sábado, 22 de agosto de 2020

Reseña sobre “Los amantes de Asunción” de L. E. Benítez

 

“Los amantes de Asunción” 1ª ed., San Martín, Vestales, 2019. 528 pp.

 

Yo estaba dormida cuando Usted se retiró de mi casa paterna, Alguien afirmó
Que era Usted una de las mentes más brillantes que había dado el país. Por aquel tiempo parecía impensable que alguna vez yo fuera a convertirme en su Aurelia.
Usted, para ese entonces, ya era Sarmiento.

Palabras que el autor pone en labios (o en el pensamiento) de Aurelia Vélez Sarfield cuando, muchos años después, ella recuerda  el momento en que por primera vez se vieron: ella tenía unos nueve años, él tocaba la treintena.
La novela se divide en tres partes: “Lo que vendrá”, “Recuerda, Aurelia, recuerda” y “En alta mar”, partes que a su vez se fragmentan en sesenta y siete capítulos consecutivos.  Al eje de los personajes principales se concadenan otras dos líneas argumentales. La presencia de un periodista estadounidense, Harry Howard, enviado por su suegro a Asunción del Paraguay para entrevistar a Sarmiento y escribir su biografía, “que a nadie le interesará”, según el propio Howard. Por otro lado, el destino de una familia argentina radicada en Asunción, integrada por el padre, sus dos hijos, y un ayudante mestizo. El hombre, ex combatiente en la guerra de la Triple Alianza (Brasil, Uruguay y Argentina contra Paraguay) aún espera que el actual presidente de Argentina, Juárez Celman, le restituya su cargo militar y le otorgue una pensión, porque hasta ese momento la espera ha sido vana. Vemos que el autor se vale de personajes y de hechos reales, como en el caso de Sarmiento, además de adoptar el biografismo ficcionalizado y personajes auténticamente ficticios.
Ficción y realidad se entrelazan en esta obra muy bien documentada, un gran trabajo de L. E. Benítez que, mediante un lenguaje transparente y fluido y siempre equilibrado, hace placentera su lectura y mantiene constante la atención del lector.
Pienso que se trata de una novela de amor a través del cual, por el rol destacado de los protagonistas, desfila toda la historia argentina de la época y la época misma.
Ahora Sarmiento está al borde de la muerte pero al no poder Aurelia afrontar esta situación decide viajar a Europa. Ella no deja de pensar en su amado Mingo y esos pensamientos componen una verdadera biografía de ambos... Paría, Ginebra, Roma, en todos los sitios, porque para el amor todos los sitios son un solo sitio, está “su” Mingo acompañándola.
Aurelia, la hija de Dalmacio Vélez Sarfield, redactor del Código Civil; Aurelia, una mujer singular que se rebeló contra todos los prejuicios de la época, desde su casamiento con un primo que terminó en separación y escándalo, hasta su relación amorosa con Sarmiento (un hombre casado que vio en ella “una brillante inteligencia”, “una destacada belleza”), Sarmiento, el exiliado en Chile por oponerse a Rosas, el consejal por la provincia de Buenos Aires, el senador de la Nación, el embajador, el Presidente de la Argentina, el “Loco”, como lo llamaban.
Si bien la relación entre ambos era un secreto a voces, Benítez no entreabre puertas y tanto en el barrio del Tambor como en la casita de la isla del Delta donde tenían lugar sus “encuentros” íntimos, el autor con sabiduría tiende un manto translúcido sobre los amantes, donde ya no vemos imágenes sino escuchamos voces entrecortadas: “Mingo, Mingo mío... mi Aurelia”, logrando uno de los picos sobresalientes de su novela.
Esta obra nos transporta a otra época (siglo XIX) donde detectamos conflictos, peleas por el poder, divisiones internas, no tan diferentes a las que periódicamente sufre nuestra patria. Cito: “Antes realistas versus independentistas, padres contra hijos,... Después unitarios contra federales, y federales tibios también contra federales enragés. Luego los de la Confederación contra los porteños... alsinistas contra mitristas, mitristas contra roquistas, mitristas y roquistas contra juaristas...”

 Y acá me detengo. Me pregunto y les pregunto:
_Señores ¿hasta cuándo?

 Llevándonos atrás en el tiempo,  Benítez en esta novela nos hace reflexionar sobre el futuro.¡Reflexionemos!

 Cristina Berbari, agosto 2020.




martes, 18 de agosto de 2020

Molinos de viento nº 7

 Molinos de viento nº 7

Boletín de Artes y Letras - Julio 2019


EL FRÍO EN LA MOCHILA

Lucas acaba de decidir que a partir de ahora se quedará callado.No, como solía, hablar muy poco. No encuentra otra solución: quedarse de veras callado. Que hablen sus actos por él, en todo caso.Acaba, también, de escuchar las pantuflas del padre subiendo por la escalera. Prefiere permanecer frente al espejo cuando consigue ponerse de pie; más por no entreverlo metiéndose en el dormitorio antes de gritarle a la madre que por adivinarse en el reflejo. Hoy su cara le repele aún más que ayer. Demasiadas huellas novedosas, aunque le parecen tan antiguas y  tan grabadas, ya, como las invisibles. O una continuidad. Los días pueden ser años, concretos daños. Durmió bastante, hace no más de un cuarto de hora que se despertó, tiene sólo once años, es temprano y, sin embargo, se siente muy cansado. No debería. No tendría que ser así. Pero es. Tuvo, de nuevo, ese sueño. Entraba al aula con la mano metida en la mochila, tocando el metal frío, y lo recibían sus compañeros y la maestra,aplaudiéndolo delante del pizarrón, desconcertantes, obligándolo a preguntarse cuándo dejarían de fingir y harían lo de siempre. Y su padre, palmeándole el hombro y diciéndole que todo había sido una joda, una prueba para saber cuánto aguantaba. Sueño recurrente (una semana seguida) en el que su cara estaba lisa, limpia. Sin cachetadas de las cenas. Sin escupidas. Sin los moretones de la golpiza en el vestuario, después de la patada que por tronco le dio justo al líder del grupo, devuelta sin reparos a su rodilla en el patio todavía. Esa era una de las novedades: desde que entró al colegio, en 3° (y ya están en 6°), lo tomaron de punto. Cargadas, las escupidas mencionadas, algunos empujones, provocaciones a su silencio. Y a sus raras réplicas también. Las risas, incluso, de las nenas. Las de la mayoría, con honrosas excepciones. Pero golpearlo, en serio, sus compañeros, recién ayer. Parece mucho más tiempo. No recordaba otro día tan largo. Tan lento. Primero, las trompadas. De vuelta en casa, encerrarse en la pieza, como casi siempre.Sentado en la cama, jugar a darles nombres precisos a los muñecosarticulados. Y derribarlos. Cuidadosamente. No olvidaba que el padre le había revoleado por la cabeza el único que rompió al caérsele sin querer. Y no había olvidado tampoco, antes de bajar a comer, alinearlos en la repisa exactamente como la madre los ordenaba en su ausencia. Ni acomodarse los anteojos en un intento de que se le notara lo menos posible el moretón, la media luna violácea debajo del ojo izquierdo, junto a la nariz. Durante un rato había servido. Cenaba en silencio, viendo al maniquí con teleprompter, sonriente en la pantalla del Sanyo, y escuchando a la madre preguntarle tímidamente al padre si había hablado con el comisario. Sí. Hoy, ayer, anteayer. Y lo único que me dice es que sigue sin haber adicionales, que espere. Cree que me va a joder. A mí. Pareció que podría terminar de comer sin que lo advirtieran. Pero, de repente: ¿y a vos qué te pasa, que estás tan callado, para variar? ¡Contestame cuando te hablo! Nada, había susurrado Lucas mientras por dentro repetía el mantra, que no se den cuenta que no se den cuenta que no se den cuenta, inclinado sobre su plato. ¿Qué es eso que tenés ahí? Justo a él, un especialista en interrogatorios y en no dejar marcas, tratar de ocultarle la evidencia. Nada, había insistido Lucas aún más débilmente y sin ver que venía, aunque sospechaba por lo acostumbrado, la mano abierta que le voló los anteojos al piso y lo obligó a levantarlos. Tener un hijo tan cagón que ni se pelea, decía el padre. Éste a mí no salió, eso es seguro. El mudito. Es culpa tuya, que lo malcriás. Y la madre agachaba la cabeza, sin defenderlo ni defenderse, con la certeza de que más tarde sería también castigada.Entonces había vuelto a su dormitorio. Y derribado otra vez a los muñecos, agregados un par de nombres, todos juntos, con violenciay dejándolos desparramados en la repisa, amontonados, antes de acostarse y de que el sueño se repitiera. Una joda, una prueba. Y el frio del metal yéndosele de la mano, vacía la mochila, mientras se decía: no se imaginan lo cerca que estuve. Y al parpadear sintiendo la hinchazón entre el ojo izquierdo y la nariz, darse cuenta de que el reloj todavía no sonaba porque se había despertado más temprano, aún a oscuras la ventana y en silencio toda la casa, faltando, supuso, para que los padres se levantaran.Descendió sigiloso pese a la urgencia que le apretaba la vejiga. En el comedor, colgada del respaldo de la silla con el uniforme, estaba la cartuchera, sorprendentemente abierta, asomándose la culata que brillaba negra, iluminada por el farol del jardín. Lo suficiente para tentarlo a tocarla y sentir el mismo frío del sueño. Y escuchar dema siado tarde el agua que se escapaba del inodoro y el giro de la puer ta del baño poniéndolo bajo un foco inmediato, y la aceleración de los pasos a su espalda, como si hiciera falta correr para alcanzarlo y patearlo ayudándose con el puño. Como truenos, donde pudiera dar le para dejarlo hecho un ovillo en el piso, al lado de la mesa. Se te ocurre tocármela una sola vez más y yo te mato, pendejo de mierda.Te mato, prometió la sombra, inmensa, antes de subir por la escalera llevándose todo lo que había en la silla.¿Hace cuánto? ¿Cinco, diez minutos? Los gritos no se entienden.¿Importan? ¿Importa, ya? Lucas, incorporado, no se reconoce en el espejo. No es tanto por las heridas que le deforman la cara como esos espejos que alargan, achican, estiran, hinchan los cuerpos. De laberinto, le surge. Ni porque las dos lamparitas del baño solamente le iluminan una mitad, un perfil. Tampoco porque al apuro se le sumó el miedo desbocado y el piyama está empapado. O por el dolor físico. Es otra cosa. Sus ojos entrecerrados ven a otro, que ya no es el que fue y no se quejará ni se esconderá. No, se da vuelta. No importa, piensa, le dice, ahora sí alzando la cabeza, al que sigue gritando allá arriba, secundado cada tanto por algunos lamentos agudos. Yo sé dónde guardás el del silenciador. La única duda de Lucas es qué hará con la que vuelve a chillar. Pero está seguro de que en la mochila habrá espacio. Y que empezará en el colegio y la seguirá en casa hasta completarla. O mejor en la casa, primero. Ya decidirá. Quizás hoy mismo. Y si no, mañana. O pasado mañana. Cualquier día de estos, en cuanto encuentre la oportunidad.

EMANUEL KRYSKOWSKI

kryco@hotmail.com


 SONETO


Éstas que fueron pompa y alegría

Despertando al albor de la mañana,

A la tarde serán lástima vana

Durmiendo en brazos de la noche fría.


Este matiz que al cielo desafía,

Iris listado de oro, nieve y grana,

Será escarmiento de la vida humana:

¡Tanto se emprende en término de un día!


A florecer las rosas madrugaron,

Y para envejecerse florecieron:

Cuna y sepulcro en un botón hallaron.


Tales los hombres sus fortunas vieron:

En un día nacieron y espiraron;

Que pasados los siglos, horas fueron.


PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA, español (1600-1681)



Molinos de viento

Boletín de Artes y Letras

Año 1 - Nº 7 - Julio 2019

Publicación sin fines de lucro - Distribución gratuita

San Carlos 1520 - Santos Lugares - osmarbondoni@yahoo.com.ar

Director: Osmar Luis Bondoni



BALADA DE LO QUE NO VUELVE


Venía hacia mí por la sonrisa

Por el camino de su gracia

Y cambiaba las horas del día

El cielo de la noche se convertía en el cielo del amanecer

El mar era un árbol frondoso lleno de pájaros

Las flores daban campanadas de alegría

Y mi corazón se ponía a perfumar enloquecido


Van andando los días a lo largo del año

¿En dónde estás?

Me crece la mirada

Se me alargan las manos

En vano la soledad abre sus puertas

Y el silencio se llena de tus pasos de antaño

Me crece el corazón

Se me alargan los ojos

Y quisiera pedir otros ojos

Para ponerlos allí donde terminan los míos

¿En dónde estás ahora?

¿Qué sitio del mundo se está haciendo tibio con tu presencia?


Me crece el corazón como una esponja

O como esos corales que van a formar islas.

Es inútil mirar los astros

O interrogar las piedras encanecidas

Es inútil mirar ese árbol que te dijo adiós el último

Y te saludará el primero a tu regreso

Eres sustancia de lejanía

Y no hay remedio

Andan los días en tu busca

A qué seguir por todas partes la huella de sus pasos

El tiempo canta dulcemente

Mientras la herida cierra los párpados para dormirse

Me crece el corazón

Hasta romper sus horizontes

Hasta saltar por encima de los árboles

Y estrellarse en el cielo

La noche sabe qué corazón tiene más amargura


Sigo las flores y me pierdo en el tiempo

De soledad en soledad

Sigo las olas y me pierdo en la noche

De soledad en soledad

Tú has escondido la luz en alguna parte

¿En dónde?, ¿en dónde?

Andan los días en tu busca

Los días llagados coronados de espinas

Se caen se levantan

Y van goteando sangre.

Te buscan los caminos de la tierra

De soledad en soledad

Me crece terriblemente el corazón

Nada vuelve


Todo es otra cosa

Nada vuelve nada vuelve

Se van las flores y las hierbas

El perfume apenas llega como una campanada de otra provincia


Vienen otras miradas y otras voces

Viene otra agua en el río

Vienen otras hojas de repente en el bosque

Todo es otra cosa

Nada vuelve

Se fueron los caminos

Se fueron los minutos y las horas

Se alejó el río para siempre

Como los cometas que tanto admiramos


Desbordará mi corazón sobre la tierra

Y el universo será mi corazón.


VICENTE HUIDOBRO, chileno (1893-1948)



NACER


Mis pensamientos abren la ventana:

un revoloteo de hojas secas en la frente.

No sé dónde me he dejado olvidada.

Pero una luz de comienzo del mundo

pacientemente rehace mis contornos.



EL SANTO OFICIO Y LA HECHICERA

(Poema barroco)


Oculta tras biombo de la paradoja

Eco de aliteración me persigue;

Navego en imágenes,

Metáfora me sueño,

Desde cacofonías brillo.

Me atan los heptasílabos.

Me encarcelan paréntesis.

Me clavan con asteriscos.

Sobre andamio en balancín

Ante el juicio verbal bebo, bebo,

Bebo el brebaje de amargas vocales

(Anáfora, anáfora)

Ah, ah, ay, juanas, teresas,

Claman en claroscuro cielo e infierno,

Sentimiento y razón, espíritu y

Materia, hasta el éxtasis.

Danza inmóvil de la bruja santa

En helada pira ardiente del oxímoron

(Oxímoron, oxímoron)

Papel cantante retorciendo llamas

Dorado platino incandescente.

Ya ceniza de resurrección, desasida,

Libre por el templo del cuerpo del poema.

En el cáliz me espero en la palabra

Para ejercer y celebrar

El santo oficio de hechicera.


CRISTINA BERBARI

cristinaberbari@gmail.com



Henri Matisse (1869-1954)

Interior con fonógrafo (1924)


Y ya en la despedida, sugerimos:

Las seis cantatas del “Oratorio de Navidad”, BWV 248,

de Juan Sebastián Bach.


sábado, 8 de agosto de 2020

LOS AMORES DE LA REINA MARGOT

  


LOS AMORES DE LA REINA MARGOT


    Matilde está sentada a la mesa de un café de Corrientes y Riobamba, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires. Absorta en la lectura, da los últimos toques al trabajo que debe entregar en la clase de historia francesa que cursa en el Instituto. No escucha el ruido del tránsito por la avenida que a esta hora es tumultuoso, ni el parloteo en las mesas vecinas, ni el tango que suena en el local. Sin embargo, de pronto se percata de dos versos de esa canción: 

             ¡ ...  Si hasta el nombre te han cambiado como has cambiado de suerte:    
             ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot!  

    Deja de leer. Sí, no hay duda, se dice, es el tango “Margot”, con letra de Celedonio Flores y música de Carlos Gardel y de otro compositor cuyo nombre no recuerda. Y exclama en voz alta: —¡Qué casualidad!  ¿O será tal vez una “sincronicidad”, como llama Jung a esas coincidencias que ella también suele tener frecuentemente? Desde hace un par de semanas está repitiendo ese nombre día y noche al preparar su trabajo sobre el tema “Los amores de la Reina Margot”, y ahora lo escucha en este tango.
    Para encarar el texto se había documentado a fondo. Devoró la larguísima novela de Alejando Dumas, que precisamente consiguió por azar en una librería de usados de esa misma cuadra. También leyó “Rojo y negro”, la estupenda novela de Stendhal que introduce la trama como una historia dentro de otra historia. Y más, reproducida en video vio la película dirigida en 1994 por el francés Patrice Chéreau, donde Isabelle Adjani interpreta a la sensual Reina. 
    Y a su oído vuelven a resonar los versos:

             ¡ ...  Si hasta el nombre te han cambiado como has cambiado de suerte:    
             ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot!  

    E inmediatamente piensa que, de haberlos conocido, el propio Enrique IV, Rey de Francia y de Navarra, al separarse de su mujer, con cierta nostalgia y con tono sensiblemente gardeliano los hubiera cantado. Y recordando la imagen del rostro del rey, Matilde no puede disimular una sonrisita.
    Tal vez necesitaré ajustar el texto, se dice, y repuesta del asombro vuelve a la lectura:
    “El 18 de agosto de 1572, la princesa católica Margarita de Valois, joven voluptuosa que según Brantôme representaba un “modelo perfecto de belleza”, se unió en matrimonio, no sin objeciones, al protestante y poco atractivo Enrique de Borbón, Rey de Navarra. 
    A Margarita la llamaban “Reina de los Corazones”, porque los bolsillos interiores de su miriñaque guardaban cofres de oro con estas vísceras embalsamadas de sus “fieles amigos”, según lo atestiguara Tallemant des Réaux en sus Historias. No obstante, a pesar de las apariencias, el corazón de la princesa se mantuvo fiel a un solo hombre.
    A diferencia de Enrique, con su permanente tufo a sudor y ajo, Margarita tenía el hábito de estar pulcra y perfumada, pues su madre, la florentina Catalina de Médicis, había impuesto esa moda en Francia. A esta costumbre, la joven añadía  la de apuntar, con esmerada caligrafía, en un cuaderno de tafilete azul con incrustaciones de plata y marfil, el nombre de sus amantes: 

    Enrique, Duque de Anjou, su hermano. 
    François, Duque de Alençon, su hermano menor.
    Enrique, tercer Duque de Guisa
    Jean-Baptiste,  músico de la corte. 
    Émile,  artista pintor
    (y ¿por qué no?) Charlotte, dama de compañía. 

    En cuanto a Enrique de Navarra, traía al matrimonio sus vitales diecinueve años y la angustia de saber que su madre Juana de Albret había sido asesinada mediante las malas artes de Catalina.
    Diversas denominaciones se le dio a ese enlace: los jesuitas lo llamaron “unión execrable”, porque no se esperó la dispensa papal necesaria, tanto por la diferencia de religión como por el parentesco de los esposos: ambos eran bisnietos de Carlos de Orleáns, conde de Angulema; Margarita lo era por la rama paterna, Enrique, por la materna. 
    Se la designó además “ceremonia sacrílega”, ya que si bien era costumbre casar a las princesas francesas sobre un estrado en las puertas de la Catedral de Notre-Dame, en este caso, la ceremonia tuvo lugar allí para evitar la misa de esponsales; además la pareja fue bendecida por el cardenal Carlos de Borbón, en su carácter de tío del novio y no como sacerdote. 
    Se la calificó como “Boda de conciliación”, al haberse buscado con este matrimonio un entendimiento entre católicos y  protestantes.
    Y por último, “Bodas rojas” por la sangre que corrió una semana después de la ceremonia, el 24 de agosto, enrojeciendo las oscuras zanjas de París en la Noche de San Bartolomé. 
    Gritos, sangre y muerte fueron los protagonistas de aquel día en que se conmemoraba el martirio del Santo. ¿Esa fecha había sido elegida por los fanáticos católicos para llevar a cabo la masacre como una venganza a través de los siglos? ¿Fue casual la elección?     
    Lo cierto es que esa noche por las calles de París se vio lo nunca visto: miles de sombras huyendo y muchas otras persiguiéndolas sedientas de sangre. Miles de cadáveres se encontraron diseminados por todas partes. Hasta en los corredores del palacio del Louvre. A la alcoba de Margarita, sorpresivamente había llegado un caballero hugonote gravemente herido, quien momentos antes se había jurado a sí mismo que si sobrevivía a la matanza se convertiría al catolicismo: el conde Joseph Boniface De la Mole, el agraciado mancebo que nunca se iría del corazón de la Reina de Navarra. 
    Ambos se atraían como imanes.
    —¡Extraordinariamente dotado!— suspiraba la experta joven refiriéndose a los atributos que ostentaba el amado.  
    Cierto día el amante presagió: “Margarita, juradme ante la imagen de Dios que aquí mismo me salvó, que si muero por vos, tal como me lo anuncia un sombrío presentimiento, conservaréis esta cabeza, que el verdugo habrá separado del tronco para apoyar en ella vuestros labios.”
    Lúgubre, desesperada predicción. 

    Tras haber manipulado con la yema humedecida en su propia saliva las hojas envenenadas de un tratado sobre la cría de halcones, el joven rey Carlos IX estaba próximo a morir. Para hacerse del poder vacante, Enrique de Navarra y François de Alençon tramaron una conspiración. Al fracasar ésta, fueron encerrados. Dos de los conjurados intentaron liberarlos, sin éxito. Uno resultó ser De la Mole, a quien se lo acusó de atentar, mediante brujerías, contra el rey Carlos, al habérsele encontrado entre sus pertenencias una figurita de cera atravesada por una aguja en el lugar del corazón que presuntamente representaba al soberano. En realidad, la figura era la de su hermana, la reina Margarita. Se trataba de un hechizo de amor que el joven Boniface había encargado a un adivino. El otro conjurado era el hidalgo piamontés Aníbal Coconnas, íntimo amigo de De la Mole, a quien se le acusó por la misma razón. Con estos cargos y con el visto bueno de Catalina de Medicis, el último día de abril de 1574, ambos jóvenes fueron decapitados por el verdugo en la plaza de San Juan de la Grève. La Reina Margarita de Navarra o Reina Margot, y su amiga la duquesa de Nevers, le compraron aquellas cabezas al verdugo. 
    Cubierta con una capa y embozada, la joven reina abandonó el palacio para dirigirse a la cueva húmeda y fétida donde yacían los restos de su amante. “Con sus manos deslumbrantes de alhajas, levantó suavemente la cabeza que tanto había amado” y, tal como lo había jurado, besó los labios inertes con sus labios encendidos y rojos. En una bolsa de brocado recamada de perlas, cuyo interior estaba impregnado con el ungüento destinado para embalsamar a los reyes, guardó el venerado despojo a fin de conservarle eternamente su hermosura y transportarlo hasta el gabinete contiguo a su dormitorio. 
    A las doce de la noche del día siguiente, vestida totalmente de negro y ornado su cabello con colgantes en forma de calaveras y cintas de crespón  —tocado que al paso de las horas semejaría un nidal de oscuras serpientes—, sola en la litera, Margot llevó sobre su regazo la cabeza del hombre amado para depositarla en un lugar secreto de la capilla de Saint Martin, en el bajo Montmartre. 
    Al regresar, encerrada en su alcoba, lloró y lloró. Después, abrió el cuaderno de tafilete azul con incrustaciones de plata y marfil y como colofón de la larga lista de nombres, con esmerada caligrafía apuntó: 

    Conde Joseph Boniface De la Mole.

    Con el paso del tiempo y a pesar de lo sucedido, en un rincón de su corazón Enrique de Navarra seguía apreciando a su esposa Margarita. Si bien sus relaciones nunca habían sido íntimas —sólo se habían jurado un pacto de apoyo mutuo para alcanzar juntos el poder—, varias veces ella le había salvado la vida en aquella corte donde abundaban  nigromantes y regicidas, al haberse producido unos veinte intentos de asesinato contra él. 
    En cuanto a la figura de la reina, su talle engrosaba e iba perdiendo la belleza —algunos remarcaron que se había vuelto “horriblemente gorda”—, aunque, en la lista de su cuaderno de tafilete azul con incrustaciones de plata y marfil, seguía apuntando los nombres de sus amantes:

    Louis de Clermont, señor de Bussy d’Amboise. 
    Enrique de La Tour d’Auvergne, vizconde de Turenne
    Jacques de Harlay, señor de Champvallon, caballerizo mayor.
    Gédeon, un guardián. Etc., etc.

    A pesar de estas nuevas aventuras sentimentales, no dejaba pasar un solo aniversario sin recordar a su amado De la Mole. Cada 30 de abril llevaba un luto riguroso, luciendo el tocado de calaveras y múltiples cintas de crespón. La gente aseguraba que a determinada hora, el tocado parecía transformarse en un nidal de sierpes negras. A su manera, el corazón de Margot, mientras latió, fue fiel a un solo hombre. Algo así como la unidad dentro de la variedad.
    Hacia 1589, Enrique de Navarra sucedió en el trono al anterior Enrique, su cuñado. Con el propósito de llegar a tener una descendencia legítima, pidió la anulación de su matrimonio con Margarita, aduciendo consanguinidad, matrimonio forzado y esterilidad. Ella, que había pasado diecinueve años prisionera en el castillo de Usson por decisión de su hermano, con el beneplácito de su marido, dio su consentimiento...”

     —Sí, seguramente el trabajo necesitará ajustes —se dice Matilde—: reforzar el texto argumentativo, dar una conclusión, agregar las fuentes bibliográficas... 
     Recoge sus papeles, los guarda en la carpeta, y sale del local.
     Y pensando en el jocoso gesto que hubiera contraído el poco agraciado rostro de Enrique IV, con una sonrisa enfila por la avenida Corrientes tarareando:

             ¡ ...  Si hasta el nombre te han cambiado como has cambiado de suerte:    
             ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot!

CRISTINA BERBARI  (*)

Publicado en la Antología El amor en la literatura actual
Colección El Puente imaginario, compilación de Norma Mazzei
Ediciones Tu Llave, San Andrés, 2018
ISBN 978-950-706-146-2

 (*) Buenos Aires, Argentina. Funda y dirige la revista de poesía Fijando Vértigos a partir de 2000. Selecciona una Antología de Poetas Argentinos (2007-1ª ed. y 2008-2ª ed.), Miembro de Red Mundial de Escritores en Español REMES.
Obra publicada: Penúltimo portal (ilustrado con xilografías de la autora, 1983). Los lagos y la tortura (1999). Incandescencia (Tríptico, 2001). El olvidado (plaquette, dibujo de Matías Berbari, 2003). ¡Oh, la Omega! (2004). Doloras de la piedra negra y voces invitadas a perseguir nubes (2005). La Señora Bovary a dos voces (paquete, 2005). Salmodias del no (2007). Una extraña necesidad de canto (2007). Rosas en vuelo (bilingüe, 2007) y Sudario profano (bilingüe, 2008), traducidos al catalán por Pere Bessó, Fuegos en fuga (libro compartido, 2013). Las abejas de Venus (libro compartido, 2014).
Antologías: Antología Certamen Nacional Poemas Ilustrados, Ateneo Cultural, Buenos Aires (1984). Voces latinoamericanas: Argentina, Cuba, Chile, Colombia y Perú (plaquetas, 2001). Presencias en el Grupo Presencias (2003). John Donne o el péndulo de lo paradojal, ensayo bilingüe (español-inglés) publicado y digitalizado, AIR Colección 4 CIELE-IXWE, de la XI Convención Internacional de Escritores en Lenguas Europeas, Cuarta de la Nueva Andadura, Málaga, España (2009). Antología Internacional La re-evolución de la palabra, Col. Café con Letras, (La Plata, 2013). AIR 20-21-23-24-25, dir. M.Cirerol, Málaga, España. Huellas a la mar 4 y 5, Literarte (2014-2015) El amor en la literatura actual (compilación de Norma Mazzei) Tu Llave, San Andrés, 2018.
Selecciones: “Homenaje a Federico García Lorca” por Fijando Vértigos 13, C.C. Paseo Quinta Trabucco, Municipalidad de Vicente López (2006), Un puente tendido: La poesía de Dora Hoffmann (ensayo), Congreso de Literatura “Hacia el Bicentenario-Dos siglos de mujeres en las letras”, Museo Roca-Instituto Investigaciones Históricas y Grupo Némesis (2009). XI Convención Internacional de Escritores en Lenguas Europeas, Málaga, España, CD (2009). Bartleby, una interpretación a través de la poesía (ensayo), Jornadas sobre lo Oculto y lo Maravilloso, Grupo Némesis (2010). Poesía Viva 14a edición: entrevista a la poeta Lucía Févola (2010). XII Recital Poético Multilingüe unido a los programas de las Naciones Unidas, Fredericton, New Brunswick, Canadá (2012). Muestra Siglo XXI de la Poesía en Español, Prometeo 2012, Madrid, España; ambos Capítulos bajo el amparo de la Academia Iberoamericana de Poesía. IX Exposición Mural y virtual de Poesía y Arte, Recitales poéticos sin fronteras, Registro Creativo, Canadá (2013). 7a Exhibición Internacional de Póster de Poetas Iberoamericanos Contemporáneos, Capítulo Fredericton, St. Thomas University, Canadá. El poema Dos en el hilo de un barrilete en llamas de la autora, fue seleccionado y leído por Laurence Pigeon (2013). El poema Imagen deshabitada, fue musicalizado e interpretado por Aldo Videla y Valeria Rinaldi.
Distinciones: Reconocimiento a Penúltimo portal (2000); Premio a Trabajadores de la Cultura (2000) y Premio Aporte a la Cultura Nacional (2002); Mención Nacional Certamen Aldo Alessandri 35o por Acerca del lepidóptero y la relatividad del tiempo (2002), otorgados por la Municipalidad de Azul. Cuarto Premio Internacional de Poesía Artesanías Literarias, Israel, por el tríptico Jirones del infierno que duele (2007). 
Panorama Literario Histórico 2010-2011 Book Crossing-Reto de las Décadas Argentinas-libros elegidos para leer de 1983: Penúltimo Portal de Cristina Berbari. 
Figura en el Apéndice “Poetas referentes de cada período” Siglo XX –1943 (pag. 243), en el ensayo de Luis Benítez “Historia de la Poesía argentina- De Luis de Tejeda al Siglo XX”, Córdoba, Buena Vista, 2018.
Participa de un Taller de Iconografía (2015-2018)

Coordina: www.cristinaberbari-fijavertigos.blogspot.com
                 www.cristinabernabeo-berbari.blogspot.com
                 www.geocities.ws/fijandovertigospoesia/




 

miércoles, 15 de mayo de 2019

Presentación Ensayo de Luis Benitez


-Historia de la Poesía Argentina-

De Luis de Tejeda al siglo XX




 El próximo viernes 17 de mayo, en el Café Literario Montserrat, San José 524, CABA, a las 20 horas, se presenta el ensayo de Luis Benítez 

"Historia de la Poesía Argentina. 


De Luis de Tejeda al siglo XX" 

  Reseña los primeros 400 años del género en nuestro país. 
El volumen se completa con un apéndice: “Poetas Referentes de cada Período”, 
que abarca a 1.356 poetas argentinos

                                                  Buena Vista Editora - Colección Apalma
                                                         Dirección; Alejandro Schmidt


APÉNDICE:
POETAS REFERENTES DE CADA PERÍODO

  Presentamos a continuación un listado tentativo de más de 1.300 poetas argentinos correspondientes a cada período, a partir del siglo XVII e incluyendo a aquellos que publicaron su primer libro individual antes del 31 de diciembre de 1999. Contiene fecha de nacimiento —y de deceso cuando corresponde— así como los seudónimos, nombres y apellidos bajo los cuales fue o es conocido el autor. Cuando es pertinente se agrega entre paréntesis y en bastardillas los nombres y apellidos completos del autor y en caso de desconocerse la fecha de su deceso se apela a los signos de interrogación. El ordenamiento es cronológico (según el año de nacimiento) y alfabético (según el apellido).

SIGLO XX

1940/1949:

1940: Martín Alvarenga, Carlos Alberto Artayer, Anadela Arzón, Niní Bernardello, Rodolfo Braceli, Julio Carabelli (1940-2014), Germán Walter “El Churqui” Choque Vilca (1940-1987), Osvaldo Costiglia, Alberto Cousté (1940-2010), Carlos Manuel Fernández Loza (1940-2005), Juan José Folguerá (1940-2004), Elena Susana Eyheremendy, Ernesto Goldar (1940-2011), Juan Manuel Inchauspe (1940-1991), Kiwi (Héctor Rolando Rodríguez), Rita Kratsman, Alberto Laguna, Osvaldo Lamborghini (1940-1985), Wenceslao Maldonado (1940-2016), Miguel Oscar Menassa, Mario Paoletti, Basilia Papastamatíu, Felipe Reisin, Jorge Riveiro (Jorge Carlos Zanardi Riveiro) (1940-2011), Susana Salado, Alberto Szpunberg.
1942: Osvaldo Ballina, Norberto Barleand, César Isidro Actis Bru (1942-2010), Oscar Agú, Pablo Edmundo Ananía, Hugo Oscar Balducci (1942-2012), Gladys Barretta, Leopoldo José Bartolomé, Guillermo Boido (1941-2013), Ricardo Carreira (1942-1993), Delia Checa, Susana Chevasco (1941-2007), Rubén Chihade (1941-2001), Alberto Costa, Ana María Cué, Jorge Díaz Bavio (1942-2010), Hugo Diz, Lucila Févola (1942-2013), Rodolfo Enrique Fogwill (1941-2010), Santiago Kovadloff, Alberto Laiseca (1942-2016), Carlos Levy, Lilia Lardone, Élida Manselli (1941-2013), Diego José Mare, Alfredo Jorge Maxit, Héctor Mendes, Susana Michelotti (1942-1997), Kato Molinari, Hugo Mujica, Eduardo Palma Moreno, Luisa Peluffo, Carlos Pierre, Enrique Puccia (1941-2001), Susana Quiroga, Graciela Ruiz (1941-2014), Miguel Ángel Sabattini, Hugo Salerno, Daniel Nelson Salzano (1941-2014), Carlos Sánchez, María Cristina Santiago, Santiago Sylvester, Luis Osvaldo Tedesco, Susana Toso, Bernardo Uchitel, Carlos Virgilio Zurita.
1943: José Antonio Abdelnur (1943-2000), Martha Acosta, Roberto Francisco Alifano, Mario Altamirano Cuello (1943-2003), Cristina Berbari, Elsa Copati, Norberto Corti, Enrique Courau (1943-1976), Guillermo Gerván Varela, Raúl Guzmán Rodríguez, Ketty Alejandrina Lis, Diana Piazzolla (1943-2009), Adalberto Polti, Clara Rebotaro, Mario Romero (1943-1998), Manuel Ruano, Raúl Armando Santillán, Jorge Natalio Silberman, María del Carmen Suárez, Alberto Tasso, María Celia Triviño (María Celia Azcurra), Susana Valenti.
1944: Raúl Emilio Acosta, Luis Argañaraz, Dora Battistón, Manuel Bendersky, Carlos Enrique Berbeglia, Aldo Cristanchi, Mirtha Defilpo (1944-2011), Silvia Dupuy, Jorge Luis Estrella (1944-2014), Hilda Angélica García, Luis Francisco Houlin, María Rosa Maldonado, Juan Carlos Martini, José Luis Menéndez,  Eduardo Mosches, Roberto Hugo Ovalle, Roberto Ferro, Julio César Salgado, Mario Satz, Paulina Vinderman.


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jueves, 14 de junio de 2018

Asociación Prometeo de Poesía



www.prometeodigital.org
Una publicación de la Asociación Prometeo de Poesía
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MUESTRA 2012 DE LA POESÍA EN ESPAÑOL   CRISTINA BERBARICristina BERBARI

Cristina BERBARI
La "Muestra 2012 de la Poesía en Español", sucesora del "Inventario Relacional de la Poesía en Español", de 2000, y de la "Muestra 2005 de la Poesía en Español", pretende establecer, a través de varios exámenes de una muestra aleatoria (algo más del 2% de un universo estimado en 7.000 poetas), las características fundamentales de la poesía que hoy se escribe en español. Para más información, escribir a la A.P.P., por su correo electrónico appmadrid@yahoo.es
Inicio de la sección
  Presentación
  Poetas incluidos
    B
  Estudios sobre la Muestra




Estudios a realizar sobre la
"Muestra 2012":

  - anagráficos
  - de estratificación
  - estructurales
  - temáticos
  - de personalización
  - arquetípicos
  - de oblicuidad
  - de autobiografías
  - de títulos
  - de versificación
  - otros








MUESTRA 2012 DE LA POESÍA EN ESPAÑOL
Un trabajo sobre el estado de la poesìa actual, diseñado y realizado por el filólogo y escritor Juan Ruiz de Torres y el ingeniero José Javier Márquez, junto a los profesores y estudiosos autores de los diversos tratamientos de los datos recogidos que se incorporan al trabajo.
BIOGRAFÍA.
País: Argentina
País de residencia: Argentina
Lugar y año de nacimiento: Buenos Aires, Argentina, 1943

Autobiografía mínima (preparada por el poeta):
Maestra Normal Nacional. Dibujante. Xilógrafa. Ensayista. Funda, dirige y edita la revista Fijando Vértigos Poesía. Reconocimientos: "Círculo Mitre", "Azul", "Argentina" y "Premio Trabajadores de la Cultura, 2000-2002". Selecciona una Antología de poetas argentinos (2007). Ponente en Congreso de Literatura "Hacia el bicentenario. Dos siglos de mujeres en las Letras", Buenos Aires; "XI CIELE, Convención Internacional Escritores Lenguas Extranjeras", Málaga, España, 2009; participa en "XII Recital Poético Multicultural-Multilingüe", Fredericton, New Brunswick, Canadá, 2012.

Poemarios (>de 39 p.) y premios:
Penúltimo portal (1983, premio: Intendencia Municipal de Azul), Los lagos y la tortura (1999), ¡Oh, la Omega!(2004), Doloras de la piedra negra (2005), Rosas en vuelo (2007), Sudario profano (2008).

Correo electrónico: cristinaberbari@gmail.com


POESÍA.

LA BELLA DAMA

    ¡La belle dame sans merci te ha hecho su esclavo!
    John Keats

Alimenta mi sombra.
Da de beber a la sedienta,
la pequeña oculta.
En tiempo de plenilunio
estimula su costado,
su profundidad,
su geometría,
su tenue vaivén.
Vela su sueño en hora sin luna.
Ella, la incierta,
ciertamente devendrá mi rival.
Hebra por hebra habrás de deshilar
urdimbres misteriosas.
Sombra que te nombra y nos asombra.
Atento al llamado de luciérnaga,
persíguela,
tras la estela
alcanza aquella fúlgida tiniebla,
desnudo desnuda esa oquedad
-vorágine despeñadero-
penétrala, húndete, traspásala,
así, hasta el ardor,
hasta el grito,
hasta reconocer la forma nueva:

voraz, insaciable abrazo de la noche.

(2007)


ENCUENTRO

El hombre feliz frotará sus manos,
presagia Apollinaire.
Aparece Ella, fruto súbito,
sola entre la gente.
Y Él se frota las manos, feliz.

Nacen sus cuerpos.
Ella y Él entre el gentío ¿a solas?

El adentro gira, gira y se vuelve
mirada
asombro
certeza
como vértigo inaugural
como alto refugio
como la lluvia que crepita
hasta cubrir un antiguo rescoldo,
el despertar
ante el alumbramiento.

Transparencia ¡Alquimia del cristal!:
ambas siluetas, un solo espíritu.

Y, en el afuera vuelto jardín,
vibra el ánima,
encendida en rojizo verdor,
en luz
en aire
en el fruto maduro que,
sin herirlo, picotean los pájaros.

(2008) 

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Exposición de iconos






En el Centro de Espiritualidad Palotino, Cuba 2981, 
barrio de Núñez de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el domingo 26 de noviembre se realizó la bendición y muestra de iconos realizados durante el presente año en el Taller de Iconografía dirigido por la profesora Nora Pizzi.


Taller de Iconografía

















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viernes, 7 de julio de 2017

Siete Haiku - Cristina Berbari


Haiku (Sonido al Este, latido del Oeste)


a la memoria de Jorge Andrés Paita


1

Sobre la mesa fulge

la blancura del plato
con las ciruelas.


2


No logro leer,

en enjambre van signos
tras esa nube.


3


Insiste el sol.

Me pliego en abanico
dentro de mí.


4


¡Adiós, crepúsculo!

Labio sellado en fuego
el horizonte.


5


Resplandeciente

casita de muñecas
bajo la lluvia.


6


De nube plúmbea

perfil a contraluz:
cinta de plata.


7


Viene la luna

por el cielo de Oriente.
Hostia en la noche.



Cristina Berbari

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jueves, 25 de mayo de 2017

Madame Bovary a dos voces



Ilustración de Alfred de Richemond
                                                             


LA SEÑORA BOVARY A DOS VOCES


                                                                                   con la venia de Flaubert


    I

    (Emma Bovary se dirige al público; viste un traje de falda amplia, profundo escote, moño y lazo de gasa anudado al cuello, joyas y un pequeño sombrero de terciopelo. La Otra Emma (el Doble) se dirige a Emma y al público alternativamente, gesticula siguiendo el desarrollo del guión y con sus brazos abiertos sostiene un velo blanco traslúcido de forma rectangular que la cubre desde la cabeza a los pies. Debajo lleva una malla color carne ceñida al cuerpo. Ambas se juntan y se alejan en escena.)


    EMMA BOVARY.—Correré hasta la botica en busca del frasco de vidrio azul que contiene polvo blanco...  

    LA OTRA.—Te confundes, Emma.


    EMMA BOVARY.—Por mi mente, tras el sopor del ensueño romántico y las lecturas, veo desfilar bastidores de palisandro, urdimbres del cañamazo bordado por Amores, a la luz de un quinqué donde una dama contempla la sangre azul brotando de su dedo pinchado por la aguja.
    LA OTRA.—Te confundes, Emma.
   EMMA BOVARY.—En la campiña, con mi perrita dormida en el regazo junto a una de las ventanas de la casa, lejos de la realidad, vislumbro un París envuelto en vahos rojizos, un París que erijo sobre un plano real de la ciudad y guiada por mi dedo índice, atravieso calles y bulevares alzando apenas la falda de encaje de punto de Inglaterra al llegar a una esquina. Entornando los párpados, alcanzo a ver a mi costado los mecheros de gas y el estribo desplegado de los coches ante la escalinata del teatro.

   LA OTRA.—Te confundes, Emma.
    
   EMMA BOVARY.—Leo a Balzac y a George Sand, también, a Bernardin de Saint-Pierre, y mis personajes inventados se expanden en ondas concéntricas hasta alcanzar los giros de aquel vals que cierta vez bailé...

    LA OTRA.— ... y bailas noche a noche en los brazos eternos del vizconde... girando sin fin en tus delirios de grandeza.
    Te confundes, Emma.
   
    EMMA BOVARY.—Mi locuacidad y mi letargo; desapruebo lo que el mundo aprueba, pondero lo inmoral o perverso, se suceden las comidas frustradas, el permanente mal humor, mis tés interminables, las masitas comidas por docenas...

    LA OTRA.— ... caprichos de tu enfermedad nerviosa que no calman los baños de alcanfor ni las gotas de valeriana.

    EMMA BOVARY.—Sólo me reanima frotarme el cuello y los hombros, y asperjar mis brazos con agua de lavanda

 

    LA OTRA.—(...)  Te confundes, Emma.

   II


    EMMA BOVARY.—Bajo la seda de mi sombrilla, que roza el polen amarillento de los alelíes y deshila  la clemátide y la madreselva, mis ojos le hablan al azul mirar del joven pasante de notario. En soledad su imagen agiganto, palpito al ruido de su paso...

    LA OTRA.— ... pero ante él decae tu emoción y caes en un inmenso asombro... una honda tristeza.

    EMMA BOVARY.—No me entrego por pereza, espanto o pudor. Así creo afirmarme en mi virtud...

    LA OTRA.—... pero te hundes, te hundes excitando al dolor, único sufrimiento donde confluyen deseo carnal, necesidad económica y melancolía de la pasión...
    Pobre Emma, te confundes.

    EMMA BOVARY.—Traje, rostro, gesto mediocre de médico de provincias: el hombre que llora y me implora, cuya presencia me aflige y me irrita... Y luego la niña, su grito y reclamo... Mis vestidos, mis joyas. Deudas y más deudas... deuda sobre deuda...

    LA OTRA.— ... ¿por qué te has abismado en este matrimonio?


   III

     LA OTRA.—De pronto aparece él, el seductor... el caballero vestido de pana verde, guantes amarillos y polainas; el soltero rico, dueño del castillo de la Huchette; el que afirma que con tres palabras galantes conquistará tu amor porque te enseñará la experiencia del placer...

    EMMA BOVARY.—Con el consentimiento de mi marido, salimos a cabalgar, él y yo. Soy feliz. Al apearnos, él contempla mi media blanca entre el paño negro de mi falda y la botina; adivino su deseo, adivina mi pudor. Sentados sobre el tronco cortado de un árbol confiesa que me ama.

    LA OTRA.—Emma, eres feliz como nunca lo fuiste. Sientes retumbar tu corazón y circular tu sangre como un río...

   EMMA BOVARY.—Como las aguas del río, él murmura y no deja de murmurar y me arrastra a la orilla de un estanque de algas y estremecida me abandono en sus brazos.
    Soy feliz como nunca lo fui...
    Porque tres o cuatro veces a la semana, mientras mi marido duerme por las noches, nos encontramos en el fondo del jardín. Corro desnuda a sus brazos y él me envuelve con su amplio abrigo.
    Mis sueños juegan con aros en el aire: ¡Oh! esa vocal que en el nombre amado de mi amante rueda tres veces entre mis labios.

    LA OTRA.—Nunca fuiste tan bella como ahora, indefinible hermosura que no es más que la armonía del temperamento con las circunstancias. Y alcanzas tu plenitud arborescente. Ten cuidado, Emma.

    EMMA BOVARY.—Ya tengo preparadas la maleta y la capa recamada con cuentas de azabache para huir en sus brazos... me veo junto a él en una diligencia camino a Marsella, y más tarde, en una tartana que nos llevará hasta Ginebra.

    LA OTRA.—Mientras él, por última vez, contempla tus recuerdos: un pañuelo manchado de pálidas gotitas de sangre, tu retrato en miniatura, un mechón rubio de tu cabello, tus cartas... apoyado en la vieja caja de bizcochos de Reims que rebalsa cartas de mujeres como una charca de mentiras, él te escribe su carta de despedida.

    EMMA BOVARY.—Al llegar la cesta rebosante de frutos dorados que me envía como regalo, siento una sospecha. Y descubro la esquela en el fondo, oculta bajo hojas de parra
    LA OTRA.—Entonces Emma, llegas a odiar el aroma del albaricoque, enfermas gravemente, deliras y, durante más de cuarenta días y sus noches, permaneces confundida. Confundida... confundida...

    IV

     EMMA BOVARY.—Entre los goces del ‘bel canto’ redescubro aquel mirar azul y vuelvo a creer en el amor.
    Jamás olvidaré nuestra primera cita en la catedral. Aunque en un primer momento le escribo una larga carta para disculparme por rehusar ¡él, es tan joven!, finalmente no puedo resistirme a sus apremios amorosos.
    Recuerdo que al salir de la iglesia, con premura, detiene un coche y me hace subir...

    LA OTRA.—... no sigas, Emma, no cuentes lo que ocurre en el interior del carruaje... porque aquel coche de vértigo gira y gira sin parar por las calles de Ruán hasta el jardín de plantas, sigue por el camino del río y cruza los muelles, el puente, el Campo de Marte, y aparece aquí y allá sin rumbo fijo, porque el pasajero una y otra vez le pide al cochero que no se detenga...
   Y la gente que pasa mira con ojos azorados aquel coche que se balancea como un navío ebrio con sus cortinas amarillas corridas (algo extraño en provincias)... pero lo que tú sabes, Emma, no lo digas... porque al llegar al campo, tu pequeña mano desnuda asomándose por debajo de la cortina lo dice todo al arrojar trocitos de papel (restos de una carta nunca entregada) que empujados por el viento caen como mariposas blancas sobre un campo de tréboles rojos.

    EMMA BOVARY.—Al amanecer, jueves tras jueves, no en un tilbury tirado por un caballo inglés sino oscilando al balanceo de una diligencia camino a Ruán, voy al encuentro de mi antiguo-nuevo amor, el joven pasante de notario, o, según le hago creer a mi marido, a tomar lecciones de piano.

    LA OTRA.—Bella relumbras por un día: rostro de ángel bajo el lucernario de la catedral, cuerpo de fuego sobre el tálamo barcaza del hotel junto al puerto.

    EMMA BOVARY.—La noche mira mi vuelta a la aldea. Por el camino quedan burbujeantes deseos, espuma del champán, crema y cerezas. En lo bajo de la cuesta, un rostro de muerte asoma súbitamente por la ventanilla: el vagabundo de hondas cuencas con voz aguda canta una canción...

    LA OTRA.— ...como lamento de una vaga catástrofe.
 Entonces Emma, caes desde tu piel helada al abismo insondable de tu alma y te confundes.
(Cubriéndose los ojos con la mano) ¡Ay! Esta historia tiene un color parecido al de “ese moho de los rincones donde hay cucarachas”.


   V

    EMMA BOVARY.—Ante el embargo de mis bienes, los dos necios amantes me abandonan. He destruido mi hogar...  Nada me salva. Corro a la botica en busca del frasco de vidrio azul... ¡el   polvo blanco! ...

    LA OTRA.—¡Envenenada! ¡Con arsénico, envenenada!  único grito frente al ahogo, la náusea, el escalofrío. Nimba el rostro un vapor metálico, gotas de sudor... enormes ojos azorados...

     EMMA BOVARY.—Siento un sabor acre... un frío glacial... en la tortura de la agonía redimo mi pasada tortura.

    LA OTRA.—Pobre Emma ¿no han crecido tus  alas?
    Agonizas. Hacia lo oscuro, te vas borrando toda. De pronto oyes una pícara oración latina, y ríes, frenéticamente, ante la  extremaunción cantada por el ciego.
    ¡Tu último estertor!
   ¿Caes desde tu piel pétrea al abismo infinito de la nada?


                          Aun a comienzos del siglo XXI,
                          en este siglo abierto a la liberación femenina,
                          la trasgresión, la infidelidad y la terapia de pareja,
                          en este siglo de libertad sexual

                          te confundirías, Emma, te confundirías.
                                                                                         De seguro.



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Cristina Berbari

Segunda versión de La Señora Bovary a dos voces, del libro "Las abejas de Venus", ISBN 978-978-02-7395-0

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