca de dos casos aislados de una nueva gripe porcina. Se trata de dos niños residentes en los Estados Unidos (en California y en San Diego) que enferman el 28 y 30 de marzo respectivamente, no habiendo tenido ningún contacto con cerdos ni antecedentes de haber viajado a México. Algunos casos en ese país y los EEUU son identificados por la OMS como una nueva cepa del H1N1. Al mes se extiende por varios estados de México, EEUU y Canadá, para exportarse a partir de entonces, apareciendo numerosos casos en otros países de pacientes que regresan de aquellos. Se constatan unos pocos casos de contagios indirectos en España, Alemania, Corea del Sur y Reino Unido. El H1N1 ha mutado en diversos subtipos que incluyen la gripe española (extinta en la vida silvestre), la gripe porcina, la gripe aviar y la gripe bovina. La cepa mantiene su circulación después de haber sido reintroducida en la población humana en los años 1970.Cuando el virólogo estadounidense Jeffery Taubenberger compara el virus de 1918 con el actual, descubre que únicamente hubo alteraciones en sólo 25 a 30 aminoácidos de los 4.400 que componen el virus. Estos ligeros cambios pueden convertir al virus en una enfermedad transmisible de persona a persona. La Organización Mundial de la Salud ha registrado al menos 7.826 fallecimientos y más de 622.482 infectados por el virus de la gripe A/H1N1 en todo el mundo desde que activa la alerta sanitaria por riesgo de pandemia el pasado mes de abril, según anuncia este organismo internacional en su último informe publicado con datos actualizados hasta el 22 de noviembre.
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[...] y todo por culpa de una gripe, enfatiza el poema; y mediante el absurdo y el humor responde: de cualquier forma / no hubiera llegado al fin de siglo (a menos de tener una larga vida, algo así como unos ciento veinte años) y aclara: con sus desbordes torrenciales y sus incendios que pueden fotografiarse por satélite. Acá confluyen pasado y presente y esa visión cíclica del tiempo que se da permanentemente en la poesía del poeta argentino y también en el devenir del mundo.
Pero, a pesar del tiempo ¿qué es lo que ha sobrevivido? Los poemas se quedaron con la venda en la frente y el uniforme azul . La imagen del convaleciente Apollinaire siempre es asociada a su obra. Y Salas les pide a los poetas que den rienda suelta a su creación, a sus escritos, que salgan a leerlos. Lo importante son los poemas, que están vivos, siguen vivos y adquieren nuevas fuerzas aun con la muerte del poeta. De otra manera solamente quedan las fotos, los retratos, en cierto modo inánimes. O sólo estudios críticos y monografías sobre la obra, en cierta manera “cosas muertas”. Él prefiere lo vivo. Lo real. Y lo que crea otra realidad: el poema. Y tal vez, sí, preferiría algo físicamente palpable, como la piel, el trazo de un ombligo, las pupilas. Esas cosas, sí. Y aquello que impacta a los sentidos: el olor del café de la mañana. Y lo que de ese olor impacta al sentimiento y nos cobija: su tibieza. Y ante todo, vívida, la vida.
Escritas por Apollinaire, el propio Salas podría suscribir estas palabras: “En lo atinente a la puntuación, la he suprimido porque me ha parecido inútil; y lo es, sin duda, ya que el ritmo y hasta la cesura de los versos constituyen la verdadera puntuación. No veo necesidad de otra.”


Buenos Aires, noviembre de 2009
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lunes, 3 de octubre de 2011

Poemas de Guillaume Apollinaire






El poema La Casa de los muertos, del libro Alcoholes, comparte y revive el espíritu y la plasticidad humorística de la serie las “calaveras” del dibujante y grabador mexicano José Guadalupe Posada (1852-1913); en especial el titulado “Gran fandango y francachela de todas las calaveras” y también la famosa “Catrina”.




LA CASA DE LOS MUERTOS

Tendida junto al cementerio
La casa de los muertos lo enmarcaba como un claustro
Dentro de sus vitrinas
Semejantes a las de las casas de modas
En lugar de sonreír de pie
Los maniquíes gesticulaban para la eternidad

Llegado a Munich hace quince o veinte días
Había entrado por primera vez y por azar
En ese cementerio casi desierto
Y castañeteaba los dientes
Frente a roda esa burguesía
Expuesta y vestida lo mejor posible
Esperando la tumba

De pronto
Veloz como mi memoria
Los ojos volvieron a encenderse
De celda de vidrio en celda de vidrio
El cielo se pobló con un Apocalipsis
Vivaz
Y la tierra chata hasta el infinito
Como antes de Galileo
Se cubrió de mil mitologías inmóviles
Un ángel con diamante quebró toda vitrina
Y los muertos me rodearon
Con caras del otro mundo

Pero sus rostros y actitudes
Pronto se hicieron menos fúnebres
Cielo y tierra perdieron
Su aspecto de fantasmas

Los muertos se alegraban
De ver sus cuerpos fallecidos entre ellos y la luz
Reían de su sombra y la observaban
Como si verdaderamente
Hubiera sido su pasada vida

Entonces los conté
Eran cuarenta y nueve hombres
Mujeres y niños
Que embellecían a ojos vistas
Y se miraban ahora
Con tanta cordialidad
Hasta tanta ternura
Que sintiéndome amigo
De golpe
Los invité a un paseo
Lejos de las arcadas de su casa

Y del brazo todos
Tarareando aires militares
Si todos sus pecados se han absuelto

Dejamos el cementerio
Atravesamos la ciudad
Y a menudo encontramos
Padres amigos que se unían
A la pequeña tropa de los muertos recientes
Estaban todos tan alegres
Tan agradables tan saludables
Que hubiera sido bien despierto
Quien distinguiera muertos de vivos

En el campo después
Nos esparcimos
Se nos unieron dos soldados
Los festejamos
Cortaron madera de viburno
Y de saúco
Con la que hacer silbatos
Que distribuyeron a los niños

Más tarde en un baile campestre
Las parejas mano en el hombro
Bailaron al son agrio de las cítaras

No habían olvidado el baile
Esos muertos y esas muertas
Se bebían también
Y de un tiempo a otro una campana
Anunciaba que un nuevo barril
Iba a ser abierto

Una muerta sentada en un banco
Cerca de un matorral de agracejo
Dejaba a un estudiante
De rodillas a sus pies
Hablarle de esponsales

Yo la voy a esperar
Diez o veinte años si fuera necesario
Su voluntad será mía
Yo lo voy a esperar
Toda su vida
Respondía la muerta

Los niños
De este mundo o del otro
Cantaban de esas rondas
Con palabras absurdas y líricas
Que son sin duda restos
De los más antiguos monumentos poéticos
De la humanidad

Puso un anillo el estudiante
En el dedo de la joven muerta
He aquí la prenda de mi amor
De nuestros esponsales
Ni el tiempo ni la ausencia
Nos harán olvidar nuestras promesas
Y un día tendremos una hermosa boda
Ramas de mirto
En nuestra ropa y en su pelo
Un sermón bello en la iglesia
Largos discursos tras la cena
Y música
Música

Nuestros hijos
Dijo la novia
Serán más bellos aun más bellos
¡Ay! El anillo se ha roto
Que si fueran de oro o plata
De esmeralda o diamante
Serán más claros aun más claros
Que los astros del firmamento
Que la luz de la aurora
Que vuestros ojos novio mío
Tendrán mejor olor aún
¡Ay! El anillo se ha roto
Que las lilas que acaban de brotar
Que el tomillo la rosa o que una brizna
De lavanda o romero

Se habían ido los músicos
Seguimos el paseo

A la orilla de un lago
Nos divertimos haciendo rebotar
Piedras chatas
Sobre el agua que apenas se movía

Unas barcas estaban amarradas
En un abra
Las soltamos
Después que todo el grupo hubo embarcado
Y remaban los muertos
Con tanto vigor como los vivos
Al frente de mi lancha
Hablaba un muerto a una joven
Vestida con un traje amarillo
Con un corpiño negro
Con cintas azules y un sombrero gris
Adornado con una sola plumita lacia

La amo
Le decía
Como ama el pichón a la paloma
Como el insecto nocturno
Ama la luz

Ya es tarde
Respondía la viva
Rechace rechace este prohibido amor
Estoy casada
Vea el anillo que brilla
Mis manos tiemblan
Lloro y quiero morir

Las barcas ya llegaron
A un sitio en que sabían
Los soldados que un eco respondía en la orilla
No se cansaban de inquirirles
Hubo preguntas tan extravagantes
Y tantas respuestas a propósito
Que era morir de risa
Y decía a la viva el muerto

Seremos tan felices juntos
El agua se cerrará sobre nosotros
Pero llora y sus manos tiemblan
Ninguno de nosotros volverá

Se volvió a tierra y regresamos
Los enamorados se entreamaban
Y por parejas de lindas bocas
Marchaban a distancias desiguales
Los muertos eligieron a las vivas
Y las vivas
Los muertos
A veces un enebro
Parecía un fantasma

Los niños hendían el aire
Soplando hundidas las mejillas
En sus silbatos de viburno
O de saúco
Mientras los militares
Cantaban tiroleses
Respondiéndose como hacen
En la montaña

En la ciudad
Nuestra tropa disminuyó poco a poco
Se decían
Hasta luego
Hasta mañana
Hasta pronto
Muchos entraban en las cervecerías
Algunos nos dejaron
Frente a una carnicería canina
Para comprar la comida de la noche

Pronto me quedé solo con los muertos
Que se iban derecho
Al cementerio
En donde
Bajo las Arcadas
Los reconocí
Acostados
Inmóviles
Y bien vestidos
Esperando la tumba detrás de las vitrinas

No tenían dudas
De lo que había pasado
Pero los vivos guardaban el recuerdo
Era una dicha inesperada
Y tan cierta
Que no temían perderla en absoluto



Vivían tan noblemente
Que los que aún en la víspera
Los veían como a iguales
O algo menos aún
Admiraban ahora
Su poder su riqueza y su genio
Porque no hay nada que os enseñe
Como haber amado un muerto o una muerta
Uno se hace tan puro que se llega
En el glaciar de la memoria
Con el recuerdo a confundirse
Se fortifica de por vida
Y a nadie más se necesita

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Los indelebles versos de Zona (en Alcoholes) a la vez que estampan la autobiografía del poeta, donde alterna la primera y segunda persona, son un lúcido testimonio de la época.




ZONA

Finalmente está cansado de este mundo antiguo

Pastora oh torre Eiffel el rebaño de los puentes bala esta mañana

Estás harto de vivir en la antigüedad griega y romana

Aquí hasta los automóviles parecen antiguos
Sólo la religión sigue siendo nueva la religión
Sigue siendo simple como los hangares de Port-Aviation
Sólo tú no eres antiguo en Europa oh Cristianismo
El europeo más moderno es usted Papa Pío X
Y tú a quien observan las ventanas la vergüenza te impide
Entrar en una iglesia y confesarte esta mañana
Lees los prospectos los catálogos los afiches que cantan en voz alta
He aquí la poesía esta mañana y para la prosa están los diarios
Están las revistas a 25 centavos repletas de aventuras policiales
Retratos de grandes hombres y mil títulos diferentes

He visto esta mañana una linda calle cuyo nombre olvidé
Nueva y limpia de sol ella era el clarín
Los directores los obreros y las bellas taquidactilógrafas
Del lunes por la mañana al sábado por la tarde cuatro veces al día pasan por allí
De mañana tres veces gime la sirena
Una campana rabiosa ladra allí al mediodía
Las inscripciones de los letreros y de las paredes
Las chapas los anuncios chillan como los loros
Amo la gracia de esta calle industrial
Situada en París entre la calle Aumont-Thiéville y la avenida des Ternes

He aquí la calle joven y aún no eres más que un niño
Tu madre no te viste más que de azul y blanco
Eres muy piadoso y con el más antiguo de tus camaradas René Dalize
De nada gustáis tanto como las pompas de la iglesia

Son las nueve ya bajaron el gas muy azul salís del dormitorio a escondidas
Rezáis toda la noche en la capilla del colegio
Mientras que eterna y adorable profundidad amatista
Gira para siempre la resplandeciente gloria de Cristo
Es el bello lirio que todos cultivamos
Es la antorcha de cabellos rojos que no apaga el viento
Es el hijo pálido y bermejo de la dolorosa madre
Es el árbol siempre frondoso de todas las plegarias
Es la doble horca del honor y de la eternidad
Es la estrella de seis puntas
Es Dios que muere el viernes y resucita el domingo
Es Cristo que sube al cielo mejor que los aviadores
Suyo es el récord mundial de altura

Pupila Cristo del ojo
Vigésima pupila de los siglos sabe cómo hacerlo
Y convertido en pájaro este siglo como Jesús sube en el aire
Los diablos en los abismos levantan la cabeza para mirarlo
Dicen que imita a Simón el Mago en Judea
Gritan que si sabe volar que lo llamen ladrón
Los ángeles revolotean alrededor del bello volatinero
Ícaro Enoch Elías Apolonio de Tiana
Flotan alrededor del primer aeroplano
Apartándose a veces para dejar pasar a quienes llevan la Santa Eucaristía
Esos curas que suben eternamente elevando la hostia
El avión se posa al fin sin replegar las alas
El cielo se llena entonces de millones de golondrinas
A todo vuelo vienen los cuervos los halcones los búhos
De África llegan los ibis los flamencos los marabúes
El ave Rock celebrada por narradores y poetas
Se cierne sosteniendo en las garras el cráneo de Adán la primera cabeza
El águila cae del horizonte profiriendo un gran grito
Y de América viene el pequeño colibrí
De China llegan los pihís largos y ágiles
Que no tienen más que una única ala y vuelan en parejas
Y después he aquí a la paloma espíritu inmaculado
Escoltada por el pájaro-lira y el pavo real ocelado
El fénix esa hoguera que a sí misma se engendra
Cubre todo un instante con su ardiente ceniza
Las sirenas dejando los peligrosos estrechos
Llegan cantando bellamente las tres
Y todos águila fénix y pihís de la China
Fraternizan con la máquina voladora

Ahora caminas por París completamente solo entre la muchedumbre
Rebaños de ómnibus mugientes ruedan cerca de ti
La angustia del amor te aprieta la garganta
Como si no debieras nunca más ser amado
Si vivieras en la antigüedad entrarías a un monasterio
Tenéis vergüenza cuando os sorprendéis rezando
Haces mofa de ti y como el fuego del infierno tu risa chisporrotea
Las chispas de tu risa doran el fondo de tu vida
Es un cuadro colgado en un museo sombrío
Y algunas veces vas a mirarlo de cerca

Hoy andas por París las mujeres están ensangrentadas
Era y quisiera no acordarme era en el ocaso de la belleza

Rodeada de llamas fervientes Nuestra Señora me miró en Chartres
La sangre de vuestro Sagrado Corazón me inundó en Montmartre
Estoy enfermo de oír las palabras bienaventuradas
El amor que padezco es una enfermedad vergonzosa
Y la imagen que te posee te hace sobrevivir en el insomnio y en la angustia
Siempre está cerca tuyo esa imagen que pasa

Ahora estás al borde del Mediterráneo
Bajo los limoneros que dan flor todo el año
Con tus amigos te paseas en barca
Uno es nizardo hay un mentoniano y dos de Turbia
Miramos con espanto los pulpos de la profundidades
Y entre las algas nacen los peces imágenes del Salvador

Estás en el jardín de una posada en las cercanías de Praga
Te sientes muy feliz hay una rosa en la mesa
Y observas en lugar de escribir tu cuento en prosa
La cetonia que duerme en el corazón de la rosa

Con espanto te ves dibujado en las ágatas de San Vito
Estabas mortalmente triste el día en que te viste allí
Te pareces a Lázaro enloquecido por la luz
Las agujas del reloj del barrio judío andan al revés
Y tú también retrocedes en la vida lentamente
Subiendo al Hradchin y de noche escuchando
En las tabernas cantar canciones checas

Aquí estás en Marsella en medio de las sandías

Aquí estás en Coblenza en el hotel del Gigante

Aquí estás en Roma bajo un níspero del Japón

Aquí estás en Ámsterdam con una muchacha que hallas bella siendo fea
Ella debe casarse con un estudiante de Leyden
Allí alquilan cuartos en latín Cubicula locanda
Me acuerdo de eso allí pasé tres días y otros tantos en Gouda

Estás en París ante el juez de instrucción
Como un criminal fuiste arrestado

Has hecho dolorosos y alegres viajes
Antes de percibir la mentira y la edad
Sufriste por amor a los veinte y a los treinta años
He vivido como un loco y he perdido mi tiempo
Ya no te atreves a mirar tus manos y continuamente quisiera sollozar
Por ti por la que amo por cuanto te espantó

Miras con ojos llenos de lágrimas a esos pobres emigrantes
Creen en Dios rezan las mujeres amamantan a los niños
Llenan con su olor el hall de la estación Saint-Lazare
Tienen fe en su estrella como los reyes magos
Esperan ganar dinero en la Argentina
Y volver a su país después de haber hecho fortuna
Una familia transporta un edredón rojo como vosotros transportáis al corazón
Ese edredón y nuestros sueños son también irreales
Algunos de esos emigrantes se quejan y se alojan
En cuchitriles de la calle des Rosiers o de la calle des Ecouffes
Los he visto a menudo de tarde tomando aire en la calle
Y se desplazan raramente como las piezas de ajedrez
Hay sobre todo judíos sus mujeres usan peluca
Se quedan sentadas exangües en el fondo de las tiendas
Estás de pie ante el estaño de un bar crapuloso
Tomas un café de dos centavos entre los infelices

Estás de noche en un gran restaurante

Esas mujeres no son malas tienen problemas sin embargo
Todas aun la más fea han hecho sufrir a su amante

Ella es la hija de un sargento urbano de Jersey

Sus manos que no había visto están duras y agrietadas

Tengo una inmensa piedad por las costuras de su vientre
Humillo ahora mi boca ante una pobre muchacha de risa horrible

Estás solo va a llegar la mañana
Los lecheros hacen sonar sus tarros en las calles

La noche se aleja como una bella mestiza
Es Ferdine la falsa o Léa la solícita

Y bebes este alcohol ardiente como tu vida
Tu vida que te bebes como un aguardiente

Caminas hacia Auteuil quieres ir a pie a casa
Dormir entre tus fetiches de Oceanía y de Guinea
Son Cristos de otra forma y de otra creencia
Son los Cristos inferiores de las oscuras esperanzas

Adiós Adiós

Sol cuello cortado




(Traducción de Rodolfo Alonso)

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martes, 16 de agosto de 2011

Bartleby, entre lo oculto y lo maravilloso




BARTLEBY, ENTRE LO OCULTO Y LO MARAVILLOSO

por Cristina Berbari

Como le ocurre a tantos lectores, este relato aparentemente gris y “realista” del norteamericano Herman Melville (1819-1891) me deslumbra. La figura de Bartleby, al mismo tiempo que se ilumina, maravillándome, con un movimiento tantálico me enceguece y se oculta cuando intento aprehenderla. Y no es metáfora.
A través de los poemas de dos autores argentinos procuraré un acercamiento. Ya que la poesía no da explicaciones pero sí, certezas, trataré de desentrañar al personaje inserto entre lo oculto y lo maravilloso.



¿Qué entendemos por “lo oculto”? “Aquello contrario a lo que ordinariamente perciben los sentidos.”
En cuanto a “lo maravilloso”, es un “fenómeno que produce admiración o deslumbramiento o que impresiona más allá de los sentidos.” Reitero, ambos se dan en este relato, modelo en su género.



“Bartleby, el escribiente” aparece publicado en la revista mensual Putnam’s, junto a otros relatos que le hacen recuperar a Melville la estima general como narrador, después del decepcionante recibimiento de su novela “Moby Dick”; siendo recopilados en 1856 en el volumen “The Piazza Tales” (Cuentos del Pórtico). Aunque es ampliamente conocido, creo oportuno dar una reseña.

Cuando no había máquinas de escribir, ni computadoras, ni fotocopiadoras, existían, similares al “escriba sentado” del Antiguo Egipto, los amanuenses o copistas judiciales: tal el caso de Bartleby en la Nueva York del siglo XIX. “Esa figura: “¡pálidamente pulcra, lamentablemente decente, incurablemente desolada!” llega al estudio de un metódico abogado de Wall Street, (quien narra la historia), y que lo toma para copiar documentos. Al principio su trabajo es impecable, pero cuando le pide confrontar las copias, tarea normal en esos casos, él responde: “preferiría no hacerlo”; frase que repetirá una y otra vez (su único lenguaje) ante cualquier pedido. Al poco tiempo, aparentemente por problemas de visión, se niega a escribir porque “preferiría no hacerlo”, argumenta. Por último, el abogado descubre que se ha instalado allí, en su oficina, como si fuera su hogar. Imaginemos el escenario donde el escribiente pasa sus días: un cubículo formado por un alto biombo verde, frente a una ventana que da a una pared donde la luz baja “como desde una pequeña abertura en una cúpula”; allí está su escritorio, en el despacho del abogado, quien declara tenerlo aislado de su vista pero al alcance de su voz (lo que anticipa la “óptica de vigilancia” de Foucault, es decir, los sistemas de control de la sociedad moderna). Además, no olvidemos el silencio sepulcral de Wall Street durante la noche y los días domingo. Y el entorno no puede ser más sombrío.
Señala Borges que el relato está redactado “en un idioma tranquilo y hasta jocoso cuya deliberada aplicación a una materia atroz parece prefigurar a Franz Kafka.”
Son notables las reacciones que aquella conducta provocan en el narrador, quien dice: “[...] había algo en Bartleby, que no sólo me desarmaba singularmente, sino que de manera maravillosa me conmovía y desconcertaba.” Y reafirma: “Su maravillosa mansedumbre no sólo me desarmaba, me acobardaba.”; y más adelante habla de: “[...] una común humanidad [...] ¡Una melancolía fraternal!”; “[...] me había infundido una mansa condescendencia con sus rarezas [...]” y se lamenta: “tenía el alma enferma, y yo no podía llegar a su alma.”
Melville reúne la melancolía, el humor y el absurdo, anticipando el teatro de Ionesco y la obra de Beckett. Por ejemplo, la escena en que tanto el abogado como sus subordinados utilizan compulsivamente y cada cual a su manera, el verbo “preferir”, predilecto del escribiente. «El cándido nihilismo de Bartleby —dice Borges— contamina a sus compañeros y aun al estólido señor que refiere su historia y que le abona sus imaginarias tareas.»

En su libro “Las muertes” de 1952, entre otras muertes célebres de personajes literarios: esos “muertos sin flores” que “son los exasperados rostros de nuestra vida”, la gran poeta Olga Orozco (1920-1999) incluye la de Bartleby. El poema lleva un epígrafe de Melville: “Había rehusado decir quién era, o de dónde venía, o si tenía algún pariente en el mundo.” Y dice:



NADIE SUPO QUIÉN FUE.
Nunca estuvo más cerca de los hombres que de los mudos signos.
Él hubiera podido enumerar los días que soportó vestido de gris desesperanza,
o describir siquiera la sombra de los sueños sobre el muro vacío.
Mas prefirió no hacerlo.
Nos queda solamente la mascarilla pálida,
la mirada serena con que eludió el llamado de todos los destinos,
la imagen de su muerte desoladoramente semejante a su vida.
No queremos pensar que fue parte en nosotros,
que fue nuestra constancia a las pacientes leyes que ignoramos.
Todos hemos sentido alguna vez la pavorosa y ciega soledad del planeta,
y hasta el fondo del alma rueda entonces la piedrecilla cruel,
conmoviendo un misterio más grande que nosotros.
¡Oh Dios! ¿Es preciso saber que no podemos interpretar las cifras inscritas en el
muro?
¿Es preciso que aullemos como perros perdidos en la noche o que seamos Bartleby
con los brazos cruzados?
Preferimos no hacerlo.
Preferimos creer que Bartleby fue sólo memoria de consuelos, de perdón, de
esperanzas que llegaron muy tarde para los que se fueron;
testigo de un gran fuego donde ardió la promesa de un tiempo que no vino.
No será en ese cielo. En otro nos veremos.
Él estará también pálidamente absorto contemplando la otra cara del muro.
Deberá recordar una por una todas las cartas muertas.
Pero acaso aun entonces él prefiera no hacerlo.

Por su parte, en homenaje al personaje y a su autor a quien va dedicado, el poeta argentino Rodolfo Alonso (1934), en el texto “Mejor que no” del libro “Sol o sombra” (Libros de América, Buenos Aires, 1981), dice:

Afirmarse en el no, ahondar el no, pulirlo, el no limpio de polvo y ambición, el positivo no, el no progresista de Bartleby, el no pequeño atronador, cara de hombre, altura de hombre, tan vivo como un álamo, un arroyo, una foca.



En cada poema, la visión del universo del creador y, algo más, la condición humana y su indagación. La de Orozco encarada desde lo negativo, la angustia existencial, la muerte, “lo oculto”. La de Alonso, desde lo positivo: la vida y la libre elección, “lo maravilloso”.



Para Melville el hombre está amenazado por instancias ocultas; el problema del mal proviene del universo; “un cosmos (un caos) no sólo perceptiblemente maligno, —dice— sino también irracional [...]”. Y surge la pregunta: “¿Qué actitud tomar frente a una realidad considerada como trágica, frente a una existencia contemplada como maldita?” Contesta Mandrioni que ciertos filósofos «admiten la intrínseca tragicidad de lo real, pero apelan a un Dios trascendente. [...] Entre Dios y el mundo desaparece toda relación, para evitar una posible contaminación entre el mal del mundo y la bondad de Dios. Dios estaría más allá del ser; sería el Otro absoluto e inaccesible. Sólo una fe ciega abriría las puertas a su conocimiento, o mejor a su experiencia.» Creo, es la postura de Olga Orozco.
Otra posición —añade Mandrioni— es la de aquellos que «considerando esta realidad como la única realidad; considerando la historia humana como la única perspectiva y nuestro horizonte finito como el horizonte que un día misteriosamente se abrió, quién sabe por qué terrible catástrofe cósmica, pero que un día inexorablemente se cerrará sin dejar rastros, intenta fundamentar una actitud estoica, como una especie de ‘desafío’ consciente y libre. Tal la posición de Albert Camus expresada en ‘El Mito de Sísifo’». A mi entender, es la tesis que sustenta al poema de Alonso.



Pero ¿por qué ese ser lúcido se sume en la desesperanza? El final del relato lo explica: al haber trabajado en la Oficina de “Cartas Muertas” de Washington, clasificándolas para ser quemadas año tras año pues ya no tienen destinatario; esas cartas que “con mensajes de vida [...] se apresuran hacia la muerte”, Bartleby toma conciencia, adquiere la certeza de que todo es inútil y la destrucción es implacable; tanto él, como el abogado, como los demás empleados, como la “humanidad”, se encaminan al aniquilamiento, a la nada, al vacío al que intentan resistirse, aunque en vano. Él ha descubierto la terrible verdad y rehúsa mentir y mentirse. Por eso se quita el caparazón de la sociedad, las normas que ésta impone, para hacer una afirmación de la libre elección, de cómo vivir, aunque a través de una negación total. Él se mantiene firme; con su resistencia pasiva, su “extraña terquedad”, su intransigencia: “santa rebeldía, negativa viviente” dirá Camus, prefigurándose aquí su filosofía del absurdo y el existencialismo. Para Camus (gran admirador de Melville, según lo ha expresado en sus cartas) la humanidad tiene que resignarse a reconocer que una explicación completamente racional del universo está más allá de su alcance. Entonces, positivo en su negatividad, Bartleby espera paciente, estoicamente, porque él “sabe”, al contrario de los demás, cual es su papel y su lugar en el mundo.



A mi entender, la reunión de estos poemas es la clave para acercarse al personaje. En ellos encuentro la voz que celebra y la voz que se lamenta; la oscilación entre lo oculto y lo maravilloso que es la vida y es la muerte. Como afirma Rilke: “El reino total respira por ambas bocas: la de la vida y la de la muerte.” Y Bartleby respira por ambas.

Su imagen ha sido llevada a la pantalla: en 1970 por el británico Anthony Friedman; y en 2001, en una comedia del norteamericano Jonathan Parker.

¿De dónde la fuerza de este personaje? ¿Por qué es recreado por poetas, ensayistas, cineastas? ¿Podemos hablar de una figura mítica?
Para George Steiner «volvemos siempre a las “analogías arquetípicas”, porque el espíritu consciente se ve a la vez repelido y atraído por sus estadios tempranos de existencia.» Y porque esa figura constituye el «código esencial de referencia en el intelecto y la sensibilidad de la civilización occidental». Este personaje no es ni siquiera individual; es una encarnación colectiva. Una figura mítica, un mito griego: Sísifo y su piedra; Bartleby y sus cartas muertas.



Aplicado al presente, dados los duros tiempos que corren, ese “preferiría no hacerlo”, como opina Vázquez Rial, “no es lema escaso para quienes cada día son convocados a una existencia que está, no sólo más allá de sus fuerzas, sino, lo que es más grave, más allá de su deseo” y, a pesar de todo, —agrego— mantienen su “no” tan vivo “como un álamo, un arroyo, una foca.”



Podría seguir ahondando en este apasionante personaje. Pero dado el tiempo que resta, “mejor que no”: “preferiría no hacerlo”.



Buenos Aires, marzo de 2010


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Trabajo leído en las Jornadas sobre “lo oculto y lo maravilloso” coordinadas por el Grupo Némesis en el Museo Roca, Buenos Aires, Argentina, el 21 de abril de 2010.

martes, 24 de mayo de 2011

Un puente tendido: la poesía de Dora Hoffmann


UN PUENTE TENDIDO: LA POESÍA DE DORA HOFFMANN


La escritura poética manifiesta lo que ocurre en lo más profundo del ser, su verdad interior. Lo dice un poeta metafísico inglés: “El verso, el mapa exacto de mi desdicha.”
Además, la poesía apela a la imaginación. Lo confirma un romántico: “Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el Arte los vista de la palabra... para salir a la superficie y convertirse en flores y frutos”.
Y ante ciertos destellos, al “comulgar” con la analogía, el poeta toma conciencia de la palabra esencial. Según Octavio Paz, a veces, por un instante duramente arrebatado al tiempo, la poesía le revela al hombre la existencia de ese alto lugar en donde, como dice el Segundo Manifiesto Surrealista: “La vida y la muerte, lo real y lo imaginado, lo pasado y lo futuro, lo comunicable y lo incomunicable,... dejarán de ser percibidos contradictoriamente”. En el momento de la creación poética, cuando se reconcilian los opuestos, la palabra del poeta se vuelve espontánea, natural, como el destello de un relámpago, y sobreviene la imperiosa necesidad de decirla, ¿o es ella la que nos dice? Posteriormente llega la etapa del trabajo, de la artesanía.
Por todo esto siento a la poesía como esa misteriosa mezcla de relámpago y sudor revelada por el poema. Y no me cabe duda que ese fue el sentir de la poeta Dora Hoffmann.
Conocí su obra por un artículo publicado en el rotograbado de “La Prensa”, el suplemento dominical del matutino porteño, con su característico color sepia en letras, fotos e ilustraciones. En esas páginas palpitaba la vida literaria de la época, cediendo un espacio más que generoso a poetas y poemas. Fue la primera noticia que tuve sobre su obra. Y resultó nutritiva, enriquecedora.
El excelente comentario lleva por título “El viaje, una metáfora” y lo firma Alejandro Nicotra, el 23 de abril de 1978 en Villa Dolores, Provincia de Córdoba, donde en la actualidad aún reside el poeta. Y tiene carácter de homenaje ya que la poeta, poco antes de su fallecimiento, había enviado al diario tres textos inéditos. Se publican junto a su foto que muestra el rostro armónico, la sonrisa soñadora como sofocada por un sentimiento oculto, y cierto halo en la mirada transparente que al mirarnos parece ver más allá. Me detengo ante unos versos, como detiene el asombro al encontrar esas palabras que hubiéramos deseado escribir:




Los grandes viajes,
los verdaderos grandes viajes,
comienzan
en nosotros.


Dora Buschiazzo de Hoffmann o Dora Hoffmann, como se la reconoce literariamente, nació en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos, ciudad famosa por su Carnaval, por el actual reclamo de habitantes y ecologistas ante la construcción de la “Papelera Botnia” frente a sus costas, y desde antiguo conocida como “la Ciudad de los Poetas”, por lo que aportaron: Olegario Andrade, Manuel Palacios, Mateo Dumón Quesada, Juan Antonio Machado, Luis Jeannot Sueyro, entre otros. En ese ámbito, quizás más tranquilo y recoleto en la década de los ’70, la poeta pasó sus días prácticamente aislada.
Publicó dos poemarios: “Los habitantes de la memoria” (Buenos Aires, Editorial Colombo, 1975) y “Cuaderno de viaje” (Santa Fe, Editorial Colmegna, 1977). Póstumamente, en marzo de 1981, apareció su tercer libro “La casa y otras ausencias” (Paraná, Editorial Comarca) Los dos últimos ilustrados con xilografías de la artista Eloísa Romero.
Desde el prólogo Emma Barrandeguy dice: “Aquí están sus motivos: la casa, el tren, la ventana, los espejos, el jardín, la nostalgia.... Sólo quisiera incitar a leer estos poemas con el mismo sentimiento de belleza perenne que hace que la poesía de Dora Hoffmann se proyecte más allá del acontecer provinciano hacia el lugar donde el tránsito de su melancolía la ubique junto a otros grandes poetas de nuestro país.”
Según la nota titulada “Homenaje a una poetisa” que acompaña al mencionado comentario de Nicotra, “dos libros le bastaron a Hoffmann para consumar un destino literario inusualmente maduro desde sus primeros poemas. Los años que le fueron concedidos no le permitieron recoger en vida los frutos seguros de tanta excelencia.” Poco antes de su muerte empezaba a recibir algunos premios trascendiendo apenas los límites de los medios literarios argentinos.
En 2004, la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) Seccional Gualeguaychú ha instituido en su homenaje el Certamen Provincial de Poesía que lleva su nombre.

Su poesía es una meditación de la existencia, una honda indagación metafísica. La que se siente extranjera en este mundo se debate en la lucha entre opuestos: luz-sombra, cima-abismo, vida-muerte. Busca su verdad y alcanza esos destellos, ese “alto lugar” en el que se reconcilian los contrarios. Con lenguaje sencillo y puro pero de gran hondura, sus versos sobresalen por la sorprendente plasticidad de las imágenes. Aunque trate diversos temas la unidad se alcanza por la sed de absoluto, por la elaboración de la infinitud en el vaivén de lo cotidiano.
“Noción y temblor” —apunta Nicotra— “pues Hoffmann tiene la rara habilidad de reunir la reflexión intelectual y la captación de lo sensible. Su pensar es, sin embargo, más que abstracto, imaginativo“. “Fragilidad y nihilismo,” —agrega— “al nombrar, premonitoriamente a la muerte, a la nada,... aunque en algunos versos se afirma, heroicamente, la voluntad de resistencia a pesar de todo.”
Cito algunos fragmentos que pertenecen a su poemario Cuaderno de viaje.

Cuando nos deslizamos
entre cielos provisorios,
no esperamos
que alguna raíz crezca bajo nuestra sombra
.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


Pero aún,
soy un terco ejército de huesos
una arena ordenada
un hambre circular.
Aún me alimento bajo mis párpados
y llevo a cuestas mi pedazo de existencia,
mi pan raído.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


Yo soy la constructora de la noche,
la purísima nadadora del reino circular.
No tengo orillas
porque crezco en la muerte y me derramo
.

¡Cómo no admirar estos versos! Por empatía, en la poesía de la entrerriana encontré un puente tendido, puente de estructura férrea y de doble mano por el que crucé y en el otro lado me reconocí al conocerla.
A su último libro pertenece el poema titulado

La ausencia

Todas las cosas plasman
su no estar,
distribuyen su huída en pasos calculados,
pulen un abismo
que poco a poco las devora
con mandíbulas sabias.
Sin saberlo
cada cosa aspira su vacío
con una boca mineral,
y el hueco que ha dejado la palabra
al caer
o el pájaro, que calla,
al instante se colma
de una forma densa, igual
pero de ausencia.

La ausencia no nos quita.
Nos añade.
En ella tocamos
lo que el cielo prepara: la respiración y el alimento de los dioses.

En este puente tendido por la poeta, no hay ausencia. Hoy y aquí, Dora Hoffmann ha sumado “presencia”.

Cristina Berbari
Buenos Aires – Argentina - Enero de 2009

Ponencia leída el 9-5-2009 en el “Congreso de Literatura Hacia el Bicentenario Dos siglos de Mujeres en las Letras”, organizado por Museo Roca – Instituto de Investigaciones Históricas y Grupo Némesis, coordinado por Leonor Calvera, del 7 al 9 de mayo de 2009.
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Publicado en 'Extranjera a la intemperie'
Newsletter julio 2009.
www.extranjeraweb.com.ar/minotauro/minotauro32.html
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Xilografía de la artista Eloísa Romero

martes, 10 de mayo de 2011

AIR Colección CIELE-ICWEL 4





















Número especial de la revista AIR

XI Convención Internacional de Escritores

en Lenguas Europeas

Cuarta de la Nueva Andadura - 2009

sábado, 30 de abril de 2011

John Donne o el péndulo de lo paradojal







Con esta ponencia participó la autora
en la XI Convención Internacional de Escritores
en Lenguas Europeas CIELE-ICWEL
Cuarta de la Nueva Andadura
en Málaga, España, del 1 al 8 de septiembre de 2009

John Donne
o el péndulo de lo paradojal



La alquimia de su personalidad

John Donne (1572-1631) es el más actual entre los llamados poetas “metafísicos” ingleses del siglo XVII. Para este espíritu cuya cualidad es lo paradojal tanto en su vida como en su obra, la poesía es la resolución de conflictos internos y el modo de conciliar fuerzas discordantes. Pero existe una doble y casi completa identidad entre el poeta y “esa otra armonía de la prosa”, como él mismo la califica. Identidad que se mani-fiesta en pensamiento y experiencia, en lenguaje y recursos técnicos.

Nacido en Londres, en el seno de una familia católica apostólica romana, no puede doctorarse en Oxford pues su condición religiosa se lo impide. Estudia leyes en Lincoln’s Inn, donde en 1616 se lo nombra “Preacher” (predicador) en estudios teológicos. Domina varios idiomas (latín, francés, español, italiano, entre otros). Escribe poemas y concurre a las tertulias de “The Mermaid Tavern”, donde mensualmente se reúne el llamado Club de la Calle Viernes, que agrupa a las más representativas figuras literarias de la época.



Conoce la aventura (participa en la expedición contra Cádiz y las Azores); conoce la política (como miembro del Parlamento) y el púlpito (como capellán real).



Conoce la prosperidad desde la cuna y luego, la miseria. Tras casarse en secreto con Ann More, sobrina de su protector: Sir Thomas Egerton, pierde su puesto y es encarcelado. Su mujer queda sin dote. Durante más de quince años el matrimonio, con doce hijos, sufre toda clase de privaciones. Su juego de palabras: John Donne - Ann Donne - Undone [Destruidos] se hace realidad. Sobre sus pasos durante aquella época, fabula Virginia Woolf: “...aquí, en Inglaterra, en Londres... la calle se estrecha, la casa se vuelve pequeña, apretada, maloliente. Vemos a un poeta, Donne, empujado de esa casa porque las paredes eran tan finas que las voces de los niños al gritar las atravesaban. Podemos seguirlo, por los senderos que hay en las páginas de sus libros, hasta Twickenham; hasta Lady Bedford’s Park, un famoso lugar de encuentro para nobles y poetas...”



Conoce el gran amor (su esposa) y su pérdida (ella muere y él se entrega a la meditación y al ascetismo). En un proceso gradual, Donne se lanza contra la Compañía de Jesús con sus obras “Pseudo-Martyr” (1610) e “Ignatius his conclave” (1611). Es ordenado clérigo anglicano y, en su madurez, nombrado Deán de la Catedral de San Pablo.

Este ser escindido “cortesano y misántropo, amante platónico y libertino, asceta y disoluto”, cumple su propio proceso alquímico en el devenir de su personalidad. Todo esto en apenas sesenta años. Sesenta años que en forma premonitoria menciona en los últimos versos de “El aniversario”:

Amemos noblemente y vivamos, y sumemos
años y años tras años, hasta alcanzar
tres veintenas...

Y en el poema satírico “El progreso del alma” invoca al destino en el canto I, pasaje 5:

A mis seis lustros casi ya gastados
haz que tu libro me deba otros tantos



El devenir de su obra

A su juventud pertenecen los poemas de amor y eróticos: “Canciones y Sonetos”, “Elegías”, “Epitalamios”, “Epigramas” y “Sátiras” de protesta social. A su época de madurez, la poesía teológica: “Epicedios y exequias”, “Los Aniversarios”; y en especial destacan los “Poemas Sacros” y las “Meditaciones divinas”.

He elegido dos obras en prosa y un poema para demostrar que Donne, en diversos períodos, ha mantenido una ardua lucha para lograr racionalizar la unión de los contrarios: amor por la vida - pulsión de la muerte (temas esenciales en su obra); resolviendo esa paradoja por el camino de la espiritualidad en busca de alcanzar la trascendencia, es decir, la vida del alma. Ese definitivo “nacimiento” del que habla en “Una Anatomía del Mundo” (poema escrito ante la muerte de la hija de su protector, Sir Robert Drury):

acepta este tributo ...
de quien...
celebrará cada año tu segundo nacimiento,
esto es, tu muerte. Pues aunque el alma del hombre
es recibida cuando el hombre es hecho, nace tan sólo
cuando muere.

Acosado por la idea del suicidio, según sugiere Hugh Fausset, Donne escribe un extenso tratado, donde intenta defenderlo. En Biathanatos (1606) sostiene que de la misma manera como se distinguen el homicidio voluntario del justificable, también puede hablarse de un suicidio sin pecado mortal. Tras esta tesis aparente, sostiene Borges basándose en De Quincey, se esconde lo fundamental: declarar que Cristo se suicidó. Para ello invoca las Escrituras: “daré mi vida por mis ovejas” (Juan, 10:15) y “dio el espíritu”, frase usada por los cuatro evange- listas para referirse a la muerte de Cristo. Lo confirma el versículo: “Nadie puede arrebatarme mi alma, soy yo quien la doy. Tengo poder para entregarla” (Juan, 10:18). Y afirma San Agustín que su alma sólo abandonó el cuerpo que la constre- ñía “porque quiso, cuando quiso, y como quiso”. El suplicio de la cruz no mató a Jesús, éste se dio muerte con una voluntaria emisión de su alma.

Aclaro que el Biathanatos sólo justifica el suicidio en el caso que lo impulse un alto designio: caridad, amor. Por ejemplo, sostiene que Sansón al proclamar “Muera yo y los filisteos”, es un arquetipo de Cristo.

Esta conjetura, inédita para la época, la incluye nuevamente en Death’s Duel (Desafío a la muerte), el último sermón que predica, agonizante, en la capilla del palacio de Whitehall, ante Carlos I; muriendo el 31 de marzo de 1631.

En Devociones, posiblemente su prosa más destacable, compuesta en el invierno de 1623 al sufrir una grave enfermedad, apunta:


“La campana dobla, y a través del otro me dice que estoy muerto”


Y plantea sus ideas sobre el alma y el cuerpo, basándose en el neoplatonismo de Plotino: “Ese cuerpo que hace apenas tres minutos era una casa tal que esa alma estaba poco contenta de dejarla por el cielo; ese cuerpo ha perdido el nombre de morada, porque nadie mora en él, y se da prisa en perder el nombre de cuerpo, y disolverse en la putrefacción.” Explica que el hombre tiene un alma vegetativa, luego un alma de los sentidos y finalmente un alma inmortal; pero cuando ésta se marcha arrastra a las otras con ella. Afirma que San Agustín estudió la naturaleza del alma, exceptuando la salvación del alma; y que se satisfacía con que la partida hacia la salvación sea evidente por la fe . Pero Donne se interroga: “Esta alma se ha ido, ¿adónde? ¿Quién me lo dirá?” —y agrega— “la condición del hombre y el curso de su vida, que deberían decirme adónde se ha ido, los ignoro... Sin embargo tengo a alguien más próximo: mi propia caridad que me dice: Él ha ido al descanso, la alegría, la gloria eterna”, y lo cree así “caritativamente y fielmente”.

Me detengo en un poema que forma parte de “Canciones y Sonetos”, inéditos durante la vida de Donne. Cabe la posibi- lidad que haya sido escrito tras la muerte de su mujer, Ann More, en 1617. Aunque este argumento puede cuestionárseme como poco serio, me llama la atención la similitud fonética al reiterar en varios versos la conjunción “and” y la onomatopeya en el adverbio “more”, como un eco del nombre de su esposa.

La disolución

Ella ha muerto y todo lo que muere
A sus primeros elementos vuelve;
Nosotros fuimos elementos mutuos,
Cada uno hecho del otro.
Mi cuerpo, entonces, entraña el suyo
Y aquellas sustancias en que consisto
Crecen en agobiante plenitud,
Mas no nutren, sino ahogan.
Mi fuego de pasión, suspiros de aire,
Tristeza terrenal y agua de lágrimas,
Que son mis materiales,
Casi agotados por afianzar el amor.
Ella, para mi pérdida, renueva con su muerte
Y podría vivir largamente desdichado
Si no fuera porque mi fuego crece a la par
del combustible. Ahora, como esos activos reyes
Cuya conquista extranjera los enriquece,
Recibo más, y gasto más, y más rápido me destruyo.
Ésta (me asombra poder decirlo)
Esta muerte incrementó
el uso de mis reservas,
Así mi alma de veras aliviada
Viajará veloz hacia las suyas;
balas que disparadas antes
Las aventaja una posterior, conteniendo más pólvora.

[Traducción de la autora]


La argumentación se basa en Heráclito (el fuego primordial); en la teoría de Kepler (el fuego destruye y resucita); en los alquimistas medievales y renacentistas; y en la teoría griega de las cuatro raíces postulada por Empédocles, y que Aristóteles llama elementos: fuego, aire, tierra, agua. A estas sustancias hay que añadir dos fuerzas encargadas de realizar la mezcla o la separación: el amor y el odio. Si reina el amor, todo es una esfera: el Uno, eterno e inmutable, en que los cuatro elementos están mezclados. La muerte, que es una partida, es también un encuentro, superándose la división vida-muerte. Pero un recurso estilístico acentúa la posición conflictiva del poeta: la muerte de la amada aumenta sus reservas, pero al mismo tiempo las desgasta y de tal manera, que aniquilarán su cuerpo. A mi modesto entender, este poema complejo tiene como eje el verso: Recibo más, y gasto más, y más rápido me destruyo. ¿Acaso ante la tremenda pérdida, es ésta una forma encubierta de autodestrucción —que no es pecado— y que le permitirá al poeta alcanzar la trascendencia, es decir, unir su alma al alma de su amada?
En el poema “El Éxtasis” también se habla de la unión de las almas gemelas.

Creo que los ejemplos expuestos de complementariedad de los contrarios equilibran el péndulo del razonamiento paradojal.

Nada más acertado que el nombre de “metafísica” con que el Dr. Samuel Johnson calificó —casi menospreciándola— esta poesía que no respeta los preceptos que rigen el arte poético de la época.

“Metafísico de lo sobrenatural”, del esfuerzo de aprehender intelectualmente al Ser que es, Donne analiza las consecuen- cias últimas del ser en cuanto a ser, por ejemplo, el problema de la fusión de las partes esenciales que integran al hombre. Pero “al buscar la comprensión del Absoluto desde su lecho temporal”, su voz ha quedado aún clamando entre nosotros.

Hago mía la palabra de Yepes Boscán: “Donne fue un auténtico poeta de lo metafísico, es decir, de la búsqueda de la realidad última en el plano de lo espiritual, de la más alta de todas las generalizaciones, como decía Spinoza. Tanto en la poesía de su etapa juvenil como en la de su edad madura [y agrego, en su prosística], va hacia la consecución del significado trascendental de las cosas.” Encuentro en John Donne, más que habilidad o ingenio, “una experiencia encarnada de vida y de lenguaje”.

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Bibliografía


Baeza, Ricardo (selección), Poetas líricos ingleses, Buenos Aires, Jackson, 1956. Estudio preliminar de Silvina Ocampo, p. XV.


Borges, Jorge Luis, "El Biathanatos" (ensayo) en Obras Completas, Buenos Aires, Emecé, 1976.


Caracciolo Trejo, Enrique (selección, versión y notas, Los poetas metafísicos ingleses del siglo XVII, Córdoba, Assandri, 1961.


Donne, John, Biathanatos, Versión traducida por Antonio Rivero Taravillo. 2007, pp. 195-208.

httpwww_philosophy_utah_edu-onlinepublications-.htm.


Donne, John, Poesía completa-Edición bilingüe. Tomo I. Traducción e introducción: E. Caracciolo-Trejo, Barcelona, Ediciones 29, 1986.


Donne, John, Poesía completa, Tomo I y II, Traducción e introducción: E. Caracciolo-Trejo, Barcelona, Ediciones 29, 2001.


Kermode, Frank, John Donne, Writers and Their Work nº 86, Published for the British Council and the Nacional Book Leage, London, Longmans, 1957.


Paz, Octavio, Traducción: literatura y literalidad / Un poema de John Donne, Barcelona, Tusquets, 1980.


Paz, Octavio, El Arco y la Lira, México, Fondo de Cultura Económica, 1973.


Woolf, Virginia, "¿Cómo se debe leer un libro?" en Un cuarto propio y otros ensayos, Buenos Aires, AZ, 1993, p. 179.


Yepes Boscán, Guillermo, "John Donne o la Posibilidad Teológica de la Poesía (1965)" en Dones y miseria de la Poesía, Venezuela, Monte Ávila, 1973.


Cristina Berbari
Buenos Aires – Argentina.
Diciembre de 2008

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Parte de la casa donde John Donne vivía, en Pyrford


Part of the house where John Donne lived, in Pyrford





John Donne
or the pendulum of a paradox



The alchemy of his personality


John Donne (1572-1631) is the more actual of the so called “metaphysical” poets of the XVII century. For a man with a life and works full of spiritual and paradoxical qualities, poetry is a solution to inner conflicts, and a way to conciliate discordant forces. But it exists a double and almost complete identity between the poet and “that other harmony called prose”, as he himself qualifies it. This identity is manifested through the thought and experience, using a technical language and resources.

Born in London, in the bosom of a Roman Catholic and apostolic family, he cannot get a doctorate in Oxford because of his religion. He studies law in the Lincoln's Inn, where they nominate him “Preacher” in theological matters, in 1616. He dominates Latin, French, Spanish, Italian, among other idioms. He writes poems and attends the monthly gathering of the “Friday Road Club”, in “The Mermaid Tavern”, where he meets with the most representative literary figures of the time.

He knows about adventures: he took place in the expedition against Cádiz and the Azores.
He knows about politics: he was a member of the Parliament.
And about the pulpit: as a royal priest.

He first knows about prosperity and after, about misery. He married secretly to Ann More, niece of his protector: Thomas Egerton, who sacked him. This ruined his career and earned him a stage in prison. Her wife remained without dowry. During more than fifteen years of marriage, with twelve children, he endured all sort of privations. His wordplay: John Donne – Ann Donne – Undone turned into reality... About his wandering during that epoch, Virginia Woolf makes up: “... here, in England, in London … the road becomes narrow, the house becomes small, tight, stinking. We see a poet, Donne, pushed out of this house because the walls are so thin that the voices of the children, when shouting, got through. We are able to follow him along the tracks we find in his books until Twickenham; and until Lady Bedford's Park, a famous meeting place for nobles and poets...”

He knows about true love (his wife) and its lost (she died and he devotes himself to meditation and asceticism). In a gradual process, Donne attacks the Society of Jesus in his works: PSEUDO-MARTYR (1610) and IGNATIUS HIS CONCLAVE (1611). He is ordained clergyman and, in his maturity, Dean of Saint Paul Cathedral.

This divided being: “courtier and misanthrope, platonic lover and libertine, ascetic and dissolute”, carries his destiny in a constant alchemical process of development. All he lived was scarcely sixty years. Those sixty years he mentions in the last verses of THE ANNIVERSARY:

Let us love nobly, and live, and add again
years and years unto years, till we attain
to write threescore; this is the second of our reign.

And in the satyric poem THE PROGRESS OF THE SOUL, he invokes the destiny, in song I, passage 5:

At my threescore scarcely worn out
let your book own me as many more.

(I couldn't find the original of this part of the poem;
so I expose my own version made upon the Spanish
translation in Cristina's paper. -Mariette Cirerol)



The evolution of his work

To his youth belong the poems of love and the erotic ones: SONGS AND SONNETS, ELEGIES, MARRIAGE SONGS, and SATYRS about social protests. To his mature epoch: the theological poetry: EPICEDES AND OBCEQUIES, THE ANNIVERSARIES; and the most emphasized are THE SACRED POEMS and THE DIVINE MEDITATIONS.


I chose two prose works and one poem to demonstrate that Donne, in various periods, maintained a hard struggle aiming to rationalize the union between contraries: love for life and impulse of death (essential themes in his work); resolving this paradox through the spiritual way, searching to reach the transcendence; I mean the life of the soul. That definitive “birth” he tells about in AN ANATOMY OF THE WORLD (poem written facing the death of the daughter of his protector: Sir Robert Drury):

“Accept this tribute, and his first yeeres rent,
Who till his darke short tapers end be spent,
As oft as thy feast sees this widowed earth,
Will yeerely celebrate thy second birth,
That is, thy death. For though the soul of man
Be got when man is made, 'tis borne but than
When man doth die, Our bodi's as the wombe,
And as a Mid-wife death directs it home.”

(part of the original poem written in ancient English by John Donne)

Pursued by the idea of suicide, as suggested by Hugh Fausset, Donne writes an extensive treaty in which he intents to defend it. In BIATHANATOS (1606) he maintains that the same way we distinguish murder from manslaughter; it can be spoken about a suicide without moral sin. Behind this apparent thesis, Borges holds, basing himself on De Quincey, what is fundamental, to declare that Christ committed suicide, is hidden. To say that, he refers to the Bible: “I will give my life for my sheep” (John, 10:15); and: “he donate the spirit”, phrase used by the four evangelists when they refer to Jesus' death. It is confirmed in the verse: “Nobody can take away my soul, I am the one who donates it. I have the power to hand it” (John, 10:18) confirms it. And Saint Augustine states that his soul only fled out of his body “because he wanted, when he wanted, and how he wanted”. The cross torture didn't finish with his life; Jesus kills himself offering his soul voluntarily.

I make clear that the BIATHANATOS only justify the suicide in case of high design: charity, love. For example, he maintains that Sanson, when proclaiming “Death to me and the Philistines”, is an archetype of Christ.

This conjecture, completely new for the epoch, is to be found again in DEATH'S DUEL, the last sermon he preaches during his agony, in the Chapel of Whitehall Palace, before Charles I. He died on March, the 31st, 1631.

In the DEVOTIONS, possibly his most emphasized work, composed in the winter of 1623, when he was suffering from a severe illness, it is written:

“The bell sounds, and through the other tells me I am dead”

And he raises his ideas about the soul and the body, taking as a base the neoplatonism of Plotino: “this body that scarcely three minutes ago was such a good house that this soul was not happy to abandon to go to heaven; this body had lost the name of abode because nobody dwells inside him, and it rushes to lose the name of body, to become mere putrefaction.” He explains that man has a vegetative soul, then a sensitive soul; and finally, an immortal soul; but, when this last one goes away, she drags the other ones with her. He says that Saint Agustin studied the constitution of the soul, except the salvation of the soul; because he was satisfied with the concept that the salvation was obvious through the faith. But Donne wonders: “this soul has gone away, where? Who will tell it to me?” And he adds: “The condition of the man and the course of his life, which ought to tell me where he had gone, I ignore... Nevertheless I have someone nearer to me: my own charity that tells me : He has gone to relax, to the joy, the eternal glory”; and he believes in it “charitably, faithfully”.

I stand over a poem that is forming part of SONGS AND SONETS, not edited during the life of Donne. It was possibly written after the death of his wife, Ann More, in 1617. Even though the following argument may be taken as not serious; the phonetic similitude made by the reiteration of the sound “and” and the onomatopoeia in the adverb “more”, like an echo of his wife's name, attracts my attention.

She's dead, and all which die
to their first elements resolve;
And we were mutual elements to us,
and made of one another.
My body then doth hers involve,
and those things wereof I consist hereby
in me abundant grow, and burdenous,
and nourish not, but smother.
My fire of passion, sighs of air,
water of tears, and earthly sad despair,
which my materials be,
but near worn out by love's security,
She, to my loss, doth by her death repair.
And I might live long wretched so,
but that my fire doth with my fuel grow
now, as those active kings
whose foreign conquest treasure brings,
receive more, and spend more, and soonest break,
this – which I am amazed that I can speak –
This death, hath with my store
my use increased.
And so my soul, more earnestly released,
will outstrip hers; as bullets flown before
a latter bullet may o'ertake, the powder being more.

Found in: http://www.online-literature.com/donne/380/

The argument is based on Heraclitus (the primordial fire); In the theory of Kepler (the fire destroys and brings back the death); in the alchemists from the Middle Ages and Renaissance; in the Greek theory of the four roots, by Empedocles, that Aristotle calls elements: fire, air, earth and water. To these substances we must add two forces in charge of making the mixture or the separation: love and hatred. When love is reigning, all is a sphere: the One, eternal and unchanging, in which the four elements are included. Death that is a departure, is also a meeting, overcoming the division life-death. But a stylistic resource accentuates the troubled position of the poet: The death of his beloved wife augments his reserves, and in the same time, wears them out in such a manner that they will destroy his body. In my modest opinion, the axis of this complex poem is the verse: I receive more, and waste more, and quicker I am worn out. Perhaps faced to that tremendous lost, is this a veiled form of self-destruction – which is not a sin – and would allow the poet to reach transcendence, which means, to unite his soul to the soul of his beloved?
In the poem ECSTASY, it is also told about the union of the twin souls.

I think that the displayed examples of the complementarities of opponents counterbalance the pendulum of the paradoxical reasoning.

Nothing more accurate than the word “metaphysics” that Dr Samuel Johnson used to describe – almost despising it – this kind of poetry that does not observe the regulatory art precepts of the epoch.

“Metaphysician of the supernatural”, from the effort to intellectually understand the Being he is, Donne analyzes the final consequences of the nature of the being; for example, the fusion of the essential parts integrating a man. But, because he was “Searching for the comprehension of the Absolute from his temporal bed”, his voice had been trapped and he is still clamoring amid us.

I make mine the word of Yepes Boscán: “Donne was an authentic poet of the metaphysics, this is, of the search of the final reality in the spiritual plane; the highest of all generations, as said Spinoza. The same in his youth poetry than in the mature one (and I add, in his prose), he aims to the achievement of the transcendental significance of the things.” I found in John Donne, more than skill or genius; I found an “incarnated experience of life and language”.

Author of the paper: Cristina Berbari
English version by Mariette Cirerol



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Publicada en la página: http://www.airmeeting.net/

Editada en el número especial de la revista AIR, Colección CIELE-ICWEL, 4. Málaga, España, 2009.