

El poema La Casa de los muertos, del libro Alcoholes, comparte y revive el espíritu y la plasticidad humorística de la serie las “calaveras” del dibujante y grabador mexicano José Guadalupe Posada (1852-1913); en especial el titulado “Gran fandango y francachela de todas las calaveras” y también la famosa “Catrina”.
LA CASA DE LOS MUERTOS
Tendida junto al cementerio
La casa de los muertos lo enmarcaba como un claustro
Dentro de sus vitrinas
Semejantes a las de las casas de modas
En lugar de sonreír de pie
Los maniquíes gesticulaban para la eternidad
Llegado a Munich hace quince o veinte días
Había entrado por primera vez y por azar
En ese cementerio casi desierto
Y castañeteaba los dientes
Frente a roda esa burguesía
Expuesta y vestida lo mejor posible
Esperando la tumba
De pronto
Veloz como mi memoria
Los ojos volvieron a encenderse
De celda de vidrio en celda de vidrio
El cielo se pobló con un Apocalipsis
Vivaz
Y la tierra chata hasta el infinito
Como antes de Galileo
Se cubrió de mil mitologías inmóviles
Un ángel con diamante quebró toda vitrina
Y los muertos me rodearon
Con caras del otro mundo
Pero sus rostros y actitudes
Pronto se hicieron menos fúnebres
Cielo y tierra perdieron
Su aspecto de fantasmas
Los muertos se alegraban
De ver sus cuerpos fallecidos entre ellos y la luz
Reían de su sombra y la observaban
Como si verdaderamente
Hubiera sido su pasada vida
Entonces los conté
Eran cuarenta y nueve hombres
Mujeres y niños
Que embellecían a ojos vistas
Y se miraban ahora
Con tanta cordialidad
Hasta tanta ternura
Que sintiéndome amigo
De golpe
Los invité a un paseo
Lejos de las arcadas de su casa
Y del brazo todos
Tarareando aires militares
Si todos sus pecados se han absuelto
Dejamos el cementerio
Atravesamos la ciudad
Y a menudo encontramos
Padres amigos que se unían
A la pequeña tropa de los muertos recientes
Estaban todos tan alegres
Tan agradables tan saludables
Que hubiera sido bien despierto
Quien distinguiera muertos de vivos
En el campo después
Nos esparcimos
Se nos unieron dos soldados
Los festejamos
Cortaron madera de viburno
Y de saúco
Con la que hacer silbatos
Que distribuyeron a los niños
Más tarde en un baile campestre
Las parejas mano en el hombro
Bailaron al son agrio de las cítaras
No habían olvidado el baile
Esos muertos y esas muertas
Se bebían también
Y de un tiempo a otro una campana
Anunciaba que un nuevo barril
Iba a ser abierto
Una muerta sentada en un banco
Cerca de un matorral de agracejo
Dejaba a un estudiante
De rodillas a sus pies
Hablarle de esponsales
Yo la voy a esperar
Diez o veinte años si fuera necesario
Su voluntad será mía
Yo lo voy a esperar
Toda su vida
Respondía la muerta
Los niños
De este mundo o del otro
Cantaban de esas rondas
Con palabras absurdas y líricas
Que son sin duda restos
De los más antiguos monumentos poéticos
De la humanidad
Puso un anillo el estudiante
En el dedo de la joven muerta
He aquí la prenda de mi amor
De nuestros esponsales
Ni el tiempo ni la ausencia
Nos harán olvidar nuestras promesas
Y un día tendremos una hermosa boda
Ramas de mirto
En nuestra ropa y en su pelo
Un sermón bello en la iglesia
Largos discursos tras la cena
Y música
Música
Nuestros hijos
Dijo la novia
Serán más bellos aun más bellos
¡Ay! El anillo se ha roto
Que si fueran de oro o plata
De esmeralda o diamante
Serán más claros aun más claros
Que los astros del firmamento
Que la luz de la aurora
Que vuestros ojos novio mío
Tendrán mejor olor aún
¡Ay! El anillo se ha roto
Que las lilas que acaban de brotar
Que el tomillo la rosa o que una brizna
De lavanda o romero
Se habían ido los músicos
Seguimos el paseo
A la orilla de un lago
Nos divertimos haciendo rebotar
Piedras chatas
Sobre el agua que apenas se movía
Unas barcas estaban amarradas
En un abra
Las soltamos
Después que todo el grupo hubo embarcado
Y remaban los muertos
Con tanto vigor como los vivos
Al frente de mi lancha
Hablaba un muerto a una joven
Vestida con un traje amarillo
Con un corpiño negro
Con cintas azules y un sombrero gris
Adornado con una sola plumita lacia
La amo
Le decía
Como ama el pichón a la paloma
Como el insecto nocturno
Ama la luz
Ya es tarde
Respondía la viva
Rechace rechace este prohibido amor
Estoy casada
Vea el anillo que brilla
Mis manos tiemblan
Lloro y quiero morir
Las barcas ya llegaron
A un sitio en que sabían
Los soldados que un eco respondía en la orilla
No se cansaban de inquirirles
Hubo preguntas tan extravagantes
Y tantas respuestas a propósito
Que era morir de risa
Y decía a la viva el muerto
Seremos tan felices juntos
El agua se cerrará sobre nosotros
Pero llora y sus manos tiemblan
Ninguno de nosotros volverá
Se volvió a tierra y regresamos
Los enamorados se entreamaban
Y por parejas de lindas bocas
Marchaban a distancias desiguales
Los muertos eligieron a las vivas
Y las vivas
Los muertos
A veces un enebro
Parecía un fantasma
Los niños hendían el aire
Soplando hundidas las mejillas
En sus silbatos de viburno
O de saúco
Mientras los militares
Cantaban tiroleses
Respondiéndose como hacen
En la montaña
En la ciudad
Nuestra tropa disminuyó poco a poco
Se decían
Hasta luego
Hasta mañana
Hasta pronto
Muchos entraban en las cervecerías
Algunos nos dejaron
Frente a una carnicería canina
Para comprar la comida de la noche
Pronto me quedé solo con los muertos
Que se iban derecho
Al cementerio
En donde
Bajo las Arcadas
Los reconocí
Acostados
Inmóviles
Y bien vestidos
Esperando la tumba detrás de las vitrinas
No tenían dudas
De lo que había pasado
Pero los vivos guardaban el recuerdo
Era una dicha inesperada
Y tan cierta
Que no temían perderla en absoluto
Vivían tan noblemente
Que los que aún en la víspera
Los veían como a iguales
O algo menos aún
Admiraban ahora
Su poder su riqueza y su genio
Porque no hay nada que os enseñe
Como haber amado un muerto o una muerta
Uno se hace tan puro que se llega
En el glaciar de la memoria
Con el recuerdo a confundirse
Se fortifica de por vida
Y a nadie más se necesita
Los indelebles versos de Zona (en Alcoholes) a la vez que estampan la autobiografía del poeta, donde alterna la primera y segunda persona, son un lúcido testimonio de la época.
ZONA
Finalmente está cansado de este mundo antiguo
Pastora oh torre Eiffel el rebaño de los puentes bala esta mañana
Estás harto de vivir en la antigüedad griega y romana
Aquí hasta los automóviles parecen antiguos
Sólo la religión sigue siendo nueva la religión
Sigue siendo simple como los hangares de Port-Aviation
Sólo tú no eres antiguo en Europa oh Cristianismo
El europeo más moderno es usted Papa Pío X
Y tú a quien observan las ventanas la vergüenza te impide
Entrar en una iglesia y confesarte esta mañana
Lees los prospectos los catálogos los afiches que cantan en voz alta
He aquí la poesía esta mañana y para la prosa están los diarios
Están las revistas a 25 centavos repletas de aventuras policiales
Retratos de grandes hombres y mil títulos diferentes
He visto esta mañana una linda calle cuyo nombre olvidé
Nueva y limpia de sol ella era el clarín
Los directores los obreros y las bellas taquidactilógrafas
Del lunes por la mañana al sábado por la tarde cuatro veces al día pasan por allí
De mañana tres veces gime la sirena
Una campana rabiosa ladra allí al mediodía
Las inscripciones de los letreros y de las paredes
Las chapas los anuncios chillan como los loros
Amo la gracia de esta calle industrial
Situada en París entre la calle Aumont-Thiéville y la avenida des Ternes
He aquí la calle joven y aún no eres más que un niño
Tu madre no te viste más que de azul y blanco
Eres muy piadoso y con el más antiguo de tus camaradas René Dalize
De nada gustáis tanto como las pompas de la iglesia
Son las nueve ya bajaron el gas muy azul salís del dormitorio a escondidas
Rezáis toda la noche en la capilla del colegio
Mientras que eterna y adorable profundidad amatista
Gira para siempre la resplandeciente gloria de Cristo
Es el bello lirio que todos cultivamos
Es la antorcha de cabellos rojos que no apaga el viento
Es el hijo pálido y bermejo de la dolorosa madre
Es el árbol siempre frondoso de todas las plegarias
Es la doble horca del honor y de la eternidad
Es la estrella de seis puntas
Es Dios que muere el viernes y resucita el domingo
Es Cristo que sube al cielo mejor que los aviadores
Suyo es el récord mundial de altura
Pupila Cristo del ojo
Vigésima pupila de los siglos sabe cómo hacerlo
Y convertido en pájaro este siglo como Jesús sube en el aire
Los diablos en los abismos levantan la cabeza para mirarlo
Dicen que imita a Simón el Mago en Judea
Gritan que si sabe volar que lo llamen ladrón
Los ángeles revolotean alrededor del bello volatinero
Ícaro Enoch Elías Apolonio de Tiana
Flotan alrededor del primer aeroplano
Apartándose a veces para dejar pasar a quienes llevan la Santa Eucaristía
Esos curas que suben eternamente elevando la hostia
El avión se posa al fin sin replegar las alas
El cielo se llena entonces de millones de golondrinas
A todo vuelo vienen los cuervos los halcones los búhos
De África llegan los ibis los flamencos los marabúes
El ave Rock celebrada por narradores y poetas
Se cierne sosteniendo en las garras el cráneo de Adán la primera cabeza
El águila cae del horizonte profiriendo un gran grito
Y de América viene el pequeño colibrí
De China llegan los pihís largos y ágiles
Que no tienen más que una única ala y vuelan en parejas
Y después he aquí a la paloma espíritu inmaculado
Escoltada por el pájaro-lira y el pavo real ocelado
El fénix esa hoguera que a sí misma se engendra
Cubre todo un instante con su ardiente ceniza
Las sirenas dejando los peligrosos estrechos
Llegan cantando bellamente las tres
Y todos águila fénix y pihís de la China
Fraternizan con la máquina voladora
Ahora caminas por París completamente solo entre la muchedumbre
Rebaños de ómnibus mugientes ruedan cerca de ti
La angustia del amor te aprieta la garganta
Como si no debieras nunca más ser amado
Si vivieras en la antigüedad entrarías a un monasterio
Tenéis vergüenza cuando os sorprendéis rezando
Haces mofa de ti y como el fuego del infierno tu risa chisporrotea
Las chispas de tu risa doran el fondo de tu vida
Es un cuadro colgado en un museo sombrío
Y algunas veces vas a mirarlo de cerca
Hoy andas por París las mujeres están ensangrentadas
Era y quisiera no acordarme era en el ocaso de la belleza
Rodeada de llamas fervientes Nuestra Señora me miró en Chartres
La sangre de vuestro Sagrado Corazón me inundó en Montmartre
Estoy enfermo de oír las palabras bienaventuradas
El amor que padezco es una enfermedad vergonzosa
Y la imagen que te posee te hace sobrevivir en el insomnio y en la angustia
Siempre está cerca tuyo esa imagen que pasa
Ahora estás al borde del Mediterráneo
Bajo los limoneros que dan flor todo el año
Con tus amigos te paseas en barca
Uno es nizardo hay un mentoniano y dos de Turbia
Miramos con espanto los pulpos de la profundidades
Y entre las algas nacen los peces imágenes del Salvador
Estás en el jardín de una posada en las cercanías de Praga
Te sientes muy feliz hay una rosa en la mesa
Y observas en lugar de escribir tu cuento en prosa
La cetonia que duerme en el corazón de la rosa
Con espanto te ves dibujado en las ágatas de San Vito
Estabas mortalmente triste el día en que te viste allí
Te pareces a Lázaro enloquecido por la luz
Las agujas del reloj del barrio judío andan al revés
Y tú también retrocedes en la vida lentamente
Subiendo al Hradchin y de noche escuchando
En las tabernas cantar canciones checas
Aquí estás en Marsella en medio de las sandías
Aquí estás en Coblenza en el hotel del Gigante
Aquí estás en Roma bajo un níspero del Japón
Aquí estás en Ámsterdam con una muchacha que hallas bella siendo fea
Ella debe casarse con un estudiante de Leyden
Allí alquilan cuartos en latín Cubicula locanda
Me acuerdo de eso allí pasé tres días y otros tantos en Gouda
Estás en París ante el juez de instrucción
Como un criminal fuiste arrestado
Has hecho dolorosos y alegres viajes
Antes de percibir la mentira y la edad
Sufriste por amor a los veinte y a los treinta años
He vivido como un loco y he perdido mi tiempo
Ya no te atreves a mirar tus manos y continuamente quisiera sollozar
Por ti por la que amo por cuanto te espantó
Miras con ojos llenos de lágrimas a esos pobres emigrantes
Creen en Dios rezan las mujeres amamantan a los niños
Llenan con su olor el hall de la estación Saint-Lazare
Tienen fe en su estrella como los reyes magos
Esperan ganar dinero en la Argentina
Y volver a su país después de haber hecho fortuna
Una familia transporta un edredón rojo como vosotros transportáis al corazón
Ese edredón y nuestros sueños son también irreales
Algunos de esos emigrantes se quejan y se alojan
En cuchitriles de la calle des Rosiers o de la calle des Ecouffes
Los he visto a menudo de tarde tomando aire en la calle
Y se desplazan raramente como las piezas de ajedrez
Hay sobre todo judíos sus mujeres usan peluca
Se quedan sentadas exangües en el fondo de las tiendas
Estás de pie ante el estaño de un bar crapuloso
Tomas un café de dos centavos entre los infelices
Estás de noche en un gran restaurante
Esas mujeres no son malas tienen problemas sin embargo
Todas aun la más fea han hecho sufrir a su amante
Ella es la hija de un sargento urbano de Jersey
Sus manos que no había visto están duras y agrietadas
Tengo una inmensa piedad por las costuras de su vientre
Humillo ahora mi boca ante una pobre muchacha de risa horrible
Estás solo va a llegar la mañana
Los lecheros hacen sonar sus tarros en las calles
La noche se aleja como una bella mestiza
Es Ferdine la falsa o Léa la solícita
Y bebes este alcohol ardiente como tu vida
Tu vida que te bebes como un aguardiente
Caminas hacia Auteuil quieres ir a pie a casa
Dormir entre tus fetiches de Oceanía y de Guinea
Son Cristos de otra forma y de otra creencia
Son los Cristos inferiores de las oscuras esperanzas
Adiós Adiós
Sol cuello cortado
(Traducción de Rodolfo Alonso)
__________________________________________________________________
No hay comentarios:
Publicar un comentario