lunes, 3 de agosto de 2015

Tamaño Oficio 29 - Homenaje a Lucila Févola




PRESENTACIÓN
TAMAÑO OFICIO    Revista de Literatura  Año 29 Nro. 38, Buenos Aires, 2014

Revista Homenaje a Lucila Févola




Palabras de María Adela Renard

Número especialísimo, este que presentamos. Condensa dos legados: la revista en sí concebida como fruto de lo que se hace y la fundante palabra de Lucila, diversificada en poesía, ensayo, teatro. En cuanto a lo primero, esto es, el fruto de lo que se hace la edición ha sido idea de sus discípulos, que la honran con sus nombres propios y con sus creaciones literarias. Vuelven a poner de manifiesto la fecundidad del legado recibido, esta vez mediante aportes que perfilan los múltiples y diversos valores –concretos-  que caracterizan la trayectoria importante, dinámica y enérgica. Cabe destacar en ella una vocación asumida como fundamental objetivo de vida, desarrollada estoicamente durante las últimas décadas del siglo pasado hasta su partida el 22 de mayo de 2013.
La solidez ética, reconocida y –ponderada- altura intelectual sellaron su travesía de vida y la ubican sin duda alguna entre los escritores argentinos de primer nivel. Lejos, y ajena –claro está- de promociones e intereses creados. Eficiencia, rigor para consigo misma, respeto y capacidad de admiración son cualidades constituyentes de su personalidad. Así como la creación y la enseñanza fueron en Lucila Févola fervores irrenunciables, siempre sobre un trasfondo de reflexiones o cuestionamientos.
En efecto, el Consejo de Redacción recuerda en Homenaje, breve texto de introducción, algo expresado por Lucila al festejarse el décimo aniversario de Tamaño Oficio, revista que “nunca fue un fin en sí mismo, un objetivo, sino un medio. Un medio más para aprender, para practicar ese aprendizaje, un medio más para hacer. Tampoco fue un proyecto a largo plazo. (…) No nos proyectamos al futuro. Hoy es hoy y aquí estamos…”
El Consejo de Redacción resalta “la obstinada alegría y la correspondiente responsabilidad de seguir inspirados por su hacer, y cuidar que éste pueda seguir construyendo.”
Dejamos a los presentes la lectura de la Selección de textos de Lucila Févola, hecha con acertado criterio por Carlos Vanadía. Reencontrarán en ella o descubrirán, según sea el caso, valores genuinos de esta obra impar, vanguardista y de notable originalidad. Los elegidos son: “Arte Poética”, “Parpadeo”, “Mujer que desova” y “Tango de Ginger”.

Recorriendo el material especialmente preparado por los discípulos-colaboradores, responsables de esta realidad nueva, rara avis en nuestro medio, decido remitirme a su aspecto testimonial. Compondré entonces un collage de conceptos que configuran el perfil espiritual e intelectual de Lucila. Cada uno de ustedes, revista en mano, podrá conocer en totalidad.


En “Oscura entre las aguas”, Osvaldo Spoltore expone sobre la poética de Lucila Févola. La define “honda y luminosa. Nacida de la voluntad de abismarse en el misterio, a la espera del fulgor, cediendo el ego para que aparezcan las formas nuevas. Poesía erguida para cumplir un destino, en el decir de su muy admirado poeta, Horacio Castillo: poesía necesaria para que se revele el ser.” Spoltore la observa “siempre en vela, siempre alerta, de día, de noche, de año en año” (…) presa “de exigencia extraordinaria que la sumía en una contemplación permanente del universo, como campo sagrado donde hundir indagaciones científicas, metafísicas y místicas, las cuales se esforzó (…) no de comunicarlas a manera de simples informes, sino de recrearlas en sus textos que hacen lo que dicen, según la pauta de Huidobro: “Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!/ Hacedla florecer en el poema” (Arte Poética, Vicente Huidobro).
Spoltore recuerda palabras de la autora referidas a indagaciones sobre meta-poesía, a la busca de “la pregunta que somos”. Lucila afirma “Porque la meta está al principio. Por ello, en el Tiempo todo está vuelto hacia atrás, no hacia el comienzo sino hacia el origen. Los textos de ficción son una confirmación más. Argumentos explícitos, implícitos: el lector hondo llega más allá del argumento. Procura la unidad de todo texto, de todo libro, esa unidad que, por supuesto, excede lo temático. Leer es ser leído.”
Spoltore vincula, hacia el final de su artículo, este hacer con la pregunta que somos en unidad sujeto-objeto planteada con respuesta desde el origen que remite al silencio “Inmenso, lo que calla”, asumido por Lucila, quien –dice- refulge entre “amor,/terror,/furor/ en una vida dedicada a comulgar con la luz y la oscuridad, en su servicio pleno para revelar y ser la anunciación.”


Lila Pérez Ferretti traza “Cartografías del texto literario” tomando como acápite lo siguiente:”Por mi parte creo haberles dejado impresa una angustia irrenunciable, la de la auto-exigencia; también la convicción de que el poema jamás será hallazgo, sino sólo una búsqueda, pues por humana paradoja, el artista que crea que halló, se convertirá instantáneamente en un ser finito.” (Lucila Févola)
Considera a Lucila maestra en el arte de la transmisión oral de su pensamiento literario, original propuesta presente en textos escritos y publicados en Tamaño Oficio durante más de treinta años. Cita, entre otros, los siguientes: “Pasión y muerte de S. Leguizamón. Vida y Resurrección del pueblo”, “La metáfora como reflexión”, “Emilio Zolezzi hacedor”, “Escritor y cultura”, “Héctor Tizón: La literatura como exorcismo”, “Violencia de la Poesía”, “Apertura de lo Real en el cuento”.
La exégesis de Lila Pérez Ferretti  hilvana con detenimiento y claridad conceptos que argumentan la teoría literaria y metafísica de la autora, articulándola en tres sectores: De la experiencia de lo real, Del vacío creador y Más allá de la realidad posible, precedidos por una introducción. Fundamenta la elección de los textos incluidos desde su propósito de mostrar tanto el pensamiento como el estilo del trabajo de Lucila. Reivindica la afirmación vertida cuando presentó Hágase (último libro publicado): “su escritura nos convoca como lectores imperativamente . hágase, mandato, orden, imperio de la palabra, , en su esencia de acción; pero también, orden de cumplimiento, poder de la palabra creadora, poder de la palabra, fecunda y fecundante.”. Concluye advirtiendo  que Lucila “señala, en cada vuelta de la espiral dialéctica de su reflexión, que nunca pasamos por el mismo punto de indagación sin una diferencia de perspectiva, sin una diferencia de la marca que nos deja el recorrido. Insistente intensidad, intensa insistencia  que nos lee y nos interpela en su dimensión ética.”


Julio Aranda comienza destacando la originalidad  al abordar “Intertextualidad en la obra de Lucila Févola”, puesto que tal recurso define su creación. Los textos de autores muy específicos que ella toma como referentes (ya  sea para inspiración, epígrafes, por ejemplo) dialogan, interactúan o bien enfrentan su propio pensamiento. Lo suyo es una búsqueda de integración total a través de escrituras disímiles que amalgaman poesía, ciencia, religión, filosofía, historia y teatro con su propia visión  de un universo integrado, dice Aranda.
Más adelante puntualiza algunos aspectos que llama vertebrales en esta escritura: cumplimiento de un destino contra todo tiempo, espacio o “distracción” que arquetipos sociales y culturales imponen sobre nuestras conductas; aceptar lo que es, aún no comprendiéndolo racionalmente, aspecto que remite a lo sagrado y a una integración total con todos los elementos que nos componen e interactúan siempre sobre nosotros: la premisa de no ubicar las preguntas fuera de nosotros ya que las respuestas están en nuestro interior. Somos el todo y la parte, agua y fuego, camino y pie, todo a un mismo tiempo (definido este como simultáneo).
En suma, Aranda hace presente que la obra de Lucila Févola es fundacional, más allá de no haber sido reconocida cabalmente por la crítica, no haberse advertido en esta propuesta “un compendio de voces; un canto coral que alerta sobre la escritura y su toma de conciencia, nos obliga a no dar nada por sentado en esta búsqueda infinita dentro de nosotros. Concluye: “Rescatar su palabra es encontrar los hilos de la rica y compleja historia que nos forma como lectores, junto a todos los nombres precedidos y más allá de toda muerte. Un eterno regreso. Un “escribir escribiéndose”, como Lucila asegura.


Elena Cohen Imach y Juan Pablo Salinas tuvieron a cargo la entrevista a Alejandrina Devescovi, amiga entrañable de Lucila Févola. Alejandrina fue durante tres décadas, directora de la Editorial Botella al Mar además de artista plástica. Fue elegida con el fin de obtener una imagen desde una visión diferente, lo cual queda cumplido a través de sus respuestas. Ambas frecuentaban instituciones como la Sociedad Argentina de Escritores, Gente de Letras, Fundación El Libro, además de tener contactos con revistas especializadas. Alejandrina rescata el ejercicio del talento unido al de la ética en todos los ámbitos a que perteneció, la ruptura con el lenguaje tradicional de la poesía, personalidad muy firme, rigor ante el trabajo sin pausas ni concesiones, soledad y entereza frente al sufrimiento, sobre todo luego de la muerte de José Bravo.


En la sección Libros (1), Lina Caffarello comenta Vela desvela, poesía Febra, Buenos Aires, 2003. “Los textos –dice- abarcan una red no exenta de cierta dimensión de interioridad”, que hacen palpable una de las convicciones enunciadas a menudo por Lucila: “Ser libres es estar permanentemente abiertos, a salvo de nuestras propias trampas, de nuestros miedos inmovilizadores, ya que el universo es un fluir constante y cambiante.” Entre otros conceptos de su minucioso análisis Caffarello  menciona la presencia del “movimiento que mueve, la dinámica que a modo de usina aporta más creación a la creación”,  apuntando a la permanente integración del universo todo. Más adelante y en relación con Roberto Juarroz, hace presente la meditación y “la asistencia al universo creando realidad” y propiciando mayor calidad de conciencia. Finalmente, destaca la intensidad e intelectualidad de la poeta, su dialéctica heurística y subyacente profundidad.


Amelia Lapeyriere reseña Oscuro entre las aguas, poesía, Febra Editores, Buenos Aires, 2002. Subraya la brecha abierta por Lucila, siempre dirigida hacia el diálogo con sus textos, advirtiendo que estamos ante un libro de señales. Búsqueda alerte e incesante, indagación permanente que parte de la fe en la existencia. Repara en las huellas testimoniales de su mundo vivido y sentido: creación, acción, sueños y en la devoción profesada hacia la escritura que la consume y se prolonga en otros. Se detiene en el poema “Esta red, este anillo”:
“Madre,/ seres míos, oscuros, luminosos, quiero cruzar. Ayúdenme de nuevo. Maestros de esta vida, desde la muerte, ayúdenme.// La tierra nos reunió. También el sur, tejido en el naufragio. Aquí todo se cumple. Y yo dejo palabras que me tejen.”


Pasando a la sección Libros (2), en primer término Héctor Miguel Ängeli deja agudas impresiones acerca de Lechuza de campanario, poesía, Botella al Mar, Buenos Aires, 1995. Lo describe como “extraño, un libro con clima, con sostenido clima” y “con un peso específico muy singular.” Confiesa que su lectura y relectura lo envolvieron en una ceremonia, que se afianza –dice- “cuando Lucila llega al tango.” Libro rico en ritmos y contra-ritmos, repeticiones, juego de palabras y juegos expresivos “donde las ironías –afirma- rozan el sarcasmo. La autora se muestra “apasionada y distante”, como la gran figura de una misteriosa celebración.


Cristina Berbari titula Modus vivendi: “Esa inmensa piedad” al comentario del libro de poesía publicado en Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, 2009. Nombre acertado, afirma, por cuanto la expresión Modus vivendi significa modo de vivir, e implica además “un arreglo, ajuste o transacción entre dos partes”, pacto que remite a una cita de Roberto Juarroz. “Se trata de la superación de esas divisiones del ego, del simple subjetivismo, no como cálculo más o menos idealista, sino como experiencia.”
Berbari puntualiza el cuestionamiento de la autora. “No nací para el vuelo”, advirtiéndonos que no resigna el vivir  pero se propone reconocerse en el otro para desconocerse. Cita a Lucila, “Nací para ese salto, relámpago, fuego, fulgor que todo lo contiene.” Salto con sentido de experiencia, pasar del adormecimiento del yo a un despertar en el amanecer de la acción. La poeta nos invita  a dar ese “salto”.
Considera que Modus vivendi es un libro integrador, puesto que coincide con Horacio en la Unidad del Arte.
Como en el caso de las reseñas anteriores citadas, resulta imposible detallar aquí la riqueza del detalle que la exégesis de Cristina Berbari consigna al demostrar la vida en plenitud engarzada en la palabra de Lucila.


Por último, en “Un texto no es un gato y viceversa”, José Bravo prologa con la maestría que lo caracterizaba, gato entre habitaciones, cuentos, publicado en Febra Ediciones, Buenos Aires, 2004. Se va deteniendo en el “aparente, mínimo argumento” de la obra en la que “una escritora decide escribir un cuento”. Reitera el pedido de atención al lector hacia “el tema que se impone, el desarrollo de su propia estructura, que aparece ya armada.” Bravo advierte el movimiento de “escribir-desescribir” como el de “escribirse-desescribirse”. Subraya que “un cuento tiene ‘su realidad’, pues lo que llamamos ‘la realidad’ admite la ficción”, y que texto remite a tejido, textura.
Muestra la interactuación de significaciones, música, símbolos, juegos de palabras, imagen, teoría del cuento y presunción del Universo, sosteniendo, tramando y probando “el paralelismo de los fenómenos literarios con los más patéticos aspectos de la vida”, su pertenencia al tiempo, lo cual constituye el aspecto más audaz del pensamiento desarrollado en este libro.


Conclusión: número especialísimo el presentado, que ponemos encarecida- mente a vuestra disposición. Honra a Lucila Févola, a su aporte impar a nuestras letras y cada discípulo se honra a sí mismo como hacedor.
Reciban todos y cada uno mis más cálidas y sinceras felicitaciones.


                              María Adela Renard


Buenos Aires, 11 de noviembre de 2014