“Los
amantes de Asunción” 1ª ed., San Martín, Vestales, 2019. 528 pp.
Yo estaba dormida cuando Usted se retiró de mi
casa paterna, Alguien afirmó
Que era Usted una de las mentes más brillantes
que había dado el país. Por aquel tiempo parecía impensable que alguna vez yo
fuera a convertirme en su Aurelia.
Usted, para ese entonces, ya era Sarmiento.
Palabras que el autor pone en labios (o en el
pensamiento) de Aurelia Vélez Sarfield cuando, muchos años después, ella
recuerda el momento en que por primera
vez se vieron: ella tenía unos nueve años, él tocaba la treintena.
La novela se divide en tres partes: “Lo que
vendrá”, “Recuerda, Aurelia, recuerda” y “En alta mar”, partes que a su vez se
fragmentan en sesenta y siete capítulos consecutivos. Al eje de los personajes principales se concadenan otras dos
líneas argumentales. La presencia de un periodista estadounidense, Harry
Howard, enviado por su suegro a Asunción del Paraguay para entrevistar a Sarmiento
y escribir su biografía, “que a nadie le interesará”, según el propio Howard.
Por otro lado, el destino de una familia argentina radicada en Asunción,
integrada por el padre, sus dos hijos, y un ayudante mestizo. El hombre, ex
combatiente en la guerra de la Triple Alianza (Brasil, Uruguay y Argentina
contra Paraguay) aún espera que el actual presidente de Argentina, Juárez
Celman, le restituya su cargo militar y le otorgue una pensión, porque hasta
ese momento la espera ha sido vana. Vemos que el autor se vale de personajes y
de hechos reales, como en el caso de Sarmiento, además de adoptar el
biografismo ficcionalizado y personajes auténticamente ficticios.
Ficción y realidad se entrelazan en esta obra
muy bien documentada, un gran trabajo de L. E. Benítez que, mediante un
lenguaje transparente y fluido y siempre equilibrado, hace placentera su
lectura y mantiene constante la atención del lector.
Pienso que se trata de una novela de amor a
través del cual, por el rol destacado de los protagonistas, desfila toda la
historia argentina de la época y la época misma.
Ahora Sarmiento está al borde de la muerte pero
al no poder Aurelia afrontar esta situación decide viajar a Europa. Ella no
deja de pensar en su amado Mingo y esos pensamientos componen una verdadera
biografía de ambos... Paría, Ginebra, Roma, en todos los sitios, porque para el
amor todos los sitios son un solo sitio, está “su” Mingo acompañándola.
Aurelia, la hija de Dalmacio Vélez Sarfield,
redactor del Código Civil; Aurelia, una mujer singular que se rebeló contra
todos los prejuicios de la época, desde su casamiento con un primo que terminó
en separación y escándalo, hasta su relación amorosa con Sarmiento (un hombre
casado que vio en ella “una brillante inteligencia”, “una destacada belleza”),
Sarmiento, el exiliado en Chile por oponerse a Rosas, el consejal por la
provincia de Buenos Aires, el senador de la Nación, el embajador, el Presidente
de la Argentina, el “Loco”, como lo llamaban.
Si bien la relación entre ambos era un secreto
a voces, Benítez no entreabre puertas y tanto en el barrio del Tambor como en
la casita de la isla del Delta donde tenían lugar sus “encuentros” íntimos, el
autor con sabiduría tiende un manto translúcido sobre los amantes, donde ya no
vemos imágenes sino escuchamos voces entrecortadas: “Mingo, Mingo mío... mi
Aurelia”, logrando uno de los picos sobresalientes de su novela.
Esta obra nos transporta a otra época (siglo
XIX) donde detectamos conflictos, peleas por el poder, divisiones internas, no
tan diferentes a las que periódicamente sufre nuestra patria. Cito: “Antes
realistas versus independentistas, padres contra hijos,... Después unitarios
contra federales, y federales tibios también contra federales enragés.
Luego los de la Confederación contra los porteños... alsinistas contra
mitristas, mitristas contra roquistas, mitristas y roquistas contra
juaristas...”
Y acá me detengo. Me pregunto y les pregunto:
_Señores ¿hasta cuándo?
Llevándonos atrás en el tiempo, Benítez en esta novela nos hace reflexionar sobre el futuro.¡Reflexionemos!
Cristina Berbari, agosto 2020.

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