PRESENTACIÓN
TAMAÑO OFICIO
Revista de Literatura Año 29 Nro.
38, Buenos Aires, 2014
Revista Homenaje a Lucila Févola
Palabras de María Adela Renard
Número
especialísimo, este que presentamos. Condensa dos legados: la revista en sí
concebida como fruto de lo que se hace y la fundante palabra de Lucila,
diversificada en poesía, ensayo, teatro. En cuanto a lo primero, esto es, el
fruto de lo que se hace la edición ha sido idea de sus discípulos, que la
honran con sus nombres propios y con sus creaciones literarias. Vuelven a poner
de manifiesto la fecundidad del legado recibido, esta vez mediante aportes que
perfilan los múltiples y diversos valores –concretos- que caracterizan la trayectoria importante,
dinámica y enérgica. Cabe destacar en ella una vocación asumida como
fundamental objetivo de vida, desarrollada estoicamente durante las últimas
décadas del siglo pasado hasta su partida el 22 de mayo de 2013.
La solidez ética,
reconocida y –ponderada- altura intelectual sellaron su travesía de vida y la
ubican sin duda alguna entre los escritores argentinos de primer nivel. Lejos,
y ajena –claro está- de promociones e intereses creados. Eficiencia, rigor para
consigo misma, respeto y capacidad de admiración son cualidades constituyentes
de su personalidad. Así como la creación y la enseñanza fueron en Lucila Févola
fervores irrenunciables, siempre sobre un trasfondo de reflexiones o
cuestionamientos.
En efecto, el
Consejo de Redacción recuerda en Homenaje, breve texto de introducción, algo
expresado por Lucila al festejarse el décimo aniversario de Tamaño Oficio, revista que “nunca fue
un fin en sí mismo, un objetivo, sino un medio. Un medio más para aprender,
para practicar ese aprendizaje, un medio más para hacer. Tampoco fue un
proyecto a largo plazo. (…) No nos proyectamos al futuro. Hoy es hoy y aquí
estamos…”
El Consejo de
Redacción resalta “la obstinada alegría y la correspondiente responsabilidad de
seguir inspirados por su hacer, y cuidar que éste pueda seguir construyendo.”
Dejamos a los
presentes la lectura de la Selección de textos de Lucila Févola, hecha con
acertado criterio por Carlos Vanadía. Reencontrarán en ella o descubrirán,
según sea el caso, valores genuinos de esta obra impar, vanguardista y de
notable originalidad. Los elegidos son: “Arte Poética”, “Parpadeo”, “Mujer que
desova” y “Tango de Ginger”.
Recorriendo el
material especialmente preparado por los discípulos-colaboradores, responsables
de esta realidad nueva, rara avis en
nuestro medio, decido remitirme a su aspecto testimonial. Compondré entonces un
collage de conceptos que configuran el perfil espiritual e intelectual de
Lucila. Cada uno de ustedes, revista en mano, podrá conocer en totalidad.
En “Oscura entre
las aguas”, Osvaldo Spoltore expone sobre la poética de Lucila Févola. La
define “honda y luminosa. Nacida de la voluntad de abismarse en el misterio, a
la espera del fulgor, cediendo el ego para que aparezcan las formas nuevas.
Poesía erguida para cumplir un destino, en el decir de su muy admirado poeta,
Horacio Castillo: poesía necesaria para que se revele el ser.” Spoltore la
observa “siempre en vela, siempre alerta, de día, de noche, de año en año” (…)
presa “de exigencia extraordinaria que la sumía en una contemplación permanente
del universo, como campo sagrado donde hundir indagaciones científicas,
metafísicas y místicas, las cuales se esforzó (…) no de comunicarlas a manera
de simples informes, sino de recrearlas en sus textos que hacen lo que dicen, según la pauta de Huidobro: “Por qué cantáis la
rosa, ¡oh Poetas!/ Hacedla florecer en el poema” (Arte Poética, Vicente Huidobro).
Spoltore recuerda
palabras de la autora referidas a indagaciones sobre meta-poesía, a la busca de
“la pregunta que somos”. Lucila afirma “Porque la meta está al principio. Por
ello, en el Tiempo todo está vuelto hacia atrás, no hacia el comienzo sino
hacia el origen. Los textos de ficción son una confirmación más. Argumentos
explícitos, implícitos: el lector hondo llega más allá del argumento. Procura
la unidad de todo texto, de todo libro, esa unidad que, por supuesto, excede lo
temático. Leer es ser leído.”
Spoltore vincula,
hacia el final de su artículo, este
hacer con la pregunta que somos en unidad sujeto-objeto planteada con
respuesta desde el origen que remite al silencio “Inmenso, lo que calla”,
asumido por Lucila, quien –dice- refulge entre “amor,/terror,/furor/ en una
vida dedicada a comulgar con la luz y la oscuridad, en su servicio pleno para
revelar y ser la anunciación.”
Lila Pérez Ferretti
traza “Cartografías del texto literario” tomando como acápite lo siguiente:”Por
mi parte creo haberles dejado impresa una angustia irrenunciable, la de la
auto-exigencia; también la convicción de que el poema jamás será hallazgo, sino
sólo una búsqueda, pues por humana paradoja, el artista que crea que halló, se
convertirá instantáneamente en un ser finito.” (Lucila Févola)
Considera a Lucila
maestra en el arte de la transmisión oral de su pensamiento literario, original
propuesta presente en textos escritos y publicados en Tamaño Oficio durante más
de treinta años. Cita, entre otros, los siguientes: “Pasión y muerte de S.
Leguizamón. Vida y Resurrección del pueblo”, “La metáfora como reflexión”,
“Emilio Zolezzi hacedor”, “Escritor y cultura”, “Héctor Tizón: La literatura
como exorcismo”, “Violencia de la Poesía”, “Apertura de lo Real en el cuento”.
La exégesis de Lila
Pérez Ferretti hilvana con detenimiento
y claridad conceptos que argumentan la teoría literaria y metafísica de la
autora, articulándola en tres sectores: De la experiencia de lo real, Del vacío
creador y Más allá de la realidad posible, precedidos por una introducción.
Fundamenta la elección de los textos incluidos desde su propósito de mostrar
tanto el pensamiento como el estilo del trabajo de Lucila. Reivindica la
afirmación vertida cuando presentó Hágase
(último libro publicado): “su escritura nos convoca como lectores
imperativamente . hágase, mandato, orden, imperio de la palabra, , en su
esencia de acción; pero también, orden de cumplimiento, poder de la palabra
creadora, poder de la palabra, fecunda y fecundante.”. Concluye
advirtiendo que Lucila “señala, en cada
vuelta de la espiral dialéctica de su reflexión, que nunca pasamos por el mismo
punto de indagación sin una diferencia de perspectiva, sin una diferencia de la
marca que nos deja el recorrido. Insistente intensidad, intensa
insistencia que nos lee y nos interpela
en su dimensión ética.”
Julio Aranda
comienza destacando la originalidad al
abordar “Intertextualidad en la obra de Lucila Févola”, puesto que tal recurso
define su creación. Los textos de autores muy específicos que ella toma como
referentes (ya sea para inspiración,
epígrafes, por ejemplo) dialogan, interactúan o bien enfrentan su propio
pensamiento. Lo suyo es una búsqueda de integración total a través de
escrituras disímiles que amalgaman poesía, ciencia, religión, filosofía,
historia y teatro con su propia visión
de un universo integrado, dice Aranda.
Más adelante
puntualiza algunos aspectos que llama vertebrales en esta escritura:
cumplimiento de un destino contra todo tiempo, espacio o “distracción” que
arquetipos sociales y culturales imponen sobre nuestras conductas; aceptar lo
que es, aún no comprendiéndolo racionalmente, aspecto que remite a lo sagrado y
a una integración total con todos los elementos que nos componen e interactúan
siempre sobre nosotros: la premisa de no ubicar las preguntas fuera de nosotros
ya que las respuestas están en nuestro interior. Somos el todo y la parte, agua
y fuego, camino y pie, todo a un mismo tiempo (definido este como simultáneo).
En suma, Aranda hace
presente que la obra de Lucila Févola es fundacional, más allá de no haber sido
reconocida cabalmente por la crítica, no haberse advertido en esta propuesta
“un compendio de voces; un canto coral que alerta sobre la escritura y su toma
de conciencia, nos obliga a no dar nada por sentado en esta búsqueda infinita
dentro de nosotros. Concluye: “Rescatar su palabra es encontrar los hilos de la
rica y compleja historia que nos forma como lectores, junto a todos los nombres
precedidos y más allá de toda muerte. Un eterno regreso. Un “escribir
escribiéndose”, como Lucila asegura.
Elena Cohen Imach y
Juan Pablo Salinas tuvieron a cargo la entrevista a Alejandrina Devescovi,
amiga entrañable de Lucila Févola. Alejandrina fue durante tres décadas,
directora de la Editorial Botella al Mar además de artista plástica. Fue
elegida con el fin de obtener una imagen desde una visión diferente, lo cual
queda cumplido a través de sus respuestas. Ambas frecuentaban instituciones
como la Sociedad Argentina de Escritores, Gente de Letras, Fundación El Libro,
además de tener contactos con revistas especializadas. Alejandrina rescata el
ejercicio del talento unido al de la ética en todos los ámbitos a que
perteneció, la ruptura con el lenguaje tradicional de la poesía, personalidad
muy firme, rigor ante el trabajo sin pausas ni concesiones, soledad y entereza
frente al sufrimiento, sobre todo luego de la muerte de José Bravo.
En la sección
Libros (1), Lina Caffarello comenta Vela
desvela, poesía Febra, Buenos Aires, 2003. “Los textos –dice- abarcan una
red no exenta de cierta dimensión de interioridad”, que hacen palpable una de
las convicciones enunciadas a menudo por Lucila: “Ser libres es estar
permanentemente abiertos, a salvo de nuestras propias trampas, de nuestros
miedos inmovilizadores, ya que el universo es un fluir constante y cambiante.”
Entre otros conceptos de su minucioso análisis Caffarello menciona la presencia del “movimiento que
mueve, la dinámica que a modo de usina aporta más creación a la creación”, apuntando a la permanente integración del
universo todo. Más adelante y en relación con Roberto Juarroz, hace presente la
meditación y “la asistencia al universo creando realidad” y propiciando mayor
calidad de conciencia. Finalmente, destaca la intensidad e intelectualidad de
la poeta, su dialéctica heurística y subyacente profundidad.
Amelia Lapeyriere
reseña Oscuro entre las aguas,
poesía, Febra Editores, Buenos Aires, 2002. Subraya la brecha abierta por
Lucila, siempre dirigida hacia el diálogo con sus textos, advirtiendo que
estamos ante un libro de señales. Búsqueda alerte e incesante, indagación
permanente que parte de la fe en la existencia. Repara en las huellas
testimoniales de su mundo vivido y sentido: creación, acción, sueños y en la
devoción profesada hacia la escritura que la consume y se prolonga en otros. Se
detiene en el poema “Esta red, este anillo”:
“Madre,/ seres
míos, oscuros, luminosos, quiero cruzar. Ayúdenme de nuevo. Maestros de esta
vida, desde la muerte, ayúdenme.// La tierra nos reunió. También el sur, tejido
en el naufragio. Aquí todo se cumple. Y yo dejo palabras que me tejen.”
Pasando a la
sección Libros (2), en primer término Héctor Miguel Ängeli deja agudas
impresiones acerca de Lechuza de
campanario, poesía, Botella al Mar, Buenos Aires, 1995. Lo describe como
“extraño, un libro con clima, con sostenido clima” y “con un peso específico
muy singular.” Confiesa que su lectura y relectura lo envolvieron en una
ceremonia, que se afianza –dice- “cuando Lucila llega al tango.” Libro rico en
ritmos y contra-ritmos, repeticiones, juego de palabras y juegos expresivos
“donde las ironías –afirma- rozan el sarcasmo. La autora se muestra “apasionada
y distante”, como la gran figura de una misteriosa celebración.
Cristina Berbari
titula Modus vivendi: “Esa inmensa
piedad” al comentario del libro de poesía publicado en Ediciones Botella al
Mar, Buenos Aires, 2009. Nombre acertado, afirma, por cuanto la expresión Modus
vivendi significa modo de vivir, e implica además “un arreglo, ajuste o
transacción entre dos partes”, pacto que remite a una cita de Roberto Juarroz.
“Se trata de la superación de esas divisiones del ego, del simple subjetivismo,
no como cálculo más o menos idealista, sino como experiencia.”
Berbari puntualiza
el cuestionamiento de la autora. “No nací para el vuelo”, advirtiéndonos que no
resigna el vivir pero se propone
reconocerse en el otro para desconocerse. Cita a Lucila, “Nací para ese salto,
relámpago, fuego, fulgor que todo lo contiene.” Salto con sentido de
experiencia, pasar del adormecimiento del yo a un despertar en el amanecer de
la acción. La poeta nos invita a dar ese
“salto”.
Considera que Modus vivendi es un libro integrador,
puesto que coincide con Horacio en la Unidad del Arte.
Como en el caso de
las reseñas anteriores citadas, resulta imposible detallar aquí la riqueza del
detalle que la exégesis de Cristina Berbari consigna al demostrar la vida en
plenitud engarzada en la palabra de Lucila.
Por último, en “Un
texto no es un gato y viceversa”, José Bravo prologa con la maestría que lo
caracterizaba, gato entre habitaciones,
cuentos, publicado en Febra Ediciones, Buenos Aires, 2004. Se va deteniendo en
el “aparente, mínimo argumento” de la obra en la que “una escritora decide
escribir un cuento”. Reitera el pedido de atención al lector hacia “el tema que
se impone, el desarrollo de su propia estructura, que aparece ya armada.” Bravo
advierte el movimiento de “escribir-desescribir” como el de
“escribirse-desescribirse”. Subraya que “un cuento tiene ‘su realidad’, pues lo
que llamamos ‘la realidad’ admite la ficción”, y que texto remite a tejido,
textura.
Muestra la
interactuación de significaciones, música, símbolos, juegos de palabras,
imagen, teoría del cuento y presunción del Universo, sosteniendo, tramando y
probando “el paralelismo de los fenómenos literarios con los más patéticos
aspectos de la vida”, su pertenencia al tiempo, lo cual constituye el aspecto
más audaz del pensamiento desarrollado en este libro.
Conclusión: número
especialísimo el presentado, que ponemos encarecida- mente a vuestra disposición.
Honra a Lucila Févola, a su aporte impar a nuestras letras y cada discípulo se
honra a sí mismo como hacedor.
Reciban todos y
cada uno mis más cálidas y sinceras felicitaciones.
María
Adela Renard
Buenos Aires, 11 de
noviembre de 2014

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