sábado, 27 de octubre de 2012

Jorge Andrés Paita (1931 - 2012)

(foto: Daniel Grad)

AD PROFUNDUM


Ante el día por verse,
papel en blanco, silencios,
el vaivén de palabras vanas
ante los ojos,
y uno piensa, uno piensa.
Toda alianza quebrada ya con la altura,
tampoco señales, voces
para el hombre guarde tal vez
el otro reino, el sombrío,
que pisaron plantas mortales
-osados descensos, lujos
desdeñados hoy día por la costumbre.

No soy digno,
perdón, callados señores:
yo quise saber siquiera
si un gran delta sembrado allá de miembros y rostros yertos,
bajo el frío andar de la luna,
para Sus Tenebrosas Majestades es como nieve
que desde el suelo filtra a estos negros ríos,
si el estrépito del caer
de una Edad con sus viejas torres
aquí sólo es oído como otra hoja
que da al viento un otoño.
  

EN LA MUERTE DE BLASETTI

Te seguiré encontrando, viejo taoísta,
por las islas del Tigre mientras Dios quiera,
y al promediar el mismo vagabundeo
nos diremos, tal vez al pasar la casa
cuyo nombre es “Mallorca”, que ya es bastante
de senderos exiguos, de puentecitos
enclenques sobre un arroyo,
de taciturnos perros de inmóvil cola.
Y sentados en el “Riviera”
beberemos un lento vino junto al Sarmiento,
dejando flotar el humo del cigarrillo
en un rayo de sol filtrado de entre los sauces,
la mirada perdida en la huyente estela
de la estridente lancha, el rítmico remo,
silenciosos en el instante los corazones,
pasajeros eternos. Y antes
del deprimente ocaso,
como siempre, caro poeta inventor de enigmas,
fabulador de cósmicas miniaturas,
sublime y grave embustero,
tomaremos el tren de vuelta rumbo a Barrancas.
Y a la ciudad inhóspita más templados
volveremos (irremediables
isleños entre el tumulto),
rememorando versos,
mentando tal vez amores,
haciéndonos cierto guiño
de fantasma a fantasma, libres,
tú sin novia de un día, yo sin mi viuda.

2005


Hoy, con su bagaje de poesía, los dos amigos transitan por los senderos de lo insondable.
Hoy, a Jorge Andrés nuestro homenaje; nuestro recuerdo permanente a su entrañable amistad.

Jorge Andrés Paita. Buenos Aires, 30 de septiembre de 1931 - 27 de octubre de 2012. Publicó los libros de poesía Cuatro puertos (1976), Señales del segundo milenio (1983), Eros en Amazonia (1998). En prensa, un poemario de próxima aparición. Recibió la Pluma de Plata del Pen Club, el Premio de Poesía "La Nación", el del Fondo Nacional de las Artes y el Municipal.

martes, 24 de julio de 2012

Hacer cábalas

Por Cristina Berbari

Abelardo Arias



Para nosotros, los argentinos, "hacer cábalas" significa "hacer algo que dé buena suerte para un futuro inmediato".
El escritor argentino Abelardo Arias ¿hacía cábalas cuando, invariablemente, sumaba trece letras en el título de cada una de sus novelas? ¿O quizás iba más allá sumando el valor numérico de las letras como se hace en la “cábala”?
Para comprobar esto último tendríamos que consultar a un experto. Atengámonos sólo a la suma de las letras de cada título.

Álamos talados   (1942)
La vara de fuego (1947)
El gran cobarde   (1956)
Límite de clase    (1964)
Minotauroamor    (1966)
La viña estéril      (1968)
Polvo y espanto   (1971)
De tales cuales     (1973)
Talón de perro     (1974)
Aquí, fronteras     (1976)
Inconfidencia
(El Aleijandinho)  (1979)
Él, Juan Facundo (1995)

Nacido en la ciudad de Córdoba en 1908, pertenecía a una tradicional familia mendocina. Murió en Buenos Aires en 1991, donde se había radicado.
Era conocida su descontrolada pasión por el juego; lo que explica, en cierta forma,este juego de “hacer cábalas”.
Indudablemente, el número trece le dio buena suerte. Su primera novela “Álamos talados” fue distinguida en el año de su publicación  con el Primer Premio de Literatura de Mendoza, el Primer Premio Municipal de Buenos Aires y el Primer Premio de la Comisión Nacional de Cultura, y en 1960 fue llevada al cine por el director Catrano Catrani, con guión del propio autor. Por “Polvo y espanto” obtuvo el Primer Premio Nacional en Novela.
Aunque sin duda, no sólo fue por suerte que se le concedieron tantos premios. De su primera novela se ha dicho: “Hay en ella una intensa poesía que es a la vez la de la juventud y la de la América Colonial del fondo de las provincias, un mundo perdido para siempre y otro que espero conocer un día. Hay también un tono de relato, una mezcla de arte y naturalidad, un gusto, que no son moneda corriente en la literatura hispanoamericana” (Marcel Bataillon).
Y para Antonio Requeni: “por los diversos temas abordados en su obra y sobre todo por su alta calidad literaria, el autor de   “Polvo y espanto”  es uno de los grandes narradores argentinos” (Los Andes, 1983) .

lunes, 30 de abril de 2012

"El Innominado" en la novela de Mary Shelley

Mary Shelley


“EL INNOMINADO” EN LA NOVELA DE MARY SHELLEY


      Una noche del verano suizo de 1816, Mary Shelley, de apenas dieciocho años,  al apoyar su cabeza sobre la almohada rescata esta imagen: “Vi, con los ojos cerrados,  pero con aguda visión mental, al pálido estudiante de artes profanas arrodillado junto a la combinación que había hecho. Vi desarrollarse el horroroso fantasma de un hombre que luego, bajo la acción de cierta máquina poderosa, daba señales de vida y se agitaba con movimientos torpes, semivitales”.
Es que esa tarde, en su cottage llamado Chapuis o Mont Alègre en las afueras de Ginebra, la señora Shelley, de soltera Mary Wollstonecraft Godwin, (Londres, 30 de agosto, 1797 - 1 de febrero, 1851), escuchó en silencio una charla entre su esposo,  Percy  Byshee, y su amigo Lord Byron. Ambos discurrieron hasta la medianoche acerca de las posibilidades de descubrir el principio de la vida, la creación del hombre. Al día siguiente, Mrs. Shelley comenzó a dar vida (según lo cuenta en el prólogo de su novela) al “innominado” y a su creador: “Frankenstein o el moderno Prometeo”.
Narradora, ensayista, biógrafa, llegaría a la posteridad por esta novela gótica cuya sugestión e interés sobre el lector perdura hasta nuestros días. ¿Cuál es la causa de su fama, y de su proyección a través de los tiempos? Sin duda han concurrido varios factores. Comenzaremos analizando el subtítulo de la obra. 

El moderno Prometeo

      
Cuenta Robert Graves en “Los mitos griegos” que el creador de la humanidad, Prometeo, que algunos incluyen entre los Titanes, era el más sabio de su raza.   Atenea le enseñó arquitectura, matemáticas, navegación, medicina, metalurgia y otras artes útiles. Pero Zeus, que había decidido extirpar a toda la raza humana y sólo la perdonaba por pedido de aquél, empezó a enfadarse por sus crecientes poderes y talentos. Y se negó a entregarle el fuego, que él reclamaba.

      Prometeo le rogó a la diosa que le permitiera entrar clandestinamente en el Olimpo, cosa que ella le otorgó. A su llegada, encendió una antorcha con el carro de fuego del Sol y seguidamente partió un trozo de carbón candente que metió en el hueco formado por la médula de una gigantesca rama de hinojo. Después de apagar su antorcha, salió sigilosamente  sin ser descubierto y entregó el fuego a la humanidad.
En la novela de Shelley, con una chispa de aquel fuego sagrado el doctor Frankenstein da vida a “su criatura”.
Posteriormente Zeus mandó que Prometeo fuera encadenado desnudo a un pilar en las montañas Cáucasas, donde un ávido buitre le iba arrancando trozos del hígado durante todo el día, causándole un dolor que no tenía fin porque cada noche el hígado se regeneraba por completo.
La fábula se repite en la novela mediante la tortura y los remordimientos de Frankenstein por haber dado vida al “monstruo”.
El Compendio de Mitolojía ó Historia de los Dioses y Héroes Fabulosos, (sic) aparecido en Barcelona, en los talleres de Manuel Sauri en 1828, con las iniciales J. Mh., y reeditado en 1996 (con ortografía actualizada) contiene un retrato de Prometeo y  su obra (aunque en este caso la criatura es Hermosa y bella) :

Al padre de los dioses emulando,
de barro, Prometeo, fue formando
una imagen del hombre hermosa y bella;
y al ver que sólo el alma falta en ella,
toma del sol para animarla el fuego;
lo advierte Jove y le condena luego
al Cáucaso cual Ticio encadenado,
a ser de un feroz buitre devorado.


George Steiner se pregunta por qué un puñado de figuras —Prometeo, Antígona, Edipo, entre otras— constituyó el código esencial de referencia canónica en el intelecto y la sensibilidad de la civilización occidental.
Para Jung, citado por Steiner, «una figura mítica sería ‘una personificación colectiva’ que da formas explicativas, tolerables y jubilosas a las fantasías colectivas arcaicas y a las fases arcaicas de la elaboración de la psique. Por la presión de la civilización [...] la figura colectiva se fragmenta gradualmente y pasa al nivel profano del arte secular y deliberado. Pero ese arte (y aquí la sugestión de Jung es convincente, subraya Steiner) puede ejercer su hechizo duradero, puede sobrevivir y engendra réplicas y variaciones del tema a través de las edades, solamente si conserva y hace palpables sus lazos con aquellos esquemas arcaicos, fundamentales, instintivos (‘los arquetipos’), partiendo de los cuales se construyó la conciencia humana y que continúan vivos en el folclor y en los ritos. [...] Al encontrarse frente a ellos, el espíritu ‘recuerda’, sabe que antes ya ha estado allí’.»
Además, como arquetipo de los sueños infantiles ¿acaso no asociamos a lo que no se le puede dar nombre con lo monstruoso?
Recordemos, por ejemplo, a ese otro innominado: el monstruo del laberinto de Creta.

El Doctor Víctor Frankenstein, “Moderno Prometeo”, se convierte así en ladrón del fuego de los dioses. Y al poseer el fuego de la vida,  da vida. Al devenir figura arquetípica, el creador del monstruo y su acto adquieren la fuerza del mito. Su creación será “el monstruo”, “la criatura”, “el engendro”, “el ogro”, el que no lleva un nombre  porque es lo innombrable: el innominado.

  Estructura de la novela

Según Carlos Abraham,  “el gótico es un género que constituyó un vehículo importante para que la mujer pudiera expresar su voz”. Y agrega: “Los escritores  femeninos exploran formas de reconciliar los intereses individuales con las demandadas de la sociedad”. Pero en este caso “el personaje central no evoluciona, no atraviesa un desarrollo interior adaptativo. A lo sumo vuelve a sus orígenes”, por lo que “anhela volver a ser un hombre y tener una compañera.”
“El female gothic posee una estructura circular tendiente a eliminar conflictos”, que en el caso que nos ocupa “causa la destrucción de los protagonistas: el Dr. Frankenstein y su criatura concluyen su periplo en una purificadora autoinmolación”.

 Esta novela gótica, que responde al género epistolar de moda en el siglo XVIII, está estructurada a la manera de cajas chinas, un relato dentro de otro relato; cartas dentro de otras cartas. La forman 24 capítulos.
Los primeros son epístolas que el capitán Walton escribe a su hermana desde un barco que él dirige hacia el Polo Norte. En una de esas cartas, capítulo VI, se inserta el relato de Víctor Frankenstein a Walton y dentro de éste, una carta que el joven científico le envía a su novia Elizabeth. Y en el capítulo siguiente también se incluye una carta al padre, Alfonso Frankenstein. Desde el capítulo XI al XVI, la narración de Víctor (que es un verdadero diario) contiene la narración  del monstruo  a su creador.
A la vez, en el XIV se hace mención de otra historia paralela: las cartas que Safí había enviado a Félix De Lacey, personajes secundarios.
En el XV también se alude al “diario de Frankenstein”  referente a los cuatro meses que precedieron a la creación del monstruo.
En el XXII el relato de Víctor incluye una carta que le envió Elizabeth y el XXIV lo forman nuevamente las cartas del capitán Walton a su hermana.
Es decir, hay tres narraciones concéntricas que a la vez incluyen cartas y un diario, o al menos se los menciona.

     El innominado: ¿humano, demasiado humano?

     En cierta manera  la novela argumenta en contra del programa que propone el “Emilio o de la Educación” (1762) de Jean-Jacques Rousseau, que sostiene que la crianza en el campo, pasando privaciones, lejos de todo producto social, incluso de los libros, es beneficioso para una correcta educación. Es decir,  optimiza aprender de la experiencia, de lo natural.  Pero se puede objetar que  en este caso “la criatura” está sola, sin guía, sin preceptor, sin alguien que le demuestre amor o afecto, aun más, todos le huyen horrorizados al verle y él siente profundamente este rechazo.
Cuando “el innominado” (por nombrarlo de alguna manera) permanece durante un tiempo en el establo contiguo a la vivienda de la familia De Lacey, desde donde los espía, observando sus costumbres, sus maneras bondadosas, y  por casualidad encuentra tres libros, hay un intento suyo por educarse a sí mismo, un autodidactismo que se frustra al ser rechazado por aquella familia.-
----------------------------------------------
       Sostiene Pablo Fuentes, en el extracto de un ensayo aparecido en Página 12,  que “el monstruo habla como poeta. Si atendemos el largo relato que la criatura hace a Frankenstein sobre sus desventuras y su ingreso al universo humano, verificamos eso. Su lengua artificiosa, hecha más en la escucha de libros que en la conversación, remite necesariamente a una suerte de texto sonoro que tiene la forma de una gramática especial: su relato es una pura invención, el monstruo cuenta cómo se creó a sí mismo y en el proceso de referir esto a su supuesto creador, termina de construir la obra de sí mismo.” ......................................
”   
“Enmarcada por la experiencia del dolor, su lengua ya es una jerga separada” —continúa Fuentes—. “No puede comunicarse, Víctor no lo entiende, los De Lacey lo rechazan. El engendro habla como si escribiera, habla como poeta. El monstruo, amasijo de tejidos anónimos, en busca de nominarse termina siendo una voz escrita que apenas puede dar cuenta de sí. [...] Nadie puede escuchar lo que es ahora una pura palabra. [...] De su cuerpo hecho de fragmentos enajenados en la ciencia, en los textos de un padre-madre reticente y destructor, el monstruo re-crea un nuevo texto, reescribe su cuerpo y lo vuelve a engendrar, se fabrica un cuerpo nuevo que es, de alguna forma, otra vez una versión duplicada y paródica. Ya no el cuerpo de un científico, sino el de un artista. El es su propia creación.

Tanto es así que en el poema titulado “Frankenstein” de su libro Movimiento que mueve, la poeta argentina Lucila Févola pone este ruego en labios del innominado:

Tantos fragmentos en mí, 
tantos fragmentos muertos. 
Cuerpos para este cuerpo. 
Injertos, ligaduras, costurones
y el rayo. La tormenta fulminante 
de la vida.

Maestro: 
Yo soy “el monstruo de”.
¿No me darás un nombre?

Desde este cerebro
tan propio,
siempre ajeno, 
pertinaz asesino, 
movimiento que mueve
y que remueve, 
desde este vientre del horror, 
te lo suplico. 
Un nombre, así sea,
el mío, así sea,
aunque también monstruoso. Y así sea.
       Mi propio nombre bautismal.

El monstruo reclama un nombre de pila, “su” nombre, porque como sostiene Alfonso López Quintás: “Llamar a una persona por su nombre propio es hacer vibrar lo más profundo de su ser, sus resortes más íntimos, irreductibles.”
Un nombre, así sea —remarca el verso de Févola— el mío, así sea —y aclara— aunque también monstruoso...
Porque como decía y deseaba Rilke: “que me nombren con un nombre que yo llevo sin saberlo, como en la Biblia, de pronto, alguno es llamado de otra manera de la que su madre lo hacía —y no se le dice que sea un nombre análogo al precedente, sino: te nombraré así, porque eres...”  
               Bien lo sabía él, con su nombre de acento femenino, dado  por  una madre  que     
         lo vestía como a una niña.

Pero el monstruo no sólo reclama “su nombre propio” sino también el afecto y el cuidado de un progenitor. Shelley pone en su boca estas palabras: “Había sabido, por tus papeles, que tú eras mi padre, mi creador, ¿y a quién podía acudir con más derecho que a aquel que me había dado la vida? [...]. Yo soy malo porque soy desgraciado. ¿No soy despreciado y odiado por toda la humanidad? Tú, mi creador, me harías pedazos, y eso sería un triunfo para ti; piensa en eso y dime —y pregunta y se pregunta— ¿por qué habría yo de tener más piedad que la que mi propio creador tiene por mí? [...] ¿Cómo he de respetar a los hombres, cuando ellos me desprecian? Si me ofrecieran alguna simpatía, en vez de males, yo les haría toda clase de beneficios y lloraría de gratitud cuando los aceptaran. [...] Si no puedo inspirar amor, provocaré odio; y en especial a ti, mi principal enemigo, puesto que eres mi creador, te juraré un odio inextinguible.”
Esta total desprotección, el ruego del monstruo a  su creador, me recuerda el reclamo de Jesús desde la cruz: ¡Padre! ¿Por qué me has abandonado?O la terrible pregunta de Alejandra Pizarnik en el poema “El ausente”: ¿Que diría el mundo si dios / lo hubiera abandonado así? 

Proyecciones de la novela: cine y teatro
                                                                                                                                                                                                                                                                                                 
A través del tiempo tanto el cine como el teatro han contribuido a perpetuar la fama de esta novela.
Una versión muda de 16’ sobre la historia de Frankenstein fue realizada en los estudios de Thomas Edison en 1910.----------------------------------------
Entre las innumerables versiones cinematográficas a que dio lugar sobresale la de 1931, dirigida por James Whale, con una duración de 71’, donde Boris Karloff personifica al monstruo con un estupendo maquillaje que estuvo a cargo de Jack Pierce; Colin Clive encarna al doctor Frankenstein. También aparece un jorobado, el devoto asistente  Fritz, al que no se lo menciona en la novela de Shelley, ya que el guión no sigue fielmente el argumento original. Tuvo un éxito arrasador en Estados Unidos; en Inglaterra se estrenó con numerosos cortes y en países como Italia, Suecia y Checoslovaquia se prohibió su estreno.
En 1935 una segunda parte del mismo director se tituló: “La novia de Frankenstein”.
Rowland Lee dirigió en 1939 “El hijo de Frankenstein”, protagonizada por Basil Rathbone, Boris Karloff y Bela Lugosi; que, si bien pierde la poesía de las anteriores, logra fuerza en la senda de comedia negra y  terror expresionista.
En el Reino Unido, la Hammer Productions realizó una saga de seis películas:  “La maldición de Frankenstein” (1957), “La venganza de Frankenstein” (1958), “Frankenstein creó a la mujer” (1967), “El cerebro de Frankenstein” (1969), “El horror de Frankenstein” (1970), “Frankenstein y el Monstruo del Infierno” (1974), dirigidas por Terence Fisher y protagonizadas por Peter Cushing.
 “Young Frankenstein” de 1974, comedia dirigida por Mel Brooks sobre un guión escrito por el propio Brooks con la colaboración de Gene Wilder, fue una parodia del cine de terror, en particular de las adaptaciones cinematográficas de la novela de Shelley: las producidas por Universal a las cuales esta película rinde un afectuoso homenaje. Para reflejar con máxima eficacia la atmósfera de estas, Brooks rodó la suya en blanco y negro, algo poco usual en esa época. Fue interpretada por Gene Wilder  y Peter Boyle.
Luego se hicieron varias versiones, pero en ninguna el personaje del científico era muy convincente, excepto en “Víctor Frankenstein” (1977) con la actuación de León Vitali, si bien la película tuvo escaso éxito.
“Mary Shelley’s Frankenstein”, en el original, es una versión de 1994 dirigida por el irlandés Kenneth Branagh que también interpreta a Víctor Frankenstein,  en tanto Robert de Niro caracteriza a la Criatura. Probablemente se trata de la mejor y más fiel adaptación de la obra de Shelley.

      El Frankenstein teatral se representó durante 1928 en numerosas salas de Inglaterra. Hamilton Deane, el productor, que también interpretaba al monstruo, fue reescribiéndola, modificando diálogos y cambiando el final varias veces.
     En 1931, en Broadway, John Balderston hizo su propia versión teatral del mito del Prometeo Moderno, que no llegó a estrenarse al no poder afrontar la puesta en escena. Por la década de los ‘80, David J. Skal  rescató del olvido aquella versión, y la obra fue representada en 2002, en el Chandler Hall de Newton, Pennsylvania, dirigida por Eric Steadman.
Sobre una adaptación de la película de 1974, Peter Brooks y Thomas Meehan hicieron un musical estrenado en Broadway en noviembre de 2007 y oficialmente conocido como “Young Frankenstein el nuevo musical de Mel Brooks”.
Actualmente en el Teatro Astral de Buenos Aires, se representa la versión argentina de “El joven Frankenstein” basado en el musical mencionado. Guillermo Franchella personifica al nieto del doctor Frankenstein y la obra cuenta con gran afluencia de público y elogio de la crítica.

      Vemos una vez más cómo a través de un mito encarnado se crea y se recrea a un personaje literario a través de las épocas. Ese personaje que se transforma prácticamente en un ser real.
Novela, poesía, ensayo, cine, teatro, como un nuevo Prometeo, se conjugan  acrecentando la fama de aquello que permanece latente en el inconsciente colectivo.
       Aún resuenan proféticas las palabras que Mary Shelley pronunció desde el prólogo de su novela: “Ahora, pido a mi horrendo vástago que salga y que prospere.” Y así fue.


Cristina Berbari

               Buenos Aires, septiembre  de 2009

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Bibliografía

Abraham, Carlos, Estudios sobre literatura fantástica, Buenos Aires, Quadrata, 2006.
Bailey, Ruth, Shelley, Buenos Aires, Nova, 1945.
Bulfinch, Thomas, La edad del mito, Buenos Aires, Emecé, 1951.
Févola, Lucila, Movimiento que mueve, Buenos Aires, Botella al Mar, 2005.
Fuentes, Pablo, Frankenstein el poeta,  extractado del trabajo “Lección de tinieblas.           
              Frankenstein o la poética de lo monstruoso”, en  Página 12 del 3-1-2008.
Graves, Robert, Los mitos griegos, Buenos Aires, Hyspamérica, 1985.
[J. Mh.] Dioses y héroes de la mitología, Barcelona, Edicomunicación,1996.
Rousseau, Juan Jacobo, Emilio, Barcelona, Maucci, s/f. e.
Shelley, Mary W., Frankenstein, Buenos Aires, Centro Editor, 1972.
Steiner, George, Antígonas, Barcelona, Gedisa, 2000.

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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Presentación del poemario "Modus vivendi" de Lucila Févola

En la foto: Alejandrina Devescovi, directora de la editorial Botella al Mar,
la Prof. Norma Pérez Martín, Lucila Févola y Cristina Berbari


Presentación del poemario MODUS VIVENDI de Lucila Févola en Biblioteca Nacional, Sala Juan L. Ortiz, 4 de noviembre 2009.

Por Cristina Berbari

“ESA INMENSA PIEDAD”: LA PALABRA POÉTICA

La locución latina “Modus Vivendi”, que etimológicamente significa modo de vivir, es el título que con acierto ha dado Lucila Févola a este nuevo poemario que hoy nos convoca, y que desde la cubierta señala una línea de dirección. Digo “con acierto”, porque Modus vivendi implica también un “arreglo, ajuste o transacción entre dos partes.”
El poema que da el nombre al libro, explica este acuerdo mediante una cita de Roberto Juarroz : Se trata de la superación de esas divisiones del ego, del simple subjetivismo, no como cálculo más o menos idealista, sino como experiencia.”
La autora se cuestiona: No nací para el vuelo, pero no se resigna a ese dejarse caer donde se olvida el vivir, donde se olvida el morir, es decir, al mero hecho de que la vida es por la vida. Y por el acuerdo que se propone consigo misma, es decir, reconocerse en lo otro para desconocerse, exclama casi al borde del grito: Nací para ese salto, relámpago, fulgor que todo lo contiene, confirmando la cita de Juarroz.
Salto como experiencia, cambio súbito; pasar del adormecimiento del yo a un despertar en el amanecer de la acción, es decir, a “realizarse por obra de la acción”. Y la poeta nos invita a este “salto”, incluyendo a todos con el uso de la primera personal del plural.

Dice Dámaso Alonso que para encarar la exégesis de la obra poética, es necesario un afortunado salto, una intuición, —y agrega— toda intuición es acto de amor, y constituye la única manera de entrar al recinto. Lo confirma Alfonso Reyes. Y según Octavio Paz: “el goce poético no se da sin vencer ciertas dificultades, análogas a las de la creación.”
Entonces como lectores ¿damos el “salto” verdaderamente, o acaso no logramos más que un acercamiento, una traducción a nuestro propio lenguaje?. Sin embargo la autora espera de nosotros algo más: una toma de conciencia, que nuestro espíritu reconozca sus atributos esenciales, y nos abramos ante el texto para aprehender esa visión del mundo que nos propone (que puede ser distinta a la nuestra). Espera de nosotros un acto de comunicación, de entrega. O, tal vez, ¿un salto de conciencia?

Creo que esta obra, de alto contenido lírico-metafísico, es una clara advertencia sobre el destino de la humanidad en estos “tiempos de penuria”, y, ya que somos palabra, una advertencia sobre el destino de la palabra. La Poesía, que anida en el corazón del lenguaje, es decir, en el corazón humano, en el corazón de Lucila, es “una permanente interrogación sobre la existencia, una exploración del mundo y el intento obstinado de comprenderlo, una manera de reflexionar desde la acción”. Experiencia de escritura viva, de lectura viva, nos da y nos reclama la autora. Por lo tanto, experiencia de vida. Y como nada mejor que predicar con el ejemplo, confluyen en Févola el íntegro ser humano y la artista proteica, UNIFICANDO vida y obra.

“Modus vivendi”, libro integrador por excelencia, —El mundo, el texto, dice un verso de “A libro abierto”— tal vez el mejor poemario de su obra, confirma, como lo quería Horacio en su Ars poetica, la Unidad en el arte. Si una palabra bastara para definirlo, sería: UNIDAD. Unidad como experimentación y como experiencia, tanto en el fundamento y el fondo como en la originalidad de las formas, enlazando todo el poemario como una gran red o bien como un tapiz que “Luz-hila” teje y desteje en la oscilante paradoja de trama y urdimbre.
Desde el arte de tapa —representado por el acrílico “Antares” (nombre de una estrella de la constelación de Escorpión) de la pintora y poeta Hilda Mans— la plástica se UNE a lo literario.
También el vuelo lírico se UNE, al re-unirlas, a diversas disciplinas: filosofía, metafísica, teología, lógica, historia y doctrinas o filosofías orientales.
Y aun más. En versos de su poemario anterior “¡Ah, de la Casa!”, la autora se plantea como propósito el siguiente esquema: contar / teatralizar / poetizar // intercalar / Mirada de Reunir. En “Modus Vivendi” lo lleva a la práctica en su máxima expresión: drama, ensayo, novela, cuento, sermón, oración, se recrean al ser poetizados. Y aquella expresión de deseo se concreta, dando UNIDAD a los géneros literarios y creando otros.

Son varios los asuntos que investiga y profundiza la autora, entre ellos:
• El tiempo, como un presente perpetuo: lo sucesivo simultáneo para ahondar, dice.
• Y la realidad en su apertura más radical. Nunca te duermas de este lado del lenguaje / Nunca te duermas de este lado del mundo, pide la poeta en “Bordes”. ¿Vas a pensar solamente en lo pensable / y desde allí afirmar / y desde allí negar? pregunta su “costado luminoso”.
“Si las puertas de la percepción estuvieran limpias, cada cosa aparecería al hombre como es, infinita”, nos sigue diciendo Blake. Porque la ultimidad radical alude a la comprensión del ser último de las cosas, sin que por ello tal ultimidad esté “más allá de ellas, ni tampoco sea una construcción hipotética carente de raigambre real”. Según Paz “el testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este mundo, el mundo otro que es este mundo.”

Creo que el poema “ESTADOS DE CONCIENCIA” es el nudo del libro y la llave que nos abre al análisis de las dos vertientes que son una constante en toda la obra de Févola: la complementariedad de los opuestos y la búsqueda de la palabra original.
El núcleo del poema nos da este esquema fundamental:
Vibración
Presencia / Ausencia
Vida / Muerte
Universo . . . . . . . . .
Palabra / Silencio
Ahora / Nunca
Siempre

Vibración - Siempre. En la famosa carta dirigida a su traductor polaco, Rilke dice: “la afirmación de la vida y de la muerte, no hacen más que una. (...) La verdadera cara de la vida se extiende sobre los dos dominios, la sangre de la circulación pasa por los dos: no hay Más acá, ni Más allá, sólo la gran Unidad.”
Precisamente en su libro dedicado al poeta praguense, explica Mandrioni: “todas las oscilaciones antitéticas que entretejen constitutivamente nuestro existir se fundan en esta oscilación [metafísica] básica: el ser y el no ser”. Encendido-apagado, memoria-olvido, inhala-exhala, creado-increado, —como enumera Févola— “son posibilidades que oscilan siempre sobre el mismo eje, la identidad del mismo sujeto portador de ambas cualidades opuestas. Pero, — interroga Mandrioni— ¿cuál es la naturaleza de este vibrar fundamental, del par metafísico por excelencia? —y responde—: No se trata de la absorción de uno de los términos de la antítesis en el otro, ni de una imprescindible opción entre uno de ellos (opción que sostenía Kierkegaard), ni de la reconciliación de los dos en un tercero (a la manera del procedimiento dialéctico hegeliano). “El reino total respira por ambas bocas: la de la vida y la de la muerte”, afirmaba Rilke y lo sostiene Févola. Presencia-ausencia, ahora-nunca forman la totalidad del existir. Vibración - Siempre. “La palabra poética por la admisión simultánea reconcilia ambas dimensiones de la existencia, “por eso, a la tensión ontológica del ser y no ser, corresponden en el plano de la poética (...) la unión de la voz que celebra y de la voz que se lamenta”, componiendo la figura total. Ambas se UNEN en la voz de este poemario.
“Tanta lucha para aprender cuando lo único que hay que hacer es recordar” dice un proverbio antiguo desde el mencionado poema “Estados de Conciencia”. Memoria de no ser / y ser / el Uno, revela la poeta. ¡Nada menos que la hipóstasis original!
Según Raúl Gustavo Aguirre: “la poesía quiere volver a ser, como en los tiempos más remotos, un lenguaje original, una voz que surge, sola, del Silencio inicial del universo para decir ella también qué es el hombre, qué puede saber y qué debe hacer”, es decir, responder a las preguntas kantianas.
Según Heidegger la Poesía es “la fundación del ser por la palabra.”
Según los indelebles versos de Févola: Sagrada la palabra en su silencio, / puesta en nosotros como una renovada forma de fundar // Esa inmensa piedad. / Esa inmensa piedad. / Esa inmensa piedad.

En un verso de “A la Oración del pescador”, leemos: (...) palabra capaz de respirar, música de encontrar el agua, agua que es sin ser y vela.
Personalmente siento la poética de Lucila Févola —ella misma, pez en su escritura oceánica— como el poderoso océano con sus fuerzas secretas, que en el canto de cada ola —en cada texto, en cada poema, en cada verso—se crea y se re-crea, renovándose, pero cuyo canto profundo y su silencio es lo que más atrae, aquello que nos lava y nos sustenta: Agua pura. Oficio puro. Acto puro. / Agua viva .

Sabemos que Lucila se inició en el teatro y que el drama encarna en su poética. Shakespeare, Ionesco, Giraudoux, y sus personajes que exhalan tal universalidad que nos sentimos representados: ya, en su ambición, su traición o su culpa; ya, en su incomunicación o su conformismo, ya, en el bellísimo sentimiento del amor. Creo que al rescatarlos “Modus Vivendi” ubica al lector-espectador enfrente de un escenario y en escena, puesto que a la vez se representa y es representado. Experiencia de escritura viva, de lectura viva, reitero.

En “Calla y canta”, último texto del libro, emerge, a la manera del drama griego, el canto del Coro: esa especie de personaje colectivo que, en oposición al diálogo, expresa los sentimientos y los pensamientos generales, revive las reflexiones de la autora y, tal vez, vuelve (o devuelve) más puras las palabras de la tribu ¿no es así, Mallarmé?.
Como lo hicieran Góngora y otros poetas españoles, Févola emplea el “método diseminativo-recolectivo”, o bien la “autointertextualidad”. Palabras, versos, o fragmentos de los veintiún poemas del libro son trasladados al nuevo texto o pieza, en el sentido estricto de pieza teatral, pues se divide en dos actos: el primero de cinco escenas; el segundo, de dos. La suma nos da siete: “integridad”, “totalidad”. Estas voces golpean la memoria del lector al evocar lecturas anteriores y reiteran ideas y obsesiones. A ellas se UNEN las altas voces: Girri, Juarroz, Biagioni, Zolezzi y Kalil Gibran. Mediante el Coro, se logra la UNIDAD de todo el poemario completando el tejido del tapiz.

¡A escena!, llama la autora. Y yo les pregunto ¿se atreven a dar el salto? ¿a destejer y volver a tejer trama y urdimbre? Únanse a esta experiencia de escritura viva mediante una lectura viva... La pieza está por comenzar, por ser representada. Pero al caer el telón la pieza no finaliza y, en un continuo sin fin, en un eterno presente, recomenzará cuando la voz nos llame a todos ¡A escena!. Así acontece el incesante flujo de la vida.

Puro ejercicio de vivir.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Carta a una joven poeta

Carta I

Buenos Aires, 8 de abril de 2005
Querida amiga, joven poeta:

___________________Me interesan tus inquietudes y trataré de responderlas dentro de mis posibilidades, aunque me pregunte como lo hiciera el italiano Palazzeschi: Son forse un poeta?
La literatura epistolar da testimonio del pensamiento de muchos verdaderos poetas, donde, con voz auténtica, ya que se trata de una escritura confidencial, exponen claramente sus ideas. Por ejemplo, la correspondencia de Hölderlin a su amada Diotima, la que Stéphane Mallarmé escribe a sus amigos, colegas y personalidades, y la extraordinaria “Carta del Vidente” que el muchacho de la fría mirada azul, Arthur Rimbaud, envía a su profesor Paul Démeny en 1871, sentando las bases de la poesía moderna. Más cercana a nuestro tiempo, la serie de las diez Cartas que Rainer María Rilke escribe al joven poeta que lo consulta, o las que Dylan Thomas dirige a su amiga Pamela y a su editora Margarita Caetani. Por eso, amiga poeta, te sugiero que estas líneas no te detengan largamente, y acudas a los grandes nombres. Porque, sostengo, la gran aliada del escritor es la lectura.

¿Se puede definir la poesía? Rotundamente, no. Porque es imposible explicar su esencia con palabras; como no se puede explicar qué es el amor, qué es Dios. Pero hay innumerables “apreciaciones” que responden a la pregunta qué es la poesía, y hasta podría afirmar que hay tantas como poetas existen. Y escucho las altas voces: La poesía es la religión natural del hombre / la gloria de la lengua / el poder mágico que consuela de la vida / una aventura hacia lo absoluto / este temblar por nada / un lugar donde todo sucede / un llamado en la noche. La poesía es hacer pensar en lo impensable / es de todas las aguas claras la que menos se demora en los reflejos de sus puentes / un faisán que desaparece en el matorral. Es la alquimia del verbo / la única tarea espiritual / un extraño asunto personal / una evasión de la personalidad. Para otros: un modo de vivir feliz / el camino de la libertad / ¡La Luz! La Luz en una dimensión que nosotros no conocemos todavía. Alguien afirma que, como entelequia, la poesía no existe, al menos no fuera del poema.

Personalmente, me refiero a ella como ser vivo / que nos devora y crea / al mismo tiempo. Y la siento como esa misteriosa mezcla de relámpago y sudor que se manifiesta mediante el poema.
¿Por qué relámpago? Ante cierto destello la mente vibra, el cuerpo tiembla, el oído oye y el labio pronuncia lo inefable. Porque, tal vez, como bellamente lo dice Octavio Paz: los ojos hablan, las palabras miran, las miradas piensan. Tal vez, por ese desajuste de todos los sentidos del que habla Rimbaud.

Destello. Vislumbre apenas. Señal. Parpadeo de lo absoluto. “Algo”, que no es mágico ya que surge de nosotros mismos, se nos da, se nos entrega. Instantánea, en un cerrar y abrir de ojos, la voz se repliega sobre si. Atraparse atrapando estos destellos es la tarea del poeta. Y es esencial la humildad y la inocencia del niño ante el asombro, es decir, ante la palabra nueva: la que nos elige / la elegida, la recién llegada.
A esta primera etapa de inspiración —y no totalmente separadas una de otra— le sigue la del sudor, es decir, la etapa del trabajo, oficio o artesanía, o como quiera denominarse. Por lo tanto, en la creación del poema se cumplen dos momentos: el de la inspiración y el del trabajo. Creo, en este caso, que el orden de los factores, sí altera el producto.

¿Soy yo quien escribe o el poema me escribe? Ante un terreno tan inestable como lo es el de la poesía, me dejo decir. Me quito las máscaras cuando vislumbro su llegada. Me desnudo; dejo que me habite, porque sé que me posee y me fecunda. El profesor Ángel Battistessa dice: “Para Rilke... crear es, ante todo, crearse. De ahí que, para crear cabalmente algo, todo el ser del artista tenga que participar, y desde sus raíces, en el acto mismo de la creación, hacerse a él”.
La gran poeta norteamericana Emily Dickinson también ha vivido el acercamiento a la poesía como una experiencia corporal: “Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Ésta es la única manera que tengo de saberlo. ¿Hay alguna otra?”

En mi experiencia personal, no espero la llegada del verso ante un escritorio, ni me preparo como un escolar ante el pupitre. Le permito y le agradezco que me asalte en cualquier lugar o momento: en un viaje en subte, caminando por la calle y, a menudo, en la duermevela.
Sencillamente, estoy alerta. Como enseña el Kybalion: “cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos de sabiduría.” Pero reitero, no se trata de una operación mágica, a pesar de toda la magia que la rodea.

Joven poeta, recuerda que la poesía se aprehende. Por eso creo que no se aprende en colegios ni en universidades; si bien no descarto la ayuda que ofrece el taller o el contacto con colegas, especialmente en la segunda etapa de la creación.

Recuerda que el poema se hace en libertad, porque no estamos coaccionados a escribirlo. Se hace con amor, como concebir un hijo. Con dolor, como parir un hijo. El poema se hace de trozos de vida, porque “es el resto o residuo” de hechos vividos, que retornan intensamente vívidos. El momento de la creación es similar al momento de morir, porque, como acto intransferible, tenemos que enfrentarlo indiscutiblemente solos.

Constructor de torres, el poeta cuenta con un frágil material para levantarlas. Bien lo dice un poema: Apenas / la palabra. Esta palabra carenciada sirve para comunicarnos, pero no alcanza a transmitir todo aquello que nos moviliza, en especial, sentimientos, sensaciones, experiencias, recuerdos. Por eso tantas veces se repite, aun en el habla cotidiana, aquello de “me quedé sin palabras”. Dificultad que se multiplica en el decir poético.

Ningún otro título tan elocuente como Inania verba, para ese poema donde el brasileño Olavo Bilac se pregunta: ¿Quién el molde hallará para expresarlo todo? / ¿Ay! ¡quién ha de decir las ansias infinitas / Del sueño? ¿el cielo que huye a la mano que se alza? // ¿Y la ira muda? ¿el asco mudo? ¿el desespero mudo? / ¿Las palabras de fe que nunca fueron dichas? / ¡¿La confesión de amor que muere en la garganta?!

Y no olvidemos mencionar el silencio, tan vivo como la palabra. Ese silencio que habla, fulgiendo, ya en entrelíneas, ya rodeando al poema, o desde el mismo poema.

¿Por qué y para quién escribo el poema? Ante todo para mi misma. Y apunta Borges: por la dicha de decirlo. La otra parte, el lector, lo completa, y hasta lo recrea. Y el poema se transforma o se renueva, y hasta me atrevo a decir “se traduce”, bajo la mirada de cada uno de sus lectores.

Cuando el joven Franz Kappus le pide opinión a Rilke acerca de sus versos, éste le responde: “Nada es tan ineficaz como abordar una obra de arte con las palabras de la crítica: de ello siempre resultan equívocos más o menos felices.” Nadie puede aconsejar ni ayudar, sino cada poeta debe volverse sobre si mismo. Y subraya: “Una obra de arte es buena cuando ha sido creada necesariamente”. Considero que el poema es creado solamente ante una imperiosa necesidad personal. De hecho Rimbaud escribió toda su obra siendo muy joven (apenas diecinueve años) y luego abandonó la poesía para siempre, y se hizo un comerciante.

Si alguien es llamado a devenir artista —afirma Rilke— debe tomar sobre sí esa suerte y llevarla, con su pesadumbre y su grandeza, sin preguntar jamás por la recompensa que pudiera llegar de fuera. “Ser artista es: no calcular y no contar; madurar como el árbol, que no apura sus savias y que está, confiado, entre las tormentas de primavera, sin la angustia de que no puede llegar un verano más. Llega, sin embargo. Pero, solamente llega para los que tienen paciencia y viven despreocupados y tranquilos como si ante ellos se extendiera la eternidad.”
En cuanto a todo lo demás —agrega— es preciso que la vida acontezca. “La vida tiene razón en todos los casos... El arte mismo no es más que una manera de vivir.”

Poeta: espero que estas líneas se completen y enriquezcan con tu lectura, y mis modestas palabras te ayuden a transitar el camino. No olvides que esta difícil búsqueda, debes realizarla sola, absolutamente sola, y ser fiel, absolutamente fiel contigo misma.

Cuéntame desde ya como tu esperanzada lectora.
Cristina Berbari

P. D. : Transcribo un poema del galés Dylan Thomas (en la versión española de Raúl Gustavo Aguirre). Con seguridad te diga más de lo que yo he podido expresar. Se trata de un arte poética que da, en exquisita síntesis, una “imagen de la Poesía” y del trabajo del poeta.

En mi oficio o torvo arte
que ejerzo en la noche tranquila
cuando sólo rabia la luna
y los amantes yacen
con todo su dolor en sus brazos,
yo trabajo en la luz que canta
no por ambición o pan
o por la ostentación y el comercio de encantos
en los estrados de marfil
sino por la simple paga
de su más secreto corazón.

No para el orgulloso que se aísla
escribo desde la rabiosa luna
sobre estas páginas revueltas
ni para el engolado muerto
con sus ruiseñores y salmos
sino para los amantes, sus brazos
ceñidos al dolor de los siglos,
que no pagan con loas ni dinero
ni se preocupan de mi oficio o arte.

jueves, 27 de octubre de 2011

Apollinaire en el poema de Horacio Salas








“APOLLINAIRE EN PÈRE LACHAISE”

Cuánto habrá llovido desde entonces
y todo por culpa de una gripe / las mujeres
que lo amaron ya todas están muertas de muerte natural
y él por la gripe española / de cualquier forma
no hubiera llegado al fin de siglo
con sus desbordes torrenciales
y sus incendios que pueden fotografiarse por satélite
y sin embargo
los poemas se quedaron
con la venda en la frente y el uniforme azul
No conviene acumular las horas en silencio
es preciso sacar a caminar a los poemas antes
de que un golpe de aire se lleve a los poetas
caso contrario sólo queda un retrato
puras monografías / puros estudios críticos
hubiera preferido la piel / el trazo de un ombligo
las pupilas
el olor del café de la mañana
y su tibieza.

Horacio Salas
De su poemario “Dar de nuevo”, Buenos Aires, Nuevohacer, 2003, p. 31

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Apollinaire en el poema de Horacio Salas


por Cristina Berbari

París, 13 de noviembre de 1918. Cementerio de Père Lachaise.
Dos días después del armisticio, mientras en las calles celebran el fin de la Gran Guerra, es inhumado Guillaume Apollinaire. El poeta, de treinta y ocho años, ha muerto el día nueve a las 17 horas. Una más entre las víctimas de gripe española que asola a esa ciudad y al mundo. Un poema concreto, uno de sus caligramas en forma de corazón, sirve como epitafio sobre su tumba: “Mon cœur pareil à une flamme renversée”. En la cabecera se yergue —¿fálico?— un monolito donde se han grabado el nombre y las dos fechas:
Guillaume Apollinaire de Kostrowitzky. 26 –agosto- 1880. 9 –noviembre-1918.
* * *

A fines del siglo XX, el poeta argentino Horacio Salas dice: Cuánto habrá llovido desde entonces / […] las mujeres / que lo amaron ya todas están muertas de muerte natural

Maril Dubois (Mareye), hija de un cafetero, que Guillaume conoce en 1899 al pasar el verano con su medio hermano en la aldea valona de Stavelot, en Bélgica.
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Linda Molina, de diecisiete años, hermana de un compañero, a la que conoce en 1901, y se esfuerza por conquistar, sin éxito.
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Annie Playden, joven inglesa, gobernanta en lo de la Vizcondesa de Milhau, en Alemania. Entre 1901 y 1902 Guillaume es preceptor en la misma casa; se enamora de ella, que constantemente lo rechaza. Al finalizar el contrato la sigue a Londres, le propone casamiento, pero nuevamente es rechazado, aunque siguen manteniendo correspondencia por algún tiempo. Pero en 1905 Annie, para huir de Kostro ( como entonces lo llaman), se marcha a América.
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Marie Laurencin (París, 31 de octubre 1883- 8 de junio de 1956)) pintora y grabadora. Sus primeros versos los publicó con el seudónimo de Louise Lalanne. Expone por primera vez en 1907 en el Salón de los Independientes. Ese año, Picasso la presente a Apollinaire, quien escibe sobre el arte de Laurencia: "danza como Salomé entre el (arte) de Picasso, nuevo Bautista que lava las artes en un bautismo de luz, y el de Rousseau, Herodes sentimental, anciano suntuoso y pueril, a quien el amor llevó hasta los confines del intelectualismo". La joven frecuenta el Bateau-lavoir, cuna del cubismo, aunque sin someterse a ese movimiento. Esto se aprecia en las amplias composiciones en que pinta la figura de Apollinaire junto a sus amigos, con cierta moderación y una estilización de los cuerpos y rostros que será su modalidad futura. Con Apollinaire mantiene una relación tan apasionada como tumultuosa que durará hasta 1912. Ambos quedarán "retratados" por el aduanero Rousseau en "un cuadro muy verde": "La Musa inspirando al poeta" de 1909 (segunda versión).
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Louise de Coligny (nacida Genoveva-Margarita-María Luisa de Pillot de Coligny-Châtillon) a la que llama Lou. En diciembre de 1914, Guillaume se enamora de ella pero es rechazado. Al enrolarse como voluntario para la guerra se reúnen en Nimes. En enero de 1915 ella regresa a Niza, abandonándolo. Tanto insiste en verla que el 27 y 28 se encuentran por última vez en Marsella. Louise, descendiente de la noble familia de “Coligny”, había nacido el 30 de julio de 1881 y muere en 1963. Es una de las primeras aviadoras. El dibujante André Rouveyre la describe como “espiritual, desenvuelta, frívola, impetuosa, pueril, sensible, huidiza y nerviosa”. Apollinaire dice que es elegante e intrigante, “traviesa y lánguida a la vez” con sus “grandes y bellos ojos de cierva”. Le dedica Sombras de mi amor y Poemas a Lou que se publicarán en 1947 y 1955, respectivamente. Y Cartas a Lou, en 1969.
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Madeleine Pagès, joven francesa residente en Orán (Argelia) a quien Guillaume conoce en un tren el 2 de enero de 1915 en el viaje de Niza a Marsella. El epistolario de sus relaciones está aprovisionado por las fotos que Madeleine le envía al poeta. El mismo Apollinaire se convierte en fotógrafo de Madeleine en su poema Fotografía (octubre 13 de 1915), de imagen simbolista curiosamente velada. Pero la versión definitiva publicada en Caligramas en 1918, finalizado el romance, es completamente distinta en la estructura y más cubista que simbolista en su espíritu: Tu sonrisa me atrae como Me atraería una florFotografía tú eres el hongo oscuroDe la selva Que es su belleza Los blancos ahí están Claro de lunaEn un jardín pacífico Lleno de aguas vivas y de jardineros endiablados Fotografía tú eres el humo del ardorQue es su bellezaY hay en tiFotografíaLánguidos tonos Donde se oyeUna melopea Fotografía tú eres la sombra Del Sol Que es su belleza.
Apollinaire la pide en matrimonio. Pero al año siguiente, el 17 de marzo de 1916, es herido en la sien derecha por un estallido de obús. Es operado. En mayo le telegrafía a su novia que la trepanación había sido un éxito. Pero luego renuncia a su proyecto de matrimonio. Las cartas a Madeleine reunidas en Suena como el recuerdo se han de publicar recién en 1952. En 2005 aparece una edición revisada y aumentada.
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Jeanne-Yves Blanc, joven poetisa de Montpellier. En agosto de 1915 hay un intercambio de cartas entre ellos. Le dedica un poema La marraine de guerre ( a Y. B.)
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Jacqueline Kolb (1891-1967), a la que llama Ruby, es la linda pelirroja del último poema de Caligramas. El 2 de mayo de 1918 se casa con la rusa, siendo los testigos Picasso y Vollard. El poema dice:

Heme aquí ante todos un hombre de buen sentido
Que conoce la vida y de la muerte lo que un ser vivo puede conocer
Que ha experimentado los dolores y las alegrías del amor
Que supo a veces imponer sus ideas
Que conoce muchos lenguajes
Que no ha viajado poco
Que ha visto la guerra en la Artillería y en la Infantería
Herido en la cabeza trepanado bajo el cloroformo
Que perdió sus mejores amigos en la espantosa lucha
Sé de lo antiguo y de lo nuevo tanto como un solo hombre puede saber de ambos
Y sin inquietarme hoy por esta guerra
Entre nosotros y para nosotros amigos míos
Juzgo esta larga querella entre la tradición y la invención
Entre el Orden y la Aventura
Vosotros cuya boca está hecha a imagen de la de Dios
Boca que es el orden mismo
Sed indulgentes cuando nos comparéis
Con aquellos que fueron la perfección del orden
Nosotros que buscamos por todas partes la aventura [...]
Aquí llega el verano la violenta estación
Y mi juventud murió como la primavera
Oh sol es el tiempo de la Razón ardiente
Y yo espero
Para seguirla siempre la forma noble y dulce
Que toma para que a ella solamente la ame
Ella llega y me atrae como a un hierro el imán
Tiene el aspecto encantador
De una adorable pelirroja
Sus cabellos son de oro que diría
Un bello relámpago que dura
O esas llamas que se pavonean
En las rosas té que se marchita
Pero reíd reíd de mí
Hombres de todas partes sobre todo los de aquí
Porque hay tantas cosas que no me atrevo a deciros
Tantas cosas que no me dejaríais decir
Tened piedad de mí.

Y reflexiona el poeta Horacio Salas: ya todas están muertas de muerte natural /y él por la gripe española
También conocida como Epidemia de gripe de 1918, la Gran pandemia de gripe, La Pesadilla, La Gran gripe, La Cucaracha y La madre patria, fue una pandemia de inusitada gravedad, causada por un brote de Influenzavirus A del subtipo H1N1 que mató entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo en 1918 y 1919. Se cree que ha sido una de las más letales pandemias en la historia de la humanidad. Muchas de sus víctimas fueron adultos y jóvenes saludables, a diferencia de otras epidemias de gripe que afectan a niños, ancianos o personas debilitadas. La enfermedad se observó por primera vez en Fort Riley, Kansas, Estados Unidos el 11 de marzo de 1918. Un investigador asegura que la enfermedad apareció en el Condado de Haskell, Kansas en enero de 1918. Los aliados de la Primera Guerra Mundial la llamaron Gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto del mundo, ya que España se mantuvo neutral en la guerra y por tanto no censuró la información sobre la enfermedad. Los científicos han empleado muestras de tejido de víctimas congeladas para reproducir el virus para su estudio. Una de las conclusiones de la investigación fue que el virus mata a causa de una tormenta de citocinas, lo que explica su naturaleza extremadamente grave y el perfil de edad de las víctimas.
La gripe A (H1N1) surgida actualmente, es una pandemia causada por una variante del Influenzavirus A de origen porcino (subtipo H1N1), reconocido oficialmente por la Organización Mundial de la Salud como Virus H1N1/09 pandémico. Esta nueva cepa viral es conocida como gripe porcina (nombre dado inicialmente), gripe norteamericana (propuesto por la Organización Mundial de la Salud Animal) y nueva gripè (propuesto por la Unión Europea), nombres que han sido objeto de diversas controversias. El 30 de abril de 2009 la OMS decide denominarla gripe A (H1N1). A comienzos de marzo de 2009, esta gripe afectó al 60% de los residentes de La Gloria, Veracruz, México. Ciudad localizada cerca de una granja de cerdos que cría anualmente alrededor de un millón de animales. El propietario declara que no se han encontrado signos clínicos o síntomas de presencia de la gripe porcina en los animales ni en sus empleados, y que la compañía administra rutinariamente la vacuna contra el Influenzavirus a su piara, además de la realización de los análisis mensuales de rutina. El 21 de abril, los centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EEUU dan la voz de alarma a los medios acerca de dos casos aislados de una nueva gripe porcina. Se trata de dos niños residentes en los Estados Unidos (en California y en San Diego) que enferman el 28 y 30 de marzo respectivamente, no habiendo tenido ningún contacto con cerdos ni antecedentes de haber viajado a México. Algunos casos en ese país y los EEUU son identificados por la OMS como una nueva cepa del H1N1. Al mes se extiende por varios estados de México, EEUU y Canadá, para exportarse a partir de entonces, apareciendo numerosos casos en otros países de pacientes que regresan de aquellos. Se constatan unos pocos casos de contagios indirectos en España, Alemania, Corea del Sur y Reino Unido. El H1N1 ha mutado en diversos subtipos que incluyen la gripe española (extinta en la vida silvestre), la gripe porcina, la gripe aviar y la gripe bovina. La cepa mantiene su circulación después de haber sido reintroducida en la población humana en los años 1970.Cuando el virólogo estadounidense Jeffery Taubenberger compara el virus de 1918 con el actual, descubre que únicamente hubo alteraciones en sólo 25 a 30 aminoácidos de los 4.400 que componen el virus. Estos ligeros cambios pueden convertir al virus en una enfermedad transmisible de persona a persona. La Organización Mundial de la Salud ha registrado al menos 7.826 fallecimientos y más de 622.482 infectados por el virus de la gripe A/H1N1 en todo el mundo desde que activa la alerta sanitaria por riesgo de pandemia el pasado mes de abril, según anuncia este organismo internacional en su último informe publicado con datos actualizados hasta el 22 de noviembre.
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[...] y todo por culpa de una gripe, enfatiza el poema; y mediante el absurdo y el humor responde: de cualquier forma / no hubiera llegado al fin de siglo (a menos de tener una larga vida, algo así como unos ciento veinte años) y aclara: con sus desbordes torrenciales y sus incendios que pueden fotografiarse por satélite. Acá confluyen pasado y presente y esa visión cíclica del tiempo que se da permanentemente en la poesía del poeta argentino y también en el devenir del mundo.
Pero, a pesar del tiempo ¿qué es lo que ha sobrevivido? Los poemas se quedaron con la venda en la frente y el uniforme azul . La imagen del convaleciente Apollinaire siempre es asociada a su obra. Y Salas les pide a los poetas que den rienda suelta a su creación, a sus escritos, que salgan a leerlos. Lo importante son los poemas, que están vivos, siguen vivos y adquieren nuevas fuerzas aun con la muerte del poeta. De otra manera solamente quedan las fotos, los retratos, en cierto modo inánimes. O sólo estudios críticos y monografías sobre la obra, en cierta manera “cosas muertas”. Él prefiere lo vivo. Lo real. Y lo que crea otra realidad: el poema. Y tal vez, sí, preferiría algo físicamente palpable, como la piel, el trazo de un ombligo, las pupilas. Esas cosas, sí. Y aquello que impacta a los sentidos: el olor del café de la mañana. Y lo que de ese olor impacta al sentimiento y nos cobija: su tibieza. Y ante todo, vívida, la vida.
Escritas por Apollinaire, el propio Salas podría suscribir estas palabras: “En lo atinente a la puntuación, la he suprimido porque me ha parecido inútil; y lo es, sin duda, ya que el ritmo y hasta la cesura de los versos constituyen la verdadera puntuación. No veo necesidad de otra.”


Buenos Aires, noviembre de 2009
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