martes, 24 de julio de 2012

Hacer cábalas

Por Cristina Berbari

Abelardo Arias



Para nosotros, los argentinos, "hacer cábalas" significa "hacer algo que dé buena suerte para un futuro inmediato".
El escritor argentino Abelardo Arias ¿hacía cábalas cuando, invariablemente, sumaba trece letras en el título de cada una de sus novelas? ¿O quizás iba más allá sumando el valor numérico de las letras como se hace en la “cábala”?
Para comprobar esto último tendríamos que consultar a un experto. Atengámonos sólo a la suma de las letras de cada título.

Álamos talados   (1942)
La vara de fuego (1947)
El gran cobarde   (1956)
Límite de clase    (1964)
Minotauroamor    (1966)
La viña estéril      (1968)
Polvo y espanto   (1971)
De tales cuales     (1973)
Talón de perro     (1974)
Aquí, fronteras     (1976)
Inconfidencia
(El Aleijandinho)  (1979)
Él, Juan Facundo (1995)

Nacido en la ciudad de Córdoba en 1908, pertenecía a una tradicional familia mendocina. Murió en Buenos Aires en 1991, donde se había radicado.
Era conocida su descontrolada pasión por el juego; lo que explica, en cierta forma,este juego de “hacer cábalas”.
Indudablemente, el número trece le dio buena suerte. Su primera novela “Álamos talados” fue distinguida en el año de su publicación  con el Primer Premio de Literatura de Mendoza, el Primer Premio Municipal de Buenos Aires y el Primer Premio de la Comisión Nacional de Cultura, y en 1960 fue llevada al cine por el director Catrano Catrani, con guión del propio autor. Por “Polvo y espanto” obtuvo el Primer Premio Nacional en Novela.
Aunque sin duda, no sólo fue por suerte que se le concedieron tantos premios. De su primera novela se ha dicho: “Hay en ella una intensa poesía que es a la vez la de la juventud y la de la América Colonial del fondo de las provincias, un mundo perdido para siempre y otro que espero conocer un día. Hay también un tono de relato, una mezcla de arte y naturalidad, un gusto, que no son moneda corriente en la literatura hispanoamericana” (Marcel Bataillon).
Y para Antonio Requeni: “por los diversos temas abordados en su obra y sobre todo por su alta calidad literaria, el autor de   “Polvo y espanto”  es uno de los grandes narradores argentinos” (Los Andes, 1983) .